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La reactivación del sector manufacturero, cuyo índice PMI registra en agosto su mayor avance en cuatro años y medio, da oxígeno a la economía del bloque de la moneda única.
La evolución de la economía europea se asemeja desde hace tiempo al trazado de una montaña rusa, al compás de los sucesivos episodios de crisis, que han perfilado una trayectoria muy accidentada, con continuos altibajos e incluso periodos recesivos, como el que tuvo lugar entre el cuarto trimestre de 2022 y el primero de 2023. 2026 no está siendo una excepción. La guerra iniciada por EEUU e Israel en Irán a finales de febrero, que se enquista por momentos, ha sumido a la economía internacional en un nuevo túnel por efecto del encarecimiento de la energía y de los cuellos de botella en las cadenas de suministros, a lo que se añade la beligerancia e imprevisibilidad de las políticas económicas de la Administración Trump.
Este cóctel de factores ha impactado también en la economía de la eurozona, cuyo sector privado se resintió meses atrás de los efectos de la guerra y de la espesa incertidumbre generada, hasta el punto de que incluso se temió una leve contracción del PIB en el segundo trimestre. Sin embargo, los malos augurios no se cumplieron.
La economía de la eurozona creció finalmente un 0,4% entre abril y junio, demostrando que, tras las sucesivas crisis, el bloque ha aprendido a navegar por aguas turbulentas, y la tendencia apunta a que ese crecimiento seguirá en este tercer trimestre, aunque quizás con algo menos de intensidad.
Reactivación
Tras frenar su deterioro en junio y mostrar signos de reactivación en julio, la economía de la eurozona ha afianzado su rebote en agosto, mes en el que se está registrando "un aumento sólido y sostenido de la actividad total" que "sienta las bases para un significativo incremento del PIB de la zona euro en el tercer trimestre, de alrededor del 0,3%". Así lo señaló ayer el economista jefe de Negocios de S&P Global Market Intelligence, Chris Williamson, en el informe que avanza la evolución índice PMI Compuesto de Actividad Total de la Zona Euro en agosto y que refrenda la mejoría.
Dicho indicador se ha situado en agosto en 52,1 puntos. Aunque es solo una décima más que en julio, representa su nivel más alto en nueve meses y, lo que es más importante, constata la recuperación del sector industrial tras el bache sufrido meses atrás. Ahora, el sector manufacturero europeo experimenta "su mayor crecimiento económico en cuatro años y medio", señala el análisis de S&P Global, mientras que los servicios, que suplieron en su momento la debilidad de la industria, se han visto relegados a un segundo plano, aunque también en terreno de expansión y crecimiento. En concreto, el PMI del sector servicios se mantiene en 51,7 puntos en agosto, el mismo nivel que en julio.
Alemania sale del letargo
Mucho más significativo ha sido el avance del indicador de producción manufacturera, que ha escalado hasta los 53,4 puntos, frente a los 52,9 de julio, registrando su cota más alta en 54 meses.
El principal artífice de ese acelerón ha sido Alemania, cuyo motor industrial ha vuelto a rugir tras un largo periodo de declive, llevando su producción al ritmo de crecimiento "más rápido desde enero de 2022". Por contra, en Francia, segunda mayor economía del bloque del euro, la debilidad sigue siendo la nota dominante, con menor actividad empresarial y, en consecuencia, menos empleo.
Si los pronósticos de S&P Global se cumplen, el crecimiento del PIB en el tercer trimestre supondría una ligera desaceleración respecto al segundo (0,3% frente al 0,4%), pero constataría la resiliencia de la economía europea frente a las tensiones geopolíticas y un complejo escenario para los mercados energéticos y de exportación.
De momento, los nuevos pedidos de la industria han vuelto a crecer en agosto por primera vez en mucho tiempo, lo que está redundando en una mejora del empleo, y las presiones inflacionistas no parecen haber ido a más o, si se prefiere, se observan "nuevos indicios de atenuación de las presiones inflacionistas", según el informe de S&P. El punto flaco es que la espesa incertidumbre que cubre el horizonte no permite a las empresas encarar el futuro con demasiado optimismo. De hecho, "la confianza empresarial se atenuó y permaneció relativamente débil".
Acumulación de stock
La resistencia del sector industrial obedece en parte a la acumulación de existencias con carácter preventivo ante la prolongación del conflicto en Oriente Próximo y el persistente bloqueo del estrecho de Ormuz, que está provocando que los retrasos en las cadenas de suministro sigan siendo "alarmantemente generalizados en agosto".
Frente a la incertidumbre que generan la guerra en Irán y la tensa situación geopolítica, los expertos de S&P citan otros factores que pueden actuar como contrapesos: la creciente demanda de productos tecnológicos relacionados con la inteligencia artificial (IA) y el incremento de la demanda de equipos por las mayores inversiones en Defensa, factor que "está ayudando especialmente a Alemania a lograr ganancias de producción cada vez más impresionantes", concluyen.
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