El nombre de Frente Amplio puede servir para llegar al gobierno, pero también para convertir esos gobiernos en dubitativos o inviables. De eso saben mucho dos países como Uruguay y Chile. A Gabriel Boric le fue muy útil para conquistar el Palacio de La Moneda, pero una vez allí, las presiones de la ala más izquierdista y ortodoxa fueron por momentos insoportables. A Yamandú Orsi, actual presidente de Uruguay, las exigencias de los sectores más duros del Frente Amplio lo instalan por momentos en la parálisis.
De este modo, la idea de que las coaliciones conocidas como Frente Amplio en América Latina funcionan de modo armónico y sólido es un tanto ilusoria.«El Frente Amplio es un conglomerado de fuerzas muy dispares, el comunismo sigue siendo ortodoxo y tiene nada menos que al ministro de Trabajo», explica a EL MUNDO Julio María Sanguinetti, dos veces presidente de Uruguay.
«El socialismo sigue siendo marxista en Uruguay. Nosotros somos un museo jurásico de todas las variedades posibles de la izquierda», añade Sanguinetti.
Así y todo, el Frente Amplio uruguayo tiene una clara ventaja sobre el Frente Amplio que está por nacer en España: no está a la izquierda de lo que podría considerarse el PSOE local, sino que en cierto modo lo incluye. Es el único referente de la izquierda, el rival electoral de una coalición que incluye a los liberales del Partido Nacional, del expresidente Luis Lacalle Pou, y a los social-liberales del Partido Colorado, de Sanguinetti. No existe una izquierda a la izquierda del Frente Amplio: el Frente es «la» izquierda.
Orsi es considerado por Sanguinetti como un «hombre sensato, prudente», que gobernó el Departamento de Canelones. «Para hablar en términos españoles, se trata de nuestra principal autonomía fuera de la capital», explica Sanguinetti, que conoce a fondo la política española. «Orsi se ve entre dos cosas: la necesidad de administrar y mantener el crédito internacional del país y la efervescencia del Frente», señala Sanguinetti, poniendo el foco en el gran problema del actual gobierno uruguayo: sus permanentes dudas y falta de rumbo decidido.
El experimento político de Boric tiene, en cambio, algunas características que podrían entusiasmar a aquellos que están enterrando a Sumar y haciendo nacer un Frente Amplio en España, aunque también algunas advertencias a tomar en cuenta.
El entusiasmo puede pasar por el dato de que la coalición de izquierda más dura nucleada en torno a Boric terminó engullendo al PSOE local para llegar al gobierno.
Desde el regreso de la democracia, en el año 1990, Chile osciló entre gobiernos de centro izquierda que incluían al socialismo y la democracia cristiana bajo el nombre de «Concertación», y la derecha moderada con algunos resabios del pinochetismo. La izquierda más dura miraba sin esperanzas el Palacio de La Moneda.
El estallido social de octubre de 2019 cambió las coordenadas del sistema político chileno: hoy gobierna la derecha dura, heredera del pinochetismo, nucleada en torno a José Antonio Kast, muy afín a Santiago Abascal y Vox, y hasta marzo de este año lo hacía la izquierda de Gabriel Boric, que incluía al Partido Comunista (PC) como potente fuerza de la coalición.
En la más ortodoxa del PC, que es uno de los partidos comunistas más potentes y mejor organizados de América Latina, fue con frecuencia un gran dolor de cabeza para Boric. El joven presidente llegó al gobierno con un programa radical que luego fue moderando, para disgusto del comunismo, lo que le permitió atraer a varias figuras de la ex Concertación e instalarse como la coalición hegemónica de la izquierda.
No fue suficiente, sin embargo, para mantenerse en el gobierno. Jeannette Jara es la Yolanda Díaz chilena: ministra de Trabajo de Boric y miembro del PC, su candidatura presidencial en 2025 fue torpedeada con insistencia por su propio partido hasta perder claramente en la segunda vuelta con Kast y abrirle así las puertas del Palacio de La Moneda a la derecha más dura desde el final de la dictadura de Augusto Pinochet.