Ahmed Vahidi, comandante de la Guardia Revolucionaria.
Oriente Próximo La frustración de Trump por la falta de avances le lleva a barajar eliminar a los líderes 'duros' de Irán: el general Vahidi, señaladoLos rumores de una segunda ronda de negociaciones en Islamabad sin el vicepresidente JD Vance se contradicen con el envío de un tercer portaaviones al Golfo y los planes para asesinar al comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Más información:El auge de los generales iraníes arrincona a los líderes civiles y complica la solución negociada por la que apuesta Trump
Guillermo Ortiz Publicada 25 abril 2026 02:33h Las clavesLas claves Generado con IA
Contra todo y contra todos. Donald Trump parece ahora mismo un escorpión empeñado en pegar picotazos a todo el que se aproxime hasta que, probablemente, acabe clavándose su propio aguijón.
Su situación política es desesperada: según el promedio de encuestas que hace el estadístico Nate Silver, su aprobación ha caído por primera vez en su segundo mandato por debajo del 40%, situándose en el 38,9% con un -18,8% neto, cifras similares al final de su primer mandato tras el 6 de enero.
De seguir así, afrontaría las elecciones legislativas de noviembre como el segundo presidente más impopular de los últimos nueve mandatos. Sólo le superaría, para mal, el George W. Bush de 2006.
El auge de los generales iraníes arrincona a los líderes civiles y complica la solución negociada por la que apuesta TrumpLa inflación rampante —el petróleo Brent volvió a superar este viernes los 105 dólares por barril— se combina con una fractura en el movimiento MAGA que ha estallado por los aires.
Tucker Carlson anima públicamente a los funcionarios estadounidenses a "resistirse a las órdenes de Trump si eso evita una guerra nuclear", Megyn Kelly le acusa de "hacer luz de gas" para "salvar las apariencias" y Candace Owens pide su destitución.
Según CNN, el ecosistema mediático de derecha "se ha desintegrado en el caos".
Toda esta lucha constante se traduce en una urgencia desesperada por poner fin a la guerra de Irán para poder centrarse en la política interior, pero, para ello, Trump tiene que saber dónde está el enemigo real, y él mismo reconoce que no sabe quién manda en Irán.
Sospecha que el terrorista Ahmad Vahidi, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica, es el gran obstáculo para la paz y por eso, según la cadena CNN, "planificadores militares han desarrollado planes para apuntar a líderes militares iraníes individuales y otros obstruccionistas".
Negociaciones en Islamabad… sin JD Vance
Mientras busca la manera de eliminarlo, ha reforzado la presencia estadounidense en el Golfo con un tercer portaaviones: el USS George H.W. Bush se unió al Gerald Ford y al Abraham Lincoln, desplegando en total más de 200 aviones y unos 15.000 soldados, según el Comando Militar Central (CENTCOM, por su abreviatura en inglés).
Esta concentración naval —la mayor desde la invasión de Irak— cumple una doble función: reforzar el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz que mantiene desde el 13 de abril, y presionar al régimen con amenaza creíble de reanudación de ataques.
Según fuentes militares citadas por la CNN, el Pentágono ha estado desarrollando en los últimos días planes de contingencia para golpear las defensas iraníes del estrecho si fracasa el alto el fuego, incluyendo "apuntar a líderes militares individuales" que "socavan activamente las negociaciones".
Como decíamos, Vahidi encabeza esa lista por su empeño en bloquear sistemáticamente cualquier concesión diplomática y humillar públicamente a negociadores civiles como Abás Araqchi, ministro de Asuntos Exteriores.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Reurter.
La otra opción es el manido acuerdo, pero ¿con quién? Trump lo dejó todo en manos del aislacionista JD Vance de cara a la primera ronda de Islamabad, pero Vance no formará parte de la anunciada delegación que, según la prensa estadounidense, viajará de nuevo a la capital pakistaní.
Sí estarán, de nuevo, Steve Witkoff y Jared Kushner, garantía de mayor desconcierto y falta de perspectiva, como ya sucedió en Ginebra y en Mascate (Omán).
Según Al Majalla, fuentes paquistaníes aseguran que "los iraníes fueron capaces de establecer una buena relación con Vance, pero percibieron que tenía las manos atadas en presencia de Kushner y Witkoff”, a quienes ven como representantes de los intereses israelíes más que de los estadounidenses.
Eso parece un poco simplista: no hay que obviar que Kushner, aparte de ser el yerno de Trump, jugó un papel clave en la firma de los Acuerdos de Abraham y, más allá de su condición de judío, tiene una relación excelente con las monarquías árabes del Golfo.
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La delegación estadounidense, de confirmarse su viaje, porque cada afirmación en este conflicto tiene las patas cortísimas, podría encontrarse con Araqchi en Islamabad, donde el ministro empieza una minigira por Pakistán, Rusia y Omán en busca de aliados militares… y económicos.
Por mucho que el régimen iraní se empeñe en sacar pecho, lo cierto es que su posición comercial con el bloqueo de Ormuz es precaria, y eso puede ser motivo de insurrecciones internas en el momento menos adecuado.
Ahora bien, ¿puede Araqchi llegar a un acuerdo que luego valide la Guardia Revolucionaria? Es complicado, sobre todo viendo cómo Vahidi y sus generales han humillado sistemáticamente al ministro de Exteriores cada vez que ha intentado mostrar flexibilidad.
¿Bastaría con matar a Vahidi para acabar con el bloqueo diplomático? Es la apuesta de Trump, pero incluso analistas como Lisa Daftari, una habitual de las televisiones estadounidenses conservadoras, advierten de que "Vahidi está considerado como un radical incluso para la élite ultraconservadora del régimen".
El hecho de haber sido designado como líder de la Guardia Revolucionaria Islámica hace pensar que su posible eliminación sería cubierta por figuras igual de intransigentes.
Todo esto, mientras Trump exhibe una hiperactividad casi compulsiva en su red social, Truth. Según The Daily Beast, la noche del jueves 23 publicó 19 posts en 12 horas, incluyendo 10 en 20 minutos alrededor de la medianoche, lo que la CNN describe como "una avalancha de publicaciones frenéticas".
Funcionarios de su propia administración ya filtraron en su momento al Wall Street Journal que sus posts en redes sociales "están perjudicando los esfuerzos para hacer un trato" con Irán.
Aparte, es legítimo preguntarse si ese estado de continua hiperactividad no está afectando a su descanso y a su capacidad puramente física para gestionar una crisis de esta magnitud a punto de cumplir los 80 años.
Las fotos que circulan de él adormilado en reuniones en la Casa Blanca sugieren que no y puede ser una de las causas de tanto comportamiento errático y tanto cambio brusco de estrategia.