15ª etapa
La fuga de Fredrik Dversnes arruina el domingo a los sprintersPese a la previsible llegada masiva, el noruego del Uno-X corona su escapada en Milán, donde se neutralizan los tiempos de los 16 últimos kilómetros por las quejas de los ciclistas
Regala esta noticia Añádenos en Google Fredrik Dversnes celebra el triunfo. (AFP)Iván Benito
24/05/2026 Actualizado a las 18:32h.Milán no tiene alfombra roja para los ciclistas. Ni siquiera para los macizos, de buena planta y fuerza fascinante. El desfile del Giro de Italia ... por su centro histórico fue de todo menos eso, un desfile. Triunfaron los escapistas en una jornada completamente llana. Sorpresa. Victoria inesperada para el noruego Fredrik Dversnes. El resto fueron lamentos, quejas, decepciones y derrotas. Vingegaard mantiene la maglia rosa pero muestra su enfado por primera vez. «No eran las carreteras más seguras, hemos hablado con ellos y nos han escuchado. Les doy las gracias», mostró al final más templado.
🔻A thrilling duel between the peloton and the fugitives right down to the final metre: pure spectacle on the Milan circuit!
— Giro d'Italia (@giroditalia) May 24, 2026
🔻Un duello palpitante tra il gruppo e i fuggitivi fino all'ultimo metro: spettacolo sul circuito di Milano!
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Los jueces anunciaron primero que para la general, los tiempos se tomarían a 5 kilómetros de meta. Luego podrían dedicarse a ver Milán, como bromeaba Ganna horas antes. La medida era insuficiente, consideraron. Finalmente se neutralizaron los tiempos de la última vuelta del circuito, 16 kilómetros. Aunque Vingegaard, optó por quedarse con los sprinters y no dejarse llevar en su primer día de rosa.
Mattia Bais, Mirco Maestri (Polti Visit Malta), Martin Marcellusi (Bardiani) y Dversnes pertenecen a esa raza en peligro de extinción que son los fugados en las etapas llanas. Una estirpe esencial en un ciclismo que siempre tendrá algo de imprevisible y que ahora apunta a abolir la figura de los velocistas puros. Ellos, los Magnier, Milan, Groenewegen, fueron los mayores derrotados de la tarde. Un domingo arruinado en Milán.
Sus equipos, el Soudal, el Lidl-Trek, el Unibet Rokets, fueron incapaces de dar caza a los cuatro escapados. Les dieron dos minutos de cuerda. No querían fiarse. Pero ni aún así. La anarquía todavía tiene espacio en este deporte cada vez más gobernado por los corredores.
Milán es la capital industrial, económica y del Giro en Italia. Ninguna otra ciudad ha tenido tantas visitas de la carrera. Tantos finales como 91 en 109 ediciones. Muchas veces colofón de la prueba con una contrarreloj. Este año tocaba una exhibición por sus elegantes calles, palacios, arquitectura neoclásica en un circuito de 16 kilómetros al que hay que dar cuatro vueltas.
La reclamación de Vingegaard al coche de dirección de carrera.
— Eurosport.es (@Eurosport_ES) May 24, 2026
⚠️ Tras ello, el Jurado Técnico ha decidido detener los cronos para la clasificación general al inicio de la última vuelta del circuito final.#GirodItalia#LaCasadelCiclismopic.twitter.com/hkjHGFQ77d
Giran y giran los ciclistas como si fuera un velódromo. No hay peraltes pero tampoco una cuesta que incite al atrevimiento. Los planos del Duomo y el Castillo Sforza, mejoran la escena mientras el pelotón, inquieto, no entiende cómo no logran acercarse a los escapados. No les salen los cálculos. Son cuatro y contra todos. Y ganan los cuatro.
Mientras, los telespectadores también se hacen preguntas. ¿Los domingos no eran los días elegidos para las jornadas de montaña más vibrantes, las etapas reinas? Parece tendencia que lo hayan dejado ser. El Tour y la Vuelta tendrán una jornada de este estilo, amenazante de ser tediosa, aunque no tan plana, los días que los seguidores acostumbran a librar y más se pueden enganchar a la carrera.
En las calles es otro mundo. El circuito está abarrotado de gente y los ciclistas no encuentran sitio para hacer sus necesidades en privado. La velocidad es tan alta que a ninguno se le pasaría por la cabeza hacerlo. Ni un Vingegaard alegre de salida. «Es especial», dice sobre llevar la maglia rosa y establece un orden de prioridades. «Obviamente, la más grande es el Tour. Pero para mí la segunda es el Giro».
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Junto al Puente Coperto de Pavía, hermano del Ponte Vecchio de Florencia, Magnier le gana el sprint intermedio a Narváez y empatan en la lucha por la maglia ciclamino. La volverá a vestir el joven galo después de la jornada de descanso. Aunque parece que tendrá difícil mantenerla. Solo hay un sprint claro, el de Roma. Y después de lo de Milán... Ganó la fuga y los buzones de la organización se llenaron de quejas. «Todo el que entiende de ciclismo sabe que hoy fue un poco de broma. No sé cuál era la misión de los organizadores, querían mostrar cómo los coches y las motos influyen en la carrera. Esto fue una mierda», protestaba Teutenberg, del Lidl-Trek. Misma queja que Elmar Reinders, de los Rockets. Solo así entienden que se produjera lo que parecía imposible. La mayor exhibición de la carrera de Dversnes.
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