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La guerra de Irán ya se deja notar en el bolsillo de los malagueños

La guerra de Irán ya se deja notar en el bolsillo de los malagueños
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El precio de los combustibles, la subida de la luz y las amenazas sobre las hipotecas y la cesta de la compra disparan la incertidumbre en el consumidor

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Una gasolinera de Málaga, esta semana, con precios inquietantes. Ñito Salas La guerra de Irán ya se deja notar en el bolsillo de los malagueños

El precio de los combustibles, la subida de la luz y las amenazas sobre las hipotecas y la cesta de la compra disparan la incertidumbre en el consumidor

Matías Stuber

Viernes, 13 de marzo 2026, 00:12

El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo. El aleteo, en este caso, es más bien un bramido. Como el que emiten los F-15 y F-16 de la fuerza aérea de Israel cuando sobrevuelan Teherán. O los misiles Tomahawk que dispara el portaviones USS Gerald R. Ford de la marina de Estados Unidos, que llegó el pasado viernes a orillas del Mediterráneo oriental.

Es jueves, 12 de marzo. La guerra en Oriente Medio entra en su undécima jornada. A estas alturas, al margen de la trágica pérdida de vidas inocentes, la pregunta ya no es si va a tener un coste económico para la economía de la provincia. La duda está en saber el tamaño del agujero que va a provocar la acción bélica de Israel y Estados Unidos en el bolsillo de cada malagueño.

«Las consecuencias son imprevisibles. Lo que está claro es que van a ser más graves en la medida en la que se alargue el conflicto», detalla a este periódico Santiago Carbó, catedrático de Economía en la CUNEF. Cuando las realidades se deforman bajo la lluvia de las bombas, es la hora de los teóricos. Tampoco ellos tienen la bola de cristal, pero conocen reglas y fórmulas que pueden arrojar algo de luz. ¿Cuál es el escenario que le espera al malagueño de a pie para Carbó? «Encarecimiento de la gasolina, inflación, aumento de la cesta de la compra y algo en las hipotecas», asegura.

Macro y micro

Normalmente, los analistas del Gobierno tendrían cosas más importantes que hacer que rastrear las rutas de cada petrolero. Sin embargo, los ministros de Economía de medio mundo están vigilando cada barco que pasa por el Estrecho de Ormuz. En los últimos ocho días, el número de petroleros que ha pasado por aquí es el siguiente: cero.

¿Qué tiene que ver la estrecha vía fluvial del Golfo con Manolo Ruiz, un malagueño que se encontraba este jueves en el surtidor de la BP de la Avenida de Valle-Inclán, y que aseguraba sentirse «estafado»? Por aquí se lleva a cabo, aproximadamente, una quinta parte del comercio marítimo mundial de petróleo.

El precio del crudo, el indicador más importante de la incertidumbre geopolítica, está reaccionado en consecuencia. En los primeros días tras los ataques israelíes y estadounidenses contra Irán, los mercados se mantuvieron relativamente tranquilos. Sin embargo, desde el lunes por la mañana, esa calma se evaporó. El precio del petróleo superó el valor simbólico de los 100 dólares por barril. En ocasiones, llegó a sobrepasar los 120 dólares. Ayer bajaba hasta los 102 dólares, tras conocerse que la Agencia Internacional de la Energía va a liberar 400 millones de barriles, la mayor intervención de reservas de petróleo de la historia.

Manolo, que vive en Nueva Málaga y trabajaba como representante en una empresa que fabrica ascensores, aún sentía en su propio bolsillo los efectos de la tensa situación en el Golfo. Con la mano derecha mantiene la manguera del combustible, la mirada fija en la pantalla. 50 euros, 60 euros, los números ascienden suave pero rápidamente. 80 euros, 90 euros, luego, por fin, un clic. El depósito de su Caddy blanco está lleno. Contempla el surtidor. 107 euros por 58 litros de diésel. «Me vuelvo loco», exclama. «Dependo del coche para ir al trabajo, ese es el problema», resume.

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Benito Avilés, en su tractor, durante la recogida de la aceituna. Antonio Contreras

Visto los acontecimientos de los últimos once días en perspectiva, la economía malagueña se parece mucho a una pieza dentro de una partida de dominó que se juega a escala global. Una ficha cae y tira a la siguiente, poniendo en marcha una cascada fatídica que nadie sabe muy bien cuándo va a parar.

Con el ataque de Estados Unidos e Israel, llega el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el petróleo se encarece. Eso se traduce en un incremento de costes de producción y pone en peligro los márgenes de rentabilidad en todos los sectores de la economía. Si los agricultores venden más caro, las distribuidoras de alimentos repercutirán estos aumentos en el consumidor. Una ecuación extensible a electricistas, fontaneros o hosteleros, por nombrar solo a algunos gremios que se mueven en la telaraña de la economía malagueña.

Incertidumbre es la palabra más cotizada y pronunciada en estos momentos. Lola García es la portavoz de Facua en Málaga. Durante la conversación con este periódico, le entran varias llamadas. Todo el mundo quiere saber cuánto va a aumentar la cesta de la compra. «Aún no podemos dar datos concretos, solo sabemos que ir al supermercado se va a encarecer», vaticina. Intentar afinar en productos concretos, asegura, sería ahora mismo como disparar con un bazuka.

Hay más flancos que atacan a la economía doméstica de cada malagueño. La guerra en Oriente Medio está disparando el gas natural, algo que ya se nota en el mercado mayorista, al que acuden los proveedores de energía y las grandes empresas industriales. El precio ha pasado aquí de una media de 15 euros/MWh el día 1 de marzo a casi 120 euros/MWh. Un incremento del 700% en una semana.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) estima que la factura de la luz de marzo aumentará una media de 20 euros, «como mínimo». Cada caso, se precisa en un comunicado, va a depender del suministro contratado. Los hogares con tarifas indexadas serán los que más van a notar el encarecimiento en sus facturas. Los acogidos al PVPC también percibirán la subida, «pero de forma amortiguada con la nueva metodología en la que los precios de futuros pesan un 55% en el precio final».

El aleteo de la mariposa y el consiguiente tsunami también arrasa con la estabilidad hipotecaria. En el horizonte se atisba un conflicto largo y costoso. Las cifras macroeconómicas suelen ser material explosivo a nivel política. La inflación y las subidas de los intereses, sin embargo, las nota cada malagueño hipotecado al final de mes. La guerra ha disparado el euríbor hasta el 2,5%. Esto repercute directamente en los tipos de interés de las nuevas hipotecas a tipo fijo y, a largo plazo, en el tipo de interés variable. «En un escenario positivo, con un fin del conflicto dentro de dos o tres semanas, es muy probable que el euríbor vuelva al nivel antes de la guerra», señala Carbó. De lo contrario, la factura de la guerra también se verá reflejada en la mensualidad de la hipoteca.

Sergio García es el presidente de la Asociación de Agencias de Viajes de Andalucía (Aedav), un organización con seis décadas de historia y más de 150 oficinas asociadas. García atiende a SUR desde Marbella, donde ha coincidido con muchos compañeros del sector turístico en la presentación de la nueva conexión de la aerolínea polaca LOT, que une, a partir de ahora. Málaga con Varsovia. Ante la pregunta si es optimista, reconoce que le cuesta serlo estos días. «Hemos perdido un 30% del negocio desde que empezó esta guerra», dice. «La incertidumbre es lo peor que le puede pasar al turismo y, ahora mismo, es lo que más hay», añade.

García confía en la fuerza de la marca Costa del Sol, pero reconoce que hay factores intangibles que se escapan al control racional: «Cuando la gente tiene miedo, lo primero que elimina es viajar». Si el conflicto perdura, empezará otra temida avalancha: la de las cancelaciones. En estos momentos, García apunta ya a una evaporación instantánea del turismo procedente de Dubái o Catar, un mercado tan de nicho como valioso para Málaga por el alto poder adquisitivo de sus ciudadanos. «También está en entredicho todo el mercado asiático. Todo el que quiere ir a Japón o Tailandia, por ejemplo, ahora es casi imposible», detalla.

Incertidumbre

En todo caso, es probable que las aerolíneas repercutan el aumento del queroseno en el precio de sus billetes. Qantas Airways, por ejemplo, anunció este martes su intención de subir los precios debido al conflicto en Oriente Medio. Para colmo, los aeropuertos de Oriente Medio se han convertido en centros de transporte cruciales. Las rutas alternativas son limitadas, sobre todo desde que la ofensiva rusa en Ucrania ha dejado al país más grande del mundo inaccesible para la mayoría de las aerolíneas europeas.

Si la economía de Málaga tiene algo así como un corazón, aquí es donde late, en el turismo. Cuando este corazón empieza a fibrilar, se colapsa el organismo. García cree que es demasiado pronto para hablar de colapso, pero sí para vaticinar un año complicado para el turismo en Málaga. «Lo bueno que tenemos es que, si esto se sigue complicando, nos podemos convertir en un destino refugio», mantiene.

Con una inflación al alza y unos costes disparados, sufren también los hosteleros. Para mantener sus negocios a flote, necesitan que funcione la maquinaria del consumo. En tiempos de crisis, sin embargo, lo primero en lo que se recorta es en la visita al bar. «Estamos preocupados. Al final, esta situación no es buena para nadie. Eso, sin entrar en la tragedia de lo que está pasando en Irán. Es verdad que aquí somos muy sociables y nos gusta la calle, pero, claro, la gente cubre primero sus necesidades básicas», señala Javier Frutos, presidente de la patronal hostelera Mahos.

Volviendo a la agricultura. Si hay algo que han aprendido en Asaja, es que se puede ir a gabinete de crisis por día. El presidente de la asociación, Pedro Barato, utiliza palabras como «aberración» o «intolerable» cuando se le pregunta por cómo afecta la guerra en Irán a su sector. El aumento del coste del gasoil, hay que sumarle una subida en el precio de los fertilizantes. Los ánimos estarían en estos momentos, así se escucha en su voz, por los suelos.

Mientras tanto, el sistema teocrático en Irán parece haberse consolidado; se asemeja a la Hidra, a la que inmediatamente le crecen nuevas cabezas cuando se le corta una. Los costes de esta guerra, a la que no se le ve fin, los pagan también los malagueños.

Tucídides ya lo decía hace unos 2.500 años: «Los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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