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La imputación de Raúl Castro por asesinato alienta al exilio cubano en Miami: "Pulverizó a mi hermano con misiles aéreos"

La imputación de Raúl Castro por asesinato alienta al exilio cubano en Miami: "Pulverizó a mi hermano con misiles aéreos"
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“A quienes defienden el castrismo desde fuera yo les digo: vayan a vivir a Cuba. En seis meses serían contrarrevolucionarios totales”, afirma Luis Eligio, exiliado cubano y activista. Más información: Cuba prepara 300 drones chinos y rusos contra EEUU y Trump despliega en el Caribe a su portaaviones USS Nimitz

Exiliados cubanos en Miami. Cortesía de Luis Eligio D Omni

América La imputación de Raúl Castro por asesinato alienta al exilio cubano en Miami: "Pulverizó a mi hermano con misiles aéreos"

“A quienes defienden el castrismo desde fuera yo les digo: vayan a vivir a Cuba. En seis meses serían contrarrevolucionarios totales”, afirma Luis Eligio, exiliado cubano y activista.

Más información: Cuba prepara 300 drones chinos y rusos contra EEUU y Trump despliega en el Caribe a su portaaviones USS Nimitz

Corresponsal en EEUU Publicada 28 mayo 2026 02:45h Las claves

Las claves Generado con IA

En Miami, Cuba nunca está del todo lejos. Está en la radio que suena de fondo en los hogares. En las banderas colgadas de los balcones. En las conversaciones frente a una ventanita del café cubano.

Y en los móviles que conectan, varias veces al día, con una madre en La Habana, un hermano en Matanzas o una hija que aún espera salir de la isla.

Por eso, cuando Washington mueve ficha contra el régimen cubano, la noticia no se queda en los despachos. Aterriza en las casas, en los negocios, en las colas de inmigración y en las llamadas que cruzan el estrecho de Florida.

La nueva ofensiva de Donald Trump contra La Habana llega en uno de los momentos más frágiles para el régimen cubano en décadas. La imputación de Raúl Castro en Miami por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate ha sido el gesto más simbólico.

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Pero no el único. Washington ha endurecido el tono, ha reforzado las sanciones y ha dejado claro que ve muy lejos una salida negociada con la actual cúpula cubana.

En Miami, la comunidad exiliada lo vive como una oportunidad largamente esperada. Otros cubanos, con familia todavía en la isla, miran el momento con sentimientos encontrados: esperanza, miedo y una pregunta incómoda. Quién pagará primero el precio si la presión vuelve a subir.

La acusación contra Raúl Castro se remonta al 24 de febrero de 1996. Aquel día, aviones de combate cubanos derribaron las dos avionetas de la organización sin ánimo de lucro que buscaba balseros en el estrecho de Florida. Murieron cuatro personas. Casi treinta años después, el caso sigue siendo una de las grandes heridas de aquellos que viven forzosamente fuera de la isla.

Ana Alejandre, hermana de una de las víctimas, lo ha expresado con una imagen que todavía duele. "Fueron pulverizados por misiles aéreos. Yo me imagino a mi hermano muriendo, desmembrado en el aire".

Miriam de la Peña, madre de uno de los copilotos fallecidos, resume la espera en una frase seca. "Han sido años muy duros. Van a seguir siéndolo, porque la pérdida de un hijo es algo que no se puede reemplazar, pero se habrá hecho justicia al menos".

En Miami, la imputación de Raúl Castro no se lee solo como un expediente penal. Para una parte del exilio es una deuda pendiente. Según explica Luis Eligio D Omni, exiliado cubano, ha abierto una tregua emocional dentro de una comunidad acostumbrada a discutirlo todo.

Luis Eligio D Omni

"Está sucediendo algo nunca visto: una comunidad en su mayoría unida, los que odian a Trump y los que le aman". Pero la reacción ante lo ocurrido con Raúl Castro parece haber colocado ese debate en segundo plano.

"Nunca había sucedido que estuvieran todas las generaciones de cubanos clamando a una sola voz. El grito de aprobación de los cubanos es unánime".

"Raúl Castro es un Maduro 2.0"

Luis Eligio lleva casi 15 años en Estados Unidos. Artista multidisciplinar, viajó varias veces por el país antes de instalarse definitivamente en Miami: museos, teatros, galerías, universidades. Salió de Cuba por decisión propia, dice. Aunque en conversación con EL ESPAÑOL enseguida corrige el matiz.

"Me vine por decisión propia, pero es casi igual que decir que fue porque la situación allí era insostenible". Lo que encontró fuera cambió su vida.

"No es lo mismo tener conciencia dentro de Cuba, creer en la libertad dentro de Cuba sin salir de ella, en un sistema que te oprime y te mete dentro de una burbuja, que salir y ver la libertad. Cuando vine a EEUU y vi la libertad, decidí que mi vida tenía que estar fuera de ese país".

Ahora mira la ofensiva de Washington como algo más que una causa judicial. “Raúl Castro ahora es un Maduro 2.0. Así de sencillo”. Para Luis, la presencia de Marco Rubio al frente de la diplomacia estadounidense marca un cambio de fondo.

"Marco Rubio nos representa como cubanoamericano. Entiende muy bien el dolor de Cuba, porque es hijo de cubanos. Entiende el entramado, la manipulación y todo lo que el régimen ha hecho a nivel internacional con inteligencia, contrainteligencia, dinero y diplomacia".

Una de las protestas de Luis Eligio. Cedida

Su opinión es tajante. "El castrismo no puede continuar. No puede sobrevivir. De ninguna manera".

"Los cubanos hemos estado solos"

Regis Iglesias Ramírez lleva cinco años viviendo en Miami. Su exilio empezó mucho antes. En conversación con EL ESPAÑOL, recuerda que estuvo preso en Cuba entre 2003 y 2010, tras la Primavera Negra.

Posteriormente salió de la cárcel camino al destierro después de una negociación entre el régimen, la Iglesia Católica cubana y España. Pasó 11 años en Madrid.

En 2021 se mudó a Miami. Dice que para estar más cerca de Cuba. "Yo acepté salir de la prisión a petición de mis hijas, porque me había negado en la primera oferta que me hizo el cardenal Ortega para abandonar el país".

La discusión sobre si la presión exterior daña al cubano de a pie le parece tramposa. "La gente común ha sido afectada durante 67 años por el régimen de los Castro. El miedo es a la tiranía y a su continuidad".

Regis cree que el problema cubano no debería quedar atrapado en la figura de Trump ni en la política interna de Estados Unidos. Para él, ese marco reduce una tragedia de décadas a una batalla partidista.

"Los cubanos siempre hemos estado bastante solos. Ahora mismo todo se ve como algo de Trump y muchos ven el tema como medidas de presión que afectan al cubano de a pie. Por eso insisto en que el cubano ahora lo que quiere es libertad, venga como venga".

Lo que pide no es solo presión estadounidense. Es una campaña internacional. “Lo que esperan los cubanos es que todo el mundo libre se una en un boicot para aislar al régimen del Partido Comunista, tal como se hizo a finales de los 80 con el régimen del apartheid en Sudáfrica”.

Él lo llama 'sudafricanizar' el caso cubano. Convertirlo en una causa moral internacional. Sacarlo del marco estrecho de Trump contra La Habana.

La esperanza de los agotados

Regis dice que dentro de la isla percibe "por primera vez en mucho tiempo un momento de esperanza". Pero no habla de una esperanza alegre. Habla de aquella que nace del límite.

"Los cubanos están agotados, cansados de su propio cansancio", afirma, citando a Václav Havel. "El régimen va perdiendo definitivamente el control sobre las mentes de los cubanos y la única manera que le queda para mantenerse un día más sigue siendo la violencia y el terror".

Manifestación del exilio cubano en Miami. Cedida

Luis Eligio D Omni describe algo parecido desde sus conversaciones familiares, aunque con palabras más sombrías. Buena parte de sus seres queridos siguen en Cuba. Sus hermanos ya lograron salir. Su madre también dejó la isla hace apenas un año rumbo a Brasil. La travesía fue durísima.

“Con 80 años atravesó incluso una miniselva con el fango hasta las rodillas”, recuerda. “Doy gracias a Dios de que se haya decidido, porque con esa edad generalmente la gente no quiere. Prefiere morir en Cuba, pase lo que pase. Yo estaba convencido de que ese país la iba a matar”.

Las llamadas con quienes siguen dentro son difíciles. No solo por la pobreza. También por el peso de décadas de propaganda.

"No creen la mayor parte de las cosas que uno les dice. Debaten, discuten, como si ellos estuvieran aquí afuera, como si supieran la verdad. Y lo peor es que te debaten con argumentos del sistema".

Esa es la paradoja que describen ambos. El régimen aún conserva medios de propaganda, sabe cómo infligir miedo y reflejos de control. Pero ya no consigue ordenar del todo la realidad.

“La mayor parte del pueblo de Cuba está viviendo bajo ese fuego cruzado de mentiras y manipulación del régimen", dice Luis.

La información circula mal. Tarde. A trozos. Un vídeo que llega desde fuera. Un mensaje de WhatsApp. Una conversación entre vecinos. Suficiente, según él, para que algo empiece a moverse. "Están teniendo un despertar bien fuerte".

No nace de la épica. Nace del agotamiento. "Todos están pidiendo a gritos un cambio. Lo único que dicen es: por favor, que converse el presidente con Donald Trump, que se arreglen. Tienen mucho miedo".

Y ese miedo es físico. “Tienen miedo de morir. De morir por enfermedad, de morir por hambre, de caer en una miseria más grave de la que ya tienen. Les falta nutrición, les faltan vitaminas, les faltan proteínas”.

La frase más dura llega al describir el tono de esas llamadas. "Te hablan todo el tiempo desde una oscuridad que se parece a la de esas personas que están cercanas a la muerte, pero no tienen ni 40 años".

Volver a una patria prohibida

Para los exiliados, la cuestión cubana no termina con la caída del régimen. Termina con el derecho a volver.

Regis asegura que lleva más de una década intentando regresar a Cuba. El Gobierno se lo ha impedido. En 2020 trató de volar desde Miami a La Habana. No pudo embarcar.

“Los empleados de American Airlines me respondieron, cuando comprobaban mi pasaporte y mi pasaje, que, a pesar de estar los documentos en regla, desde Cuba les habían respondido que no me podían permitir subir a mi vuelo”.

Antes, asegura, dos ministros españoles de Exteriores —José Manuel García-Margallo y Alfonso Dastis— trataron su caso con representantes del régimen cubano en sus visitas de 2014 y 2018. Sin éxito.

Regis no habla del regreso como una nostalgia. "Lo único que tiene que pasar para concretar mi regreso a mi patria es que ese régimen mafioso reconozca mi derecho y el de todos los desterrados y exiliados a entrar libremente en nuestro propio país".

Luis Eligio durante la protesta. Cedida

Después, dice, seguiría intentando cambiar Cuba desde dentro, junto a sus compañeros del Movimiento Cristiano Liberación. Luis lo formula de una manera más existencial.

“Nosotros no tenemos patria, no tenemos nación. Todos los elementos que componen la nación andan desperdigados por el mundo. Ya han crecido varias generaciones de cubanos en España, en Europa, en África, en Estados Unidos, en América Latina”.

Para él, esa nación dispersa solo podrá recomponerse si cambia la naturaleza del poder en la isla. "Esas partes tienen que regresar".

"Pero no pueden regresar a una Cuba totalitaria, bajo el discurso de gobernantes con panzas grandes dándonos lecciones antiimperialistas e ideológicas que no sirven para que esas generaciones vuelvan y aporten al país lo que han aprendido”.

La libertad de gritar contra el poder

Luis no habla de libertad como una consigna. Habla de una experiencia concreta.

Desde 2021, asegura, ha convocado más de veinte protestas en Estados Unidos. Durante la Administración Biden, gritó contra el presidente delante de la policía porque consideraba que Washington estaba dando oxígeno al régimen cubano.

"Yo grité de todo en contra del demócrata, con la Policía frente a mí. Y no me pasó absolutamente nada".

Ahora ve a cubanos, latinoamericanos y estadounidenses manifestarse contra Trump con la misma libertad. Para él, esa es la diferencia esencial con Cuba: uno puede alzar la voz contra el poder sin miedo a represalias.

"No quiero volver a una Cuba donde no pueda alzar mi voz con libertad, donde no pueda tener mi negocio. Aquí nadie me toca la puerta para preguntarme con quién estoy negociando, qué estoy haciendo, por qué hablo así o por qué pienso asá. Eso es lo que pasa en Cuba".

Durante sus giras por Europa, recuerda, algunos grupos de izquierda intentaban boicotear sus actos. Su respuesta era siempre la misma: en Cuba ni siquiera habría podido llegar a hablar.

"A quienes defienden aquello desde fuera yo les digo: vayan a vivir a Cuba. En seis meses serían contrarrevolucionarios totales".

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La ofensiva de Trump ha dado al exilio una imagen que llevaba décadas esperando: Raúl Castro señalado por la justicia estadounidense, el castrismo bajo presión y la sensación de que la historia al fin puede cambiar.

Pero para muchos cubanos en Miami, la pregunta es más grande que Trump, que Rubio o que una imputación penal. Es si el mundo está dispuesto a dejar de mirar a Cuba como una anomalía eterna.

Si aceptará tratar al régimen como una dictadura a la que aislar. Y si, cuando llegue el final, los cubanos desperdigados por el mundo podrán volver a un país que ya no los obligue a escoger entre patria y libertad.

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