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La increíble historia del secuestro de Di Stéfano

La increíble historia del secuestro de Di Stéfano
Artículo Completo 1,371 palabras
Un libro desvela los detalles desconocidos del suceso ocurrido en Venezuela durante un viaje con el Real Madrid, cuando cayó en manos de un grupo guerrillero
La increíble historia del secuestro de Di Stéfano

Un libro desvela los detalles desconocidos del suceso ocurrido en Venezuela durante un viaje con el Real Madrid, cuando cayó en manos de un grupo guerrillero

Regala esta noticia Añádenos en Google Di Stéfano, con su secuestrador, el guerrillero venezolano Paúl Ríos.

Jorge Alacid

25/05/2026 a las 08:57h.

Martes, 27 de agosto de 1963. Las portadas de la prensa recogían con gran despliegue la noticia del día, la que más conmovería a los ... lectores. 'Di Stéfano fue puesto en libertad ayer'. Siete palabras que condensaban la magnitud de un suceso que tuvo con el alma en vilo durante tres días a toda España… sobre todo la nación futbolera. El astro argentino, figura totémica de aquel Real Madrid, había sido secuestrado durante un viaje a Venezuela por un grupo de guerrilleros del país americano, que buscaban sobre todo la notoriedad que finalmente alcanzaron gracias a la comisión de aquel delito. Un delito bastante incruento, aunque el futbolista nunca lo olvidó.

Desde su hogar en Venezuela, Hernández corrobora que, en efecto, la materia prima de su libro hace frontera entre la realidad y su envés. Puro realismo mágico americano, incluyendo los avatares que le condujeron hacia esta apasiónate historia. «Me enteré del secuestro de Di Stéfano hace unos veinte años mientras veía un partido del Real Madrid en un bar de República Dominicana», recuerda por correo. «Ese día», prosigue, «conocí a un español llamado Borja, conversamos durante todo el encuentro y cuando nos despedimos me dijo que estaba en Caracas porque era director de cine y quería precisamente una película sobre el secuestro de Alfredo Di Stéfano». «Me quedé estupefacto», confiesa. «Yo tenía veintitrés años y no sabía de quién hablaba, ni que en la década de los sesenta las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional habían capturado y retenido como rehén a una leyenda del club merengue».

Sus pesquisas prosperaron, aunque estuvieron congeladas durante un tiempo. En el año 2005 reanudó el contacto con el cineasta español, en plena fase del proceso de producción de su película. Un encuentro que detonó la escritura de la obra recién llegada a las librerías: «Borja me presentó a un sexagenario taciturno llamado Paúl del Río, alias Máximo Canales». ¿Quién era ese misterioso personaje? El propio Jimeno responde: «Era el individuo que secuestró a Di Stéfano». «Sentí un escalofrío al estrechar su mano y quedé impresionado nada más por haberlo conocido», observa.

Acababa de nacer su libro, que avanzó en tiempos del covid, cuando tuvo tiempo de ponerse al teclado, y tirar de ese hilo: cómo unos supuestos policías (en realidad, guerrilleros a la órdenes de Paúl del Río) se llevaron al futbolista del hotel caraqueño donde se alojaba, con la estratagema de que debía acudir a comisaría para testificar sobre un accidente de tráfico, cómo la operación suscitó las sospechas de una trabajadora del establecimiento, la peluquera Purita, que fue la primera en dar aviso… a su marido, el periodista Lázaro Candal, un héroe con un nombre que le hubiera hecho feliz a García Márquez. También a Vargas Llosa. Un suceso tan asombroso merecía una escritura tan atinada como la que destila su libro, enhebrada por el conocimiento personal del periodista que dio la primicia y enriquecida por el factor clave que terminó de alumbrar sus 271 páginas: cuando supo pasado el tiempo que Di Stéfano y aquel reportero volvieron a cruzar destinos años después «gracias a una serie de insólitas casualidades».

De nuevo sus palabras apuntan a la clave de arco del relato: que siendo verdad, parece mentira. «La trama y los enredos lo hacen parecer sin duda una novela», acepta el autor. «Sin embargo, el rigor histórico es suficientemente poderoso y evocador para darle de por sí un toque único al relato», opina. A su juicio, «abordar el tema como ficción no podía hacer más que restarle su verdadero encanto». A esa conclusión central añade otra consideración, que ayuda a entender el contexto en que nace ahora su libro: «Quienes eran apenas unos niños cuando sucedió el secuestro todavía lo recuerdan, pero sin mucho detalle más allá de que fue un crimen que causó gran revuelo en su época pero pocos de mis contemporáneos sabían quién era Alfredo Di Stéfano, menos que en 1963 las Fuerzas Armadas de Liberación habían secuestrado al capitán y principal estrella del Real Madrid en Caracas». «Eso me impresionó lo suficiente como para seguir indagando sobre el asunto», añade. Unas pesquisas que desembocaron en una especie de obsesión muy particular: rescatar de las sombras, «del baúl del olvido», como dice él, aquel acontecimiento. «Tenía la necesidad de volver a contar esa historia que muchos aquí en Venezuela desconocían», explica.

La frase

«Tenía la necesidad de contar esa historia que muchos desconocían»

Jimeno Hernández

Autor del libro

No solo en su país. También en España aquella noticia que mereció honores de primera página hace más de 60 años es bastante poco conocida, a pesar de que contiene elementos de extraordinaria potencia. En algo recuerda aquella suma de despropósitos otro secuestro análogo, el cometido en 1981 en la persona del futbolista Quini, entonces figura del Barcelona, una sucesión de chapuza tras chapuza desconectada sin embargo del propósito de reivindicación política que late de fondo en el caso de Di Stéfano.

Al interés propio del suceso se añaden otras consideraciones adicionales que suben las temperatura del libro. No solo por las cicatrices que dejó en la víctima, que nunca volvió a ser la misma persona y cuyo carácter áspero, con tendencia a la misantropía, tal vez terminó de construirse durante su cautiverio.

También puede leerse la obra a través de la personalidad formidable del jefe de los secuestradores, ese Paúl del Río que se acabó convirtiendo en un reputado artista en su país y vivió en primera persona el auge (y caída) de la guerrilla que encabezaba. Entre la Venezuela futura, la gobernada por Hugo Chávez, y la actual transpira otras vetas muy interesantes. El relato de los tiempos lejanos de aquel Real Madrid de las seis Copas de Europa, entonces en la cumbre de su esplendor. La insólita trama que envolvió no solo al futbolista y sus secuestradores, sino a directivos del club español, embajadores, ministros y hasta los máximos mandatarios de Venezuela y España de entonces: un tal Rómulo Betancourt y un tal Francisco Franco, nada menos.

La piedra angular del relato

Pero con seguridad la piedra angular de su relato se aloja en los márgenes: como uno de esos secundarios del cine clásico que se acaban comiendo al protagonista, el periodista Lázaro Candal acaba ocupando toda la pantalla: corresponsal del diario Marca en Venezuela, Candal era un inmigrante gallego que huyó de los estragos de la Guerra Civil y la dictadura en España, que acabó alcanzando en su país de adopción una relevante notoriedad como narrador de distintos mundiales de fútbol para la prensa venezolana. Hay un momento de sus andanzas por las páginas de libro en que llega a eclipsar a Di Stéfano e incluso al otro fascinante personaje que retrata Jimeno Hernández, Paúl del Río. El guerrillero cuyas horas finales otorgan un evocador final al libro, tan conmovedor como ese último párrafo. El que recoge el adiós de Candal, fallecido a los 91 años. Era un 23 de agosto: sesenta años después del secuestro que cambió su vida. Y la vida de Di Stéfano.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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