- JOHN PAUL RATHBONE / HENRY FOY
Ankara quiere transformar su potencial militar en beneficios políticos y económicos en la UE, pero la fragilidad democrática y económica de Turquía limitan una integración en la Defensa continental.
Quizá fue sólo un lapsus. A principios de este año, Ursula von der Leyen advirtió de que Europa corría el riesgo de caer bajo la influencia de Rusia, China y Turquía. Esto, señaló, nos haría la vida "complicada".
Fue un error garrafal. La presidenta de la Comisión Europea acababa de comparar a un aliado clave de la OTAN y antiguo candidato a la adhesión a la UE con dos de los mayores rivales de Europa. Unos días después, tras el torpe intento de retractarse, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan replicó que "Europa necesita a Turquía más de lo que Turquía necesita a Europa".
El creciente autoritarismo de Erdogan ha convertido Turquía en un aliado difícil e impredecible desde hace tiempo. El conflicto en Ucrania y en Oriente Próximo, junto con la preocupación de que Estados Unidos pueda retirar su protección a Europa, obligan a una profunda reevaluación. Turquía ya no es vista simplemente como un aliado europeo incómodo; también es un socio estratégico crucial.
En la sede de la OTAN en Bruselas se considera a Turquía como un "socio indispensable", solo superado por Estados Unidos, un pilar fundamental en el flanco sureste de la alianza y una importante potencia naval en el Mar Negro. Su industria de defensa cuenta además con la envergadura y la experiencia necesarias para la producción en masa de armamento, como drones y misiles guiados que los miembros europeos de la OTAN necesitan con urgencia.
Ankara busca ahora aprovechar su creciente influencia geopolítica para estrechar lazos con la UE, desempeñar un papel formal en el incipiente orden de seguridad europeo y cerrar acuerdos de armamento con su floreciente industria de Defensa. Aunque los ejércitos europeos necesitan proyectiles, drones y poderío terrestre turcos, Erdogan aspira a un mayor acceso a la UE, a contratos de Defensa y, fundamentalmente, a la tecnología y la financiación que implican.
Muchos líderes europeos creen que sus deseos deberían cumplirse, sobre todo ahora que el presidente estadounidense Donald Trump está reduciendo las tropas y el equipo militar en Europa. Más de la mitad de los 10.000 millones de dólares en exportaciones de defensa de Turquía se destinaron a países de la OTAN el año pasado.
"Debemos aceptar que Turquía necesita estar lo más cerca posible de nosotros desde una perspectiva de seguridad. Si queremos demostrar nuestro poder en el mundo, debemos empezar a pensar en grande", declaró el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, en junio.
"Pensar en grande" y un sustancial aumento del gasto marcarán gran parte de la cumbre de la OTAN que se celebrará en Ankara el 7 de julio. Su principal objetivo será que Europa intente mantener el compromiso de Trump con la alianza militar de 32 miembros. Paralelamente, según analistas y funcionarios, se abordará la cuestión de hasta qué punto Turquía y su defensa pueden integrarse en Europa a medida que Estados Unidos se distancia.
El mero hecho de que la cumbre se celebre en Turquía demuestra cuánto han cambiado las cosas. Hace una década, Erdogan invitó a la OTAN a celebrar su reunión de 2018 en Estambul, una propuesta que se daba por sentada que sería aceptada. Pero esos planes fueron bloqueados por una docena de aliados europeos, debido a la preocupación por el retroceso democrático en Turquía.
Una semana después, Erdogan inició una purga generalizada de funcionarios y figuras de la oposición tras un intento de golpe de Estado. Y meses más tarde, Turquía entabló conversaciones con Rusia para la compra del sistema de Defensa aérea S-400.
Según un diplomático de la OTAN presente en las conversaciones, "muchos países europeos evitaron la pesadilla de tener que cancelar la cumbre a Erdogan tras habérsela prometido".
El presidente turco, de 72 años y con una fuerte personalidad, al final se ha salido con la suya. La próxima cumbre se celebrará en la imponente residencia presidencial de Begtepe, con sus 1.150 habitaciones. Habrá promesas de mayor gasto en defensa por parte de los países europeos de la OTAN, algo que Trump desea escuchar, y cuantiosos contratos para armamento turco, que Erdogan quiere firmar.
Selçuk Bayraktar, yerno de Erdogan, preside la empresa de Defensa Baykar, que se ha asociado con la empresa italiana Leonardo.Ilya U. TopperEXPANSIONA juzgar por los recientes acontecimientos, cualquier preocupación sobre la precaria situación económica y democrática de Turquía será ignorada por completo.
En mayo, un tribunal de Ankara destituyó a Özgür Özel, líder del principal partido de la oposición. Se trata de un ejemplo más de la ofensiva judicial que sufren los principales rivales políticos de Erdogan, que se intensificó el año pasado con el arresto del alcalde de Estambul y candidato presidencial, Ekrem Imamoglu. En aquel momento, los líderes estadounidenses y europeos guardaron silencio.
Aun así, existe un límite a la capacidad de Turquía para impulsar su defensa de una mayor integración en materia de seguridad y la legitimidad internacional que ello conlleva.
Muchos de los aliados europeos de Turquía albergan preocupaciones sobre el Gobierno de Ankara y su compatibilidad con los principios de democracia, libertad individual y Estado de derecho. Esto no se debe a una mera preocupación por las formalidades democráticas, según diplomáticos y analistas, sino a un pragmático interés propio.
"La democracia y la estabilidad geoestratégica van de la mano" afirma Seren Selvin Korkmaz, codirectora del Instituto IstanPol: "Las instituciones democráticas dan forma a la credibilidad de la fortaleza estratégica de Turquía. Proporcionan la infraestructura institucional que permite que los acuerdos internacionales perduren más allá de los líderes individuales".
Revolución industrial
A 200 kilómetros de Ankara se encuentra una de las razones por las que el complejo militar-industrial turco ha llegado a ser tan valorado. Arca Savunma, que produce munición para armas pequeñas, proyectiles de mortero y artillería, podría ser también la mayor empresa de defensa turca de la que nadie ha oído hablar.
Fundada hace seis años por Ismail Terlemez, un exfuncionario de la OTAN, Arca ha experimentado un ascenso meteórico. Con excelentes conexiones políticas, la empresa se convirtió el año pasado en el mayor exportador de defensa de Turquía, según Anadolu, el medio de comunicación estatal. Entre sus contratos más importantes recientes se encuentran una serie de acuerdos multimillonarios con Eslovaquia, Bulgaria y Estonia.
El año pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos retiró los cargos contra Terlemez por haber recibido beneficios por valor de más de 115.000 euros vinculados a una serie de contratos de adquisición de explosivos durante su etapa en la OTAN.
Arca es un ejemplo emblemático de lo que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha denominado "la revolución industrial de la defensa" de Turquía.
Las empresas de defensa turcas son dinámicas y responden con rapidez a la demanda del mercado. El gobierno valora este sector como un pilar de la identidad nacional.
En Ankara, en cualquier día, enormes vallas publicitarias muestran vídeos de misiles, aviones surcando el cielo y artillería, a menudo seguidos de una foto de Erdogan con gafas de aviador y el lema Una Turquía que infunde confianza a sus amigos y temor a sus enemigos.
La industria también demuestra cómo un país puede alcanzar un alto grado de autosuficiencia en armamento estándar de la OTAN.
El gasto del fondo alcanzó su punto máximo en 2018, llegando a casi medio punto porcentual del PIB, según estimaciones de los analistas, lo que equivale a unos 3.000 millones de dólares.
"Estamos cosechando los frutos de nuestra anterior campaña de defensa", afirma un alto funcionario, que prevé que las exportaciones de defensa este año podrían aumentar alrededor de un 30%, hasta alcanzar los 13.000 millones de dólares. "Europa tiene mucho que aprender de nosotros", añade el funcionario con una sonrisa.
Hoy Europa está inmersa en una campaña similar para reconstruir su industria de defensa y asegurar sus cadenas de suministro. Funcionarios turcos afirman que más del 80% de los insumos de defensa de Turquía, en términos de valor, proceden del mercado nacional.
Pero el arsenal turco por sí solo no convierte al país en un aliado incondicional, y su industria de Defensa se enfrenta a varios obstáculos que reflejan las reservas más amplias que muchos de sus aliados de la OTAN tienen sobre el país.
El primer problema, y también el más simbólico, es la exclusión del mercado. Como miembro no perteneciente a la UE de la OTAN europea, Ankara ha sido excluida del programa de préstamos para la compra de armas de 150.000 millones de euros de Bruselas, financiado con cargo al presupuesto común de la UE y diseñado para impulsar la producción de defensa, la innovación y la cooperación transfronteriza.
Turquía ha sorteado este problema evitando por completo a Bruselas y forjando acuerdos bilaterales.
A finales del año pasado, Turquía también vendió 30 aviones de entrenamiento a la Fuerza Aérea Española, que se coproducirán con Airbus en un acuerdo de 2.600 millones de euros. Los analistas afirman que este modelo de producción conjunta podría repetirse con otras plataformas de Defensa turcas que integren armamento europeo.
Este tipo de empresas conjuntas están en sintonía con el espíritu transaccional de la época. Pero el hecho de que no forme parte de un acuerdo europeo general sobre el papel de Turquía en materia de seguridad limita su alcance.
Un segundo problema es financiero. Si bien el sector de defensa de Turquía está en auge, la economía sufre una inflación del 33%, un aumento de los costes y una apreciación del tipo de cambio que ha mermado la competitividad de otros fabricantes.
Además, Turquía opera en un país en el que la preocupación por el Estado de derecho ha disuadido la inversión extranjera en otros sectores. World Justice Project sitúa a Turquía en el puesto 118 de 143 países en su Índice de Estado de Derecho de 2025, un puesto por encima de Rusia.
Desconfianza
Un tercer problema es la fiabilidad. Ankara suele ensalzar su industria de defensa para proyectar determinación nacional y la capacidad del país para resistir la presión externa. Pero este tipo de autobombo también puede ser contraproducente.
El año pasado, muchos turcos se sorprendieron cuando el ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, admitió que la joya de la corona de la industria de defensa turca, el caza KAAN de quinta generación, dependía de motores de fabricación extranjera. Este mismo año se hicieron promesas exageradas similares al presentar el misil balístico prototipo Yldrmhan, al que se le atribuyó un alcance declarado de 6.000 kilómetros. Esta afirmación resulta poco creíble, ya que esa cifra es diez veces superior a la del misil de mayor alcance que posee actualmente Turquía.
Las relaciones de Turquía con los países de la OTAN han mejorado radicalmente desde el intento de golpe de Estado de 2016, cuando Erdogan acusó a Occidente de "apoyar a golpistas y terroristas".
Las empresas de defensa turcas se han convertido en importantes proveedores de las fuerzas armadas europeas, y el deseo de Europa de fortalecer el Corredor Medio, una ruta de transporte y energía hacia China, pasa por Turquía, lo que refuerza aún más su posición estratégica.
En cuanto a las relaciones con Moscú,Ankara sigue apoyando la devolución del territorio ocupado de Crimea a Ucrania y ha reducido la dependencia de Turquía de la energía rusa.
Por otra parte, Turquía ha revaluado sus relaciones con Occidente. Fueron baterías de defensa aérea de la OTAN las que derribaron los cuatro misiles balísticos iraníes que se dirigían hacia Turquía este año.
Las empresas de Defensa turcas, especialmente aquellas que fabrican productos más estandarizados como la artillería, necesitan la tecnología, la financiación y las alianzas occidentales que les permitan seguir siendo competitivas, sobre todo teniendo en cuenta que China es "la mayor amenaza para el sector de defensa de Turquía, sin duda alguna", afirma Ertaç Koca, jefe de cooperación internacional de la agencia de la industria de defensa turca.
Lo más importante es que Europa -incluidos los países no pertenecientes a la UE como Reino Unido- representa aproximadamente la mitad del comercio anual de bienes y servicios de Turquía, que asciende a unos 720.000 millones de euros.
Aun así, que las relaciones sean mejores no implica que sean buenas, y unos lazos de defensa más estrechos no harán inevitablemente que lo sean, lo que limita los flujos comerciales y de inversión que la economía turca necesita.
Las negociaciones de incorporación a la UE, iniciadas en 2005, se congelaron en 2018. Todos coinciden en que la unión aduanera que Turquía firmó con la UE en 1995 -antes del despegue de la economía digital- necesita actualizarse. Pero hacerlo requeriría cambios políticamente difíciles que Ankara podría no estar dispuesta a llevar a cabo, como la adhesión a políticas de contratación pública transparentes.
El dron Bayraktar TB3 de Baykar.Matthieu RondelEXPANSIONTerreno desconocido
Existe además una incertidumbre más profunda que limita la plena cooperación, derivada de lo que los críticos consideran el creciente autoritarismo de Turquía. Si el país se volviera completamente autoritaria, la principal prioridad del Gobierno sería eliminar las amenazas internas en lugar de afrontar las externas comunes.
Por ahora, ambas partes intentan encontrar su camino hacia un nuevo orden de seguridad en un mundo cada vez más peligroso, donde Estados Unidos ya no desempeña el papel preponderante en la seguridad europea que tuvo en el pasado.
"Por eso, este legado de desconfianza mutua cobra más importancia que nunca", afirma Sinan Ülgen, director del think tank EDAM, con sede en Estambul.
"La pregunta para Europa es: "Cuando llegue el momento decisivo, ¿se alineará Turquía con la UE o se mantendrá al margen?". La pregunta para Turquía es: "¿Conducirá [este impasse] a una OTAN disfuncional y a una arquitectura de Defensa de la UE que la excluya?".
"En el peor de los casos, esto podría materializar todo lo que antes se temía: una Europa más débil y una Turquía obligada a valerse por sí misma", añade Ülgen. "Sería un terreno desconocido".
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