- España amplía la brecha de precios con el euro y ahonda en su pérdida de competitividad
- Los europeos elevan sus ahorros por temor a la inflación
La reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán está disparando los precios energéticos, lo que se traduce en un repunte de la inflación en la eurozona.
En concreto, los precios ha subido en julio un 2,9% en la zona euro, nueve décimas más que hace un año, mientras la inflación armonizada de España ese mismo mes ha repuntado hasta el 3,9%, frente al 2,4% de hace un año, disparándose el diferencial con nuestros socios europeos.
Esta brecha ahonda aún más en la pérdida de competitividad de la economía española, al hacer menos atractivos sus productos frente a sus competidores.
La alarma hace tiempo que empezó a sonar porque España lleva ya quince meses consecutivos registrando un crecimiento de los precios superior a la media europea, sin que el Gobierno haya movido un dedo para subsanar el problema.
La realidad es que la inflación en España es la más alta entre las grandes economías europeas y, si no se corrige, no tardará en pasar factura, penalizando el crecimiento.
En primer lugar, la escalada de los precios presionará sobre la prima de riesgo, encareciendo la financiación de deuda nueva o la refinanciación de la ya existente en aquellos países que arrastren un mayor pasivo sobre el PIB, como es el caso de España, que ha alcanzado un volumen récord de deuda pública de 1,76 billones.
Ahora empieza a ser más patente que el Gobierno no ha aprovechado la coyuntura como hubiera sido aconsejable para reducir ese nivel de endeudamiento (España sigue siendo uno de los pocos países de la Unión Europea en el que la ratio deuda pública sobre PIB sigue por encima del 100%) y esto coloca a este país en una situación de mayor vulnerabilidad si se endurecen las condiciones en los mercados.
Y es muy posible que así sea. De momento, el repunte de la inflación va a obligar en las próximas semanas al Banco Central Europeo (BCE) a reforzar la vigilancia y mover ficha.
Con los precios muy por encima del objetivo fijado por Europa del 2% y los precios energéticos presionando al alza caben esperar nuevas subidas de tipos por parte de la autoridad monetaria este mismo otoño, con el fin de frenar los efectos de una segunda ronda de inflación por la vía de los salarios.
La única esperanza para España es que el BCE sea prudente a la hora de endurecer la política monetaria para no perjudicar aún más el ya raquítico crecimiento de otros países importantes de la Unión Europea como Alemania o Francia.
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