Lo del equipo francés «sin franceses» no tiene un pase, es el inconsciente que delata la parálisis para asumir la vida
Regala esta noticia Añádenos en Google El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, es recibido por el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron a su llegada hoy a París para asistir a la Cumbre del Clima de 2017. (EFE) 24/07/2026 a las 00:01h.Insisto en lo de las temperaturas ambientales, pero es que el calor reblandece las meninges, te sume en un estado de tontera sin culpa y ... quizás haya sido eso lo que nos haya incapacitado para interpretar la ironía que, por lo visto, tiene el expresidente Rajoy cuando escribe sus columnas. De columnista a columnista, diré que la ironía es una técnica retórica que ya empleaba Sócrates y que consiste en fingir ignorancia para inducir al adversario a expresar sus propias ideas. Por ello, hay que ser diestro, preciso y valiente cuando se emplea.
Personalmente concedo el perdón a las expresiones que arrastramos algunas generaciones que 'trabajamos como un negro', 'engañamos como a un chino' o aquel 'es más puta que las gallinas', pero la columna no tiene arreglo. Los que nacimos en el siglo pasado tenemos la obligación de renovar el lenguaje y sus golosas acepciones como hacemos con la cocina o los baños.
El calor, del que no puedo dejar de hablar, me ha mantenido al corriente del Mundial de fútbol, conviviendo con un argentino hay cosas inevitables. La solidaridad matrimonial me ha ayudado a percibir lo que al expresidente se le ha escapado; en esas conexiones televisivas con las atiborradas plazas del país ante pantallas gigantes, los más fervientes hinchas, los que decían que íbamos a ganar y que España era la mejor y saltaban diciendo el 'soy español', esos españoles tenían distintos colores de piel, rasgos de varias razas y acentos que no se acunan en el Estado.
Sonreí pensando en Rajoy y en que probablemente sepa que ha tenido un incómodo desliz, y que tampoco es para exportar la vergüenza, pero tendría que reconocer que está en Las Batuecas y no se ha dado cuenta de que el mundo se mueve más que el cruce de Shibuya en Tokio, donde cerca de 3.000 personas lo atraviesan simultáneamente cuando el semáforo está en verde. Y el semáforo del planeta se ha puesto en verde, no solo porque este calor va en serio y hay que hacerse mirar nuestra petulante inconsciencia, sino para desintegrar los patriotismos arcaicos, las miradas al ombligo y la pertenencia exigida.
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