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Internacional

La izquierdaante el abismo

La izquierdaante el abismo
Artículo Completo 652 palabras
La historia enseña que la división interna puede ser más letal que el adversario

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Grabiel Rufián en el Congreso de los Diputados. EP

Alberto Surio

San Sebastián

Domingo, 15 de febrero 2026, 00:05

... bloque PP-Vox la arrolle en las urnas y se instale en el poder durante una larga temporada condiciona cada gesto. La hipótesis de un ciclo conservador prolongado ya no es un recurso para movilizar al votante propio; es una posibilidad real.

En este clima, la izquierda alternativa vuelve a tropezar con su viejo enemigo íntimo: el sectarismo. La pulsión por diferenciarse, por marcar perfil, por preservar purezas doctrinales en lugar de construir mayorías imperfectas. Es un vicio histórico. Y es letal cuando el electorado progresista está desmovilizado y fatigado. Gramsci escribió que «la crisis consiste precisamente en que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer». En ese interregno -advertía-surgen los monstruos. Quizá el problema de la izquierda española sea que sigue discutiendo quién administra el parto mientras el monstruo ya ha salido de la incubadora.

Sumar, los Comunes, Más Madrid e Izquierda Unida tratan de articular un polo necesario. La intuición es correcta: fragmentados no hay futuro. Pero el voluntarismo no altera por sí solo las correlaciones de fuerza. Se percibe el motor de IU y del PCE como uno de los pocos activos sólidos. Tal vez por eso la primera está llamada a ejercer de bisagra, de pegamento y, si es necesario, de amortiguador. El gran error fue la exclusión de Podemos en el proceso de Magariños. Aquello dejó heridas que no cicatrizaron. Pero tampoco puede ignorarse que la estrategia posterior de los morados, con bandazos tácticos y un radicalismo que facilita la caricatura de la derecha, ha añadido combustible al incendio. El núcleo dirigente -Irene Montero, Ione Belarra y la sombra omnipresente de Pablo Iglesias- parece más preocupado por pilotar el proceso que por ensancharlo.

Conviene recordar, salvando las evidentes distancias, que la Segunda República no sucumbió únicamente por la potencia militar del franquismo. La desunión del campo republicano, las luchas intestinas, la incapacidad para priorizar la supervivencia del régimen sobre la hegemonía interna, debilitaron un proyecto ya acosado. La historia no se repite mecánicamente, pero ofrece advertencias.

Yolanda Díaz tendrá que decidir si quiere ser líder de una suma inestable o arquitecta de un espacio duradero. En paralelo, Gabriel Rufián agita la idea de una entente plurinacional que, de momento, no cuenta con el respaldo explícito de ERC ni de EH Bildu. Puede parecer un gesto táctico, pero introduce un debate ineludible: la izquierda española no puede limitarse a ser una agregación de marcas territoriales sin un relato común de país. La plurinacionalidad no es un eslogan; es una arquitectura política pendiente.

La cuestión de fondo es más incómoda: la izquierda transformadora no puede aspirar a gobernar si antes no reconstruye una mayoría cultural. Y eso exige disciplina estratégica, generosidad y renuncia a la política de trinchera interna. La alternativa no es la pureza; es la irrelevancia. A buen entendedor, pocas palabras bastan. La niebla no es excusa. El adversario no espera. Y la historia, cuando se subestima, acostumbra a pasar factura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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