Los tres días de luto decretados por el Gobierno tras el accidente de tren que se cobró 45 vidas se han alargado más en la Legión. Este sábado, la comandancia de Ceuta amanecía con crespones negros y una pena general, pues esta mañana han despedido con honores al capitán García Jiménez, el enfermero militar de 32 años que fue la última víctima del Alvia.
El viernes, el féretro del joven militar llegó a su Ceuta natal escoltado por sus padres y sus compañeros, que desde el día del accidente se turnaron para estar con la familia hasta que apareció el cuerpo. El ataúd fue cubierto por la bandera de España y compañeros de la Legión montaron guardia de tres en tres en la capilla ardiente para que nunca estuviera solo el féretro. Dos coronas, una de la ministra de Defensa, Margarita Robles; y otra de la Comandancia General de Ceuta, flanqueaban el ataúd.
Esta mañana sus propios compañeros han trasladado el féretro hasta la capilla, a los pies de una talla de Jesús crucificado, donde se han realizado las honras fúnebres, presididas por el el teniente general jefe del Mando de Canarias, Julio Salom.
Al entrar el féretro portado por compañeros se ha tocado marcha fúnebre escoltados por la escuadra de gastadores. La Bandera del Tercio, sus guiones y banderines, y una unidad de honores, con crespones negros, se han presentado ante el féretro y han sonado los acordes del himno de España.
Se ha rendido homenaje a los que dieron su vida por España en el último adiós del capitán García se celebró una misa y entonaron con emoción y lamento los versos del Novio de la muerte, el himno del tercio II Duque de Alba. Después del toque de oración, entregaron la bandera del féretro a la familia y se trasladó al capitán hacia el coche fúnebre para el entierro.
Todo con unos padres desconsolados y la ausencia de una gran amiga del capitán: la comandante, también enfermera militar, que viajaba con él en el tren. Volvían juntos de un viaje a Costa Rica y ella se incorporaba a su plaza en Viator, Almería. Ella sobrevivió y lucha por recuperarse en la UCI del hospital Reina Sofía de Córdoba, donde ha tenido varias complicaciones.
Álvaro, "la alegría hecha persona" nació en Ceuta hace 32 años y desde hoy descansará en la ciudad que no abandonó nunca. Como recordaban sus compañeros en este diario, «Ceuta, muchas veces, es un primer destino donde permaneces tres o cuatro años, después te vas a la Península, pero como él es de allí, permanece y tiene contacto con muchos que van y vienen», describe un amigo cercano, que cuenta que eran compañeros de cuartel, pero también «de muchísimos planes fuera del trabajo».
«Era enfermero por vocación, lo mismo que militar, que ingresó porque en Ceuta el contacto de la ciudadanía con las Fuerzas Armadas es diario», explicaban. Hasta noviembre, Álvaro estuvo de misión en Irak, donde formó parte del Elemento de Apoyo Nacional (NSE) del contingente español. En esta misión, en la que se trata de fortalecer a las fuerzas de seguridad iraquíes y las instituciones de enseñanza militar mediante la capacitación y el asesoramiento, Álvaro demostró una vez más su vocación: «Es el auténtico enfermero militar, no de estar en el botiquín sino de salir al campo, se iba donde hacía falta, y visitarle en el botiquín era un gusto porque siempre tenía buena actitud, era algo totalmente extraordinario», describían.