Una de las preguntas que más se repite en esta época estival tiene que ver con nuestro destino de vacaciones. Si nos vamos a la playa, si nos vamos a algún país exótico con experiencias inolvidables. Es decir, cuándo y cómo vamos a huir de ... nuestra cotidianidad. Cada vez que me hacen esta pregunta pienso en mi lista de verano, en esos deseos que voy albergando para las próximas semanas, y en cómo en la de este año no está el deseo explícito de viajar.
Está el de llevar una existencia silenciosa. Vivir una presencia absoluta. Cultivar una atención pulcra por lo que me rodea. No buscar desconectar, sino conectar plenamente.
También está el de tomarme en serio la alegría. Procurar no poseer el instante, ni con imágenes, ni con palabras. Habitar los espacios de quietud que proporciona la tristeza y recordar aquello de Piedad Bonnett de que las cicatrices son las costuras de la memoria.
Piedad Bonnett: «Me encuentro con gente que me dice: también perdí un hijo»
Está el deseo de leer en el bordillo de la piscina 'Principio, medio, fin' de Valeria Luiselli y en el bordillo del mar 'Land' de Maggie O'Farrell. Está controlar el ritmo de los días. No caer en la dejadez. Aceptar con entusiasmo que otros te contagien sus entusiasmos, como los cromos del mundial, el café de especialidad o la fascinación por las obras de Aurèlia Muñoz. También está prestar atención a la belleza discreta, a la elegancia cotidiana. Adoptar el gesto civilizatorio de regar las petunias cuando cae la tarde y admirar la dignidad de las señoras mayores que pasean agarradas del brazo de una amiga. No vivir en el futuro, ni en el próximo viaje ni en el próximo plan, sino vivir recostada en el aquí y ahora.
Y, sobre todo, está el deseo de no querer huir. Ni del día a día ni de mí misma. Ni hacerlo porque toca o porque no quiero volver a responder a la pregunta de «¿a dónde te vas en verano?» con «a ningún sitio». Quedarme si quiero, marcharme si así lo deseo, pero no vivir condicionada por la mirada ajena que intuimos al otro lado de lo que publicamos. Descubrir una nueva coreografía de gestos rutinarios en los espacios de siempre y encontrar en estas semanas hasta que nos volvamos a ver esos momentos que justifiquen el querer permanecer y persistir. El permitir que la vida incierta se despliegue. El desear que la vida extraordinariamente ordinaria suceda.
«Cuidado, las personas con disposición tóxica tienen cero reprocidad, absoluto victimismo y tendencia a humillar a los demás»
Si tu móvil hace fotos como en 2010, cambialo por el Pixel 9a: cámara con doble sensor y 256 GB
«En la familia numerosa salen más forjados. Han aprendido a resignarse»
Vicente Vallés, contundente tras ver que Begoña Gómez será juzgada por un jurado popular
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.