Para abordar las deficiencias, la investigación publicada en la revista Psychology of Men & Masculinities analizó las respuestas de más de 15,000 participantes del Estudio de Actitudes y Valores de Nueva Zelanda correspondiente al periodo 2018-2019, identificados como hombres heterosexuales, con edades que iban de los 18 a los 99 años. Los investigadores evaluaron la información a partir de ocho indicadores psicológicos y sociales con el fin de definir la relación de cada individuo con su entorno y con su identidad, y así cuantificar el grado de toxicidad presente en sus comportamientos.
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ArrowOcho rasgos de masculinidad tóxica
En el plano intrapersonal, los científicos analizaron la centralidad de la identidad de género, es decir, el peso que cada persona otorga a su género al construir su autoestima. También evaluaron rasgos como el narcisismo, el prejuicio sexual y la desagradabilidad, entendida como una dimensión de la personalidad que puede derivar en conductas ofensivas, hostiles o conflictivas hacia otras personas.
El análisis distinguió, además, entre dos tipos de sexismo. Por un lado, el sexismo hostil, caracterizado por actitudes abiertamente negativas y agresivas hacia las mujeres y, por otro, el sexismo benévolo, que aunque suele presentarse como una postura protectora o positiva, refuerza visiones estereotipadas y limitantes sobre el género femenino.
Finalmente, los autores evaluaron la oposición a las iniciativas de prevención de la violencia doméstica, así como la orientación a la dominación social, un constructo que describe la preferencia ideológica por jerarquías de poder y por el dominio de determinados grupos sobre otros.
Cinco perfiles de masculinidad tóxica
A través de modelos estadísticos avanzados y rigurosos, el equipo identificó cinco perfiles de masculinidad en función de su nivel de toxicidad. El grupo más numeroso, representado por el 35.4% de los participantes, fue clasificado como “Atóxico”, ya que mostró niveles bajos en los ocho indicadores analizados.
El segundo perfil, denominado “Moderado tolerante LGBT”, correspondió al 27.2% de la muestra. En esta categoría, los hombres presentaron niveles de bajos a moderados en todos los indicadores, con puntuaciones particularmente reducidas en la dimensión de prejuicio sexual. El tercer grupo, identificado como “Moderado anti-LGBT”, mostró características similares al anterior, aunque con mayores expresiones de narcisismo y prejuicio sexual.
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ArrowLos investigadores también identificaron que ciertas condiciones sociodemográficas podrían predecir la pertenencia a alguno de los perfiles descritos. Por ejemplo, los hombres de mayor edad, solteros, sin empleo, pertenecientes a una minoría étnica y con fuertes creencias religiosas mostraron una mayor probabilidad de ubicarse en el perfil “Tóxico Hostil”. Esta tendencia se repitió entre quienes reportaron altos niveles de conservadurismo político, menor estabilidad económica y niveles educativos más bajos.
En términos generales, los resultados indican que solo el 10.8% de los hombres evaluados presentó signos claros de masculinidad tóxica. “Por lo tanto, los hombres pueden ser masculinos sin ser tóxicos”, concluyen los autores.
El estudio reconoce algunas limitaciones. En primer lugar, el análisis se centró exclusivamente en hombres de una región geográfica específica, por lo que los perfiles identificados podrían no ser extrapolables a poblaciones masculinas de otros contextos culturales y sociales. Además, la investigación no evaluó la estabilidad de la pertenencia a estos perfiles a lo largo del tiempo. Los autores admiten que dicha pertenencia no es fija y puede modificarse en función de factores contextuales y experiencias de vida.
Aun así, sostienen que sus hallazgos “ilustran la diversidad de identidades masculinas y sugieren que las intervenciones destinadas a abordar las actitudes masculinas destructivas deben diseñarse de manera diferenciada, para contrarrestar las distintas formas que puede adoptar la toxicidad”.