Alí Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, en septiembre de 2025.
Oriente Próximo La muerte de Larijani decapita a los Basij, bloquea cualquier acuerdo entre Irán y EEUU y da a Israel la guerra larga que ansíaEl "hombre fuerte" del régimen fue responsable de la represión contra los opositores del pasado enero, pero era considerado un pragmático con suficiente influencia en Teherán como para llegar a acuerdos.
Más información: Jark, la isla petrolera de Irán que Trump no puede arrasar sin provocar un 'shock' en el comercio mundial
Marga Zambrana Publicada 18 marzo 2026 02:45hLas claves nuevo Generado con IA
Mientras Donald Trump pide a Europa y a China ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz y acabar pronto una guerra que se ha vuelto más cara, más imprevisible y más impopular, Benjamin Netanyahu avanza en sentido contrario. La contradicción se hizo visible este martes, cuando anunció la muerte de Alí Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Israel elimina así al máximo cargo negociador y a una de las figuras más influyentes del régimen. También han acabado con la vida de Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij. Así lo anunció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, en declaraciones a la prensa, horas antes de que llegara la confirmación de Irán.
Jerarquía de poder en la República Islámica de Irán. Juan López Cachón
La eliminación del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, actor pragmático y central en la transición tras el asesinato de Alí Jamenei el 28 de febrero, día del inicio de la guerra de EEUU e Israel contra Irán, tiene efectos sobre el expediente nuclear, las facciones del régimen y la gestión de la guerra.
Larijani era uno de los pocos hombres capaces de aunar intereses entre el aparato clerical, la Guardia Revolucionaria, la burocracia, la diplomacia y la seguridad, como subraya Ellie Geranmayeh, del ECFR (European Council on Foreign Relations). La eliminación de Larijani se interpreta así como un intento deliberado de cerrar la vía de la desescalada.
El veterano revolucionario había demostrado capacidad para construir consenso dentro del sistema iraní, para aceptar un compromiso o un alto el fuego con Estados Unidos. Por eso, dice la experta, matarlo equivale a "intentar bloquear las vías para cualquier acuerdo entre Irán y EEUU".
Geranmayeh va más lejos. A su juicio, la fase actual de la campaña israelí ya no consiste solo en degradar capacidad militar. "Esto indica que la siguiente fase de esta operación consiste básicamente en crear un colapso estatal e institucional dentro de Irán".
Si esa lectura es correcta, el objetivo de Netanyahu ya no sería únicamente desarmar a Irán o contener su programa nuclear. Pretendería rediseñar el equilibrio regional en su favor a través de una destrucción mucho más profunda del aparato estatal iraní, y favorecer un cambio de régimen que sea incapaz de desafiar a Israel en el futuro.
La idea encaja con lo que ha dicho el propio Netanyahu. A comienzos de marzo afirmó que la guerra contra Irán podría llevar "algún tiempo", aunque no años, y sostuvo que junto con EEUU estaban creando condiciones para que el pueblo iraní cambiara el gobierno.
Esa lógica, sin embargo, choca con la necesidad política inmediata de Trump. El presidente estadounidense pidió el lunes ayuda a aliados y socios, entre ellos Europa, para asegurar el estrecho de Ormuz. También presionó a China.
En respuesta, varios gobiernos europeos se negaban a una implicación militar por una guerra que califican de ilegal e iniciada unilateralmente por Trump y Netanyahu.
La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, insistía en una salida negociada. Habló incluso de explorar fórmulas diplomáticas que permitan a las partes salvar la cara y poner fin a la guerra.
Hamidreza Azizi, investigador asociado de Clingendael, lo explica con una sobriedad útil. Su argumento es que la eventual muerte de Larijani no paralizaría la estructura de decisión iraní, porque la República Islámica está diseñada para absorber pérdidas.
Su muerte vuelve al sistema "más rígido, más dominado por la lógica de seguridad y, en última instancia, menos flexible", tanto para combatir como para poner fin a la guerra, asegura este analista. Es decir, el régimen no colapsa, pero sí se reduce el número de personas capaces de cerrar el conflicto sin que parezca una capitulación.
La última aparición pública de Ali Larijani fue el pasado 13 de marzo en Teherán en el Día de Al Quds. Supreme National Security Counci / Zuma Press
Un posible interlocutor menos
Larijani ha sido una figura central de la política iraní durante décadas. Fue clave en la coordinación entre la IRGC (Guardia Revolucionaria o Pasdaran), y el liderazgo político, fundamental para la seguridad interior y la interlocución exterior.
Su desaparición no abre una transición ordenada, sino que desarticula aún más el propio Estado. Y refuerza aún más a la Guardia Revolucionaria, en manos del heredero, Mojtaba Jamenei.
El nuevo líder supremo, al que todavía no se le ha visto en público desde su nombramiento el 8 de marzo, ha rechazado propuestas de desescalada transmitidas por intermediarios.
Israel no busca una mera pausa táctica ni un alto el fuego, sino prolongar la guerra para debilitar al máximo el Estado iraní y abrir un vacío de poder en la cúpula, ha señalado Mohamad Elmasry, del Doha Institute, a Al Jazeera.
Netanyahu, sostiene, ve este conflicto como una oportunidad para afianzar la hegemonía regional de Israel. Pero Elmasry advierte del reverso de esa estrategia: si el régimen sobrevive, puede salir más endurecido, más dependiente de la coerción y con mayores incentivos para reforzar una disuasión nuclear.
"Paradójicamente, esta guerra, que supuestamente debía traer seguridad y paz desde la perspectiva estadounidense e israelí, podría en realidad convertir al mundo y a la región en un lugar más peligroso", vaticina Elmarsy.
Este analista recuerda que "también hay millones de iraníes que apoyan a este régimen y tienen un compromiso ideológico. Por eso, el cambio de régimen será muy difícil, si no imposible".
La última aparición pública de Alí Larijani, el pasado 13 de marzo en Teherán.
¿Es posible una guerra civil?
En enero, diplomáticos occidentales advertían de que un Irán fracturado podría deslizarse hacia una guerra civil al estilo de la desintegración iraquí tras 2003 o la de Siria, con unidades rivales y provincias compitiendo por territorio y recursos.
Desde el Middle East Institute de Washington, Alex Vatanka dice que esta sería la transición más incierta desde 1979, porque el sistema está sometido a una presión sin precedentes, pero no necesariamente al borde del derrumbe.
El activista opositor y analista Kaveh Nematipour señala a EL ESPAÑOL que Larijani era un símbolo del embrutecimiento propagandístico del régimen, una figura que “insultaba la inteligencia del pueblo”, y que más que morir merecía “una humillación grotesca y pública”.
Sin embargo, en los medios occidentales se sobreinterpreta la dimensión de la diáspora, por tener más acceso a sus miembros, por lo que no se puede asumir que existe una alternativa ordenada y preparada para sustituir el régimen, recuerda Karim Sadjadpour, del Carnegie.
Larijani, junto con Gholamreza Soleimani, jefe de la Basij, ejercían una cruel represión sobre su propio pueblo.
“Las Basij son responsables de la muerte de decenas de miles de iraníes manifestantes en 2026; 2022-23 (Movimiento Mujer, Vida, Libertad), 2019 (Noviembre Sangriento, protestas por precios de la gasolina), y 2009 (la Ola Verde); y en múltiples protestas de clases pobres urbanas y estudiantes en los 90”, recuerda la analista Elizabeth Tsurkov, del NewLines Institute.
Según la ONG HRANA, con sede en Washington, unos 7.000 civiles fueron asesinados por el régimen en las protestas de diciembre y enero.
"Morirán matando"
En 17 días de guerra, unos 1.300 iraníes han muerto por los ataques de EEUU e Israel, incluidas 165 niñas en la escuela de Minab, en un ataque condenado por la ONU. Otros mil han muerto en Líbano (886, por ataques de Netanyahu), en Israel, Irak y Emiratos, entre ellos 13 soldados estadounidenses.
Sin embargo, hay voces que defienden la estrategia de Israel. Muhanad Seloom, profesor en Doha, sostiene que la campaña estadounidense-israelí está funcionando porque ha degradado de forma sistemática los instrumentos de proyección de poder iraní: misiles, defensas aéreas, infraestructura nuclear, activos navales y red de proxies.
Su argumento es que los críticos están midiendo los costes inmediatos y no el balance estratégico. Esta postura coincide en parte con la narrativa israelí: es una guerra fea pero eficaz.
¿Pero el daño militar acabará con un régimen diseñado para resistir? No, según Ilan Goldenberg, exresponsable en la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado. "¿Quién impedirá que Irán se rearme después?", se pregunta.
Goldenberg asegura que el JCPOA (Plan de Acción Conjunta de 2015 entre EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China con la UE) sí logró reducir drástica y verificablemente la capacidad nuclear iraní antes de que Trump lo dinamitara en 2018.
Pero Trump también dijo en el ataque de junio de 2025 que el programa nuclear había sido eliminado. “Sin un marco político posterior a esta campaña”, advierte, la guerra puede desembocar en una guerra costosa y repetitiva sin solución.
Israel atribuye la retirada de la embajadora al interés político de Sánchez por el 'no a la guerra' y lo ve un gesto inamistosoEn esta misma línea, Danny Citrinowicz, experto en inteligencia, ha advertido de que el sistema iraní es más grande que un solo hombre y que eliminar dirigentes puede incluso endurecerlo.
Para el régimen iraní se trata de una amenaza existencial, por lo que su estrategia es morir matando. Al no poder ganar una confrontación directa seguirá buscando palancas indirectas que extiendan el conflicto en el tiempo y en el espacio, indica Ali Vaez, del Crisis Group y cercano a la narrativa de Teherán.
La eliminación de Larijani no acerca el final de la guerra, sino que lo vuelve más remoto, duro y peligroso, donde no se avistan soluciones democráticas para su población ni un alivio económico para el resto del mundo.