A la izquierda, el Papa abraza a Olga; a la derecha, firma la cruz a las jóvenes que le hicieron preguntas durante la Vigilia. EFE
Sociedad La nueva “juventud del Papa": del sacerdote que perdió la fe por la muerte de sus amigos a Olga, la niña abandonadaLeón XIV pudo comprobar, en la Vigilia y la visita al centro de acogida de Cáritas, cómo muchos jóvenes han regresado al cristianismo tras perder la fe.
Más información: El Papa advierte a los jóvenes en la Vigilia: “Muchas cosas en las redes nos engañan. Buscad siempre la verdad"
David Palomo Publicada 7 junio 2026 02:28h Las clavesLas claves Generado con IA
A las 8:45 horas, con el sol cayendo, el Papa llegó a la Vigilia con la cruz marcando el camino y tras abrazar en el centro de acogida de CEDIA a Olga —una chica rusa abandonada en su niñez— o besar a una decena de bebés. Y sonrió sin ser, aparentemente, muy dado a ello. ¡Cómo no! Ante sí, 500.000 personas. La nueva "juventud del Papa", que lo recibió como si fuera un Rolling Stones.
Entre ellos, Ángel, un sacerdote que perdió la fe a los 19 años tras la muerte de sus amigos en un accidente, pero que dio gracias por haberla recuperado más tarde y haberle marcado el camino.
Fue una de las muchas historias que se escucharon durante la Vigilia para alentar a otros muchos jóvenes para seguir el camino de la fe. Como es el caso de Claudia y Roberto, un matrimonio que espera a su primera hija. O de Javier, que dio las gracias a Dios por haberle dado el don de trabajar en comunicación, diseño y redes sociales.
El Papa abraza a un niño durante su llegada a la Vigilia. EFE
A todos ellos, el Papa les invitó a ser "protagonistas del cambio". "Estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad". Y, a su vez, les animó a cumplir una misión. A ser "misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo".
"Sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en caridad. Esta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra", les animó. Al mismo tiempo que les hizo una advertencia: "Muchas cosas en las redes nos engañan, nos cuentan mentiras. Buscad siempre la verdad".
El abrazo de su vida
Olga, hasta ahora, sólo había visto al Papa “de lejos”, en Roma. Sin embargo, este sábado, cumplió el que llevaba mucho tiempo siendo su sueño: darle un abrazo. Lo hizo durante la visita de León XIV al CEDIA de Cáritas en el barrio madrileño de Lucero.
Allí, se dio cita junto a un grupo de niños y jóvenes con discapacidad intelectual para recibir al Papa. Y entre ellos estaba Olga, una joven autista de 23 años y origen ruso que fue abandonada en su niñez y acabó siendo criada por las religiosas de la Congregación de las hijas de Santa María de la Providencia.
León XIV rechaza en Madrid "la cultura del enfrentamiento" y "las narrativas polarizantes" y apela al diálogo con el IslamPrecisamente, la madre superiora Elisabet fue la que la acompañó al CEDIA. Y allí, Olga, no se pudo contener. Al ver al Papa, se lanzó hacia él y lo abrazó con fuerza. "Quiero ser santa", reconoció durante la visita del Pontífice.
En esa misma visita, el Papa también escuchó la historia de Niurka, que llegó sola y embarazada de gemelos desde Cuba. "Tenía miedo y no sabía cómo iba a salir adelante", contó durante su intervención. Pero gracias a las religiosas, educadoras y voluntarias del Hogar Santa Bárbara encontró su camino.
El "doloroso" discurso de dos inmigrantes ante el Papa: "Llegué sola de Cuba embarazada de mellizos"Su caso es muy parecido al de Khadry, un senegalés que llegó a España durante la pandemia y no supo qué hacer. "Me sentía perdido y solo. Había dejado todo atrás y no sabía por dónde empezar". Hoy, y tras encontrar ayuda en Cáritas, se encuentra acompañando a inmigrantes que atraviesan dificultades similares.
Y si Niurka y Khadry tuvieron que pedir ayuda, otras como Alicia —voluntaria— y Alba —educadora social— son las que acompañan y ayudan a todas esas personas vulnerables. "Cada hoja es un deseo. Y cada deseo, una vida que quiere seguir caminando con dignidad", explicó esta última al entregarle al Papa un árbol repleto de mensajes de esperanza.
La Vigilia
A estas historias se sucedieron muchas otras durante la Vigilia. Podría decirse, incluso, que la de los propios cantantes que se prestaron a cantar para propagar el mensaje de Dios: Siloé, Beret, Lola Tuduri, Hakuna, Iznazio...
O el de los seis jóvenes que se sentaron junto a León XIV para hacerle las preguntas que dieron pie a su discurso. O el de cualquiera de los 500.000 asistentes que optaron por ir a ver al Papa en vez de hacer otra cosa en su tarde de sábado.
Los jóvenes rezan durante la Vigilia. EFE
Pero, sin duda, hubo tres historias que fueron las que más calaron entre los asistentes. La primera y quizá la más emotiva, la de Antonio Gil, un sacerdote que se ordenó hace un año y que contó cómo, al cumplir la mayoría de edad, perdió la fe. "Después de la muerte de unos amigos me enfadé con Dios y dejé de ir a misa".
Él creía que aquello no le iba a pasar factura, pero le pasó. "Mi amistad con Jesús se fue en picado y perdí mi identidad", contó. Pero, poco a poco, descubrió que se había equivocado. Volvió a retomar el camino de la fe y hoy no entiende su vida sin Dios.
Algo parecido le pasó a Claudia, que por motivos familiares no sintió la fe cuando era pequeña. "Pero había cosas que sentía por centro. Por ejemplo, siempre pensé que mi abuelo estaba en el cielo". Hasta que un día un amigo suyo, Edu, enfermó y murió. "Mi madre nos pidió entonces que nos bautizáramos", explicó.
Al final, lo hizo, encontró una parroquia, conoció a su marido Roberto y ahora está felizmente casada mientras espera a su primera hija, Pía. "Es un milagro del que estamos agradecidos. Ahora soy más yo que nunca. El bautismo fue el comienzo de una vida más consciente, acompañada y en paz", finalizó en su discurso.
Y por último, Javier, que le dio las gracias a Dios por darle los dones de poder trabajar en comunicación, diseño y redes sociales. "Como yo estoy en una fundación y no vendo productos, sino que evangelizo a través de estos canales, poco a poco me di cuenta de que no eran una herramienta más", contó.
Entonces, decidió que tenía que trabajar desde dentro, siguiendo la Palabra de Dios, para que "cuando se sentase a trabajar, cada palabra que escribiese fuese verdad", concluyó.
Son algunos de los testimonios de la nueva "juventud del Papa", que demostró que el boom eclesiástico de esta nueva generación va en serio.