Claro que Santiago Abascal se está lepenizando. Vox ha girado claramente hacia esa estrategia, aunque presuma de la inamovilidad berroqueña de sus principios. Mientras surfea la ola autoritaria del nuevo orden mundial, la cúpula de Bambú ha entendido que, para matar y sustituir al PP, que es su legítimo y principal objetivo, necesita trascender los corsés del sistema de partidos y los nichos tradicionales de la derecha.
Por eso se sitúa a sí mismo como un factor de impugnación del sistema y por eso su mensaje cala entre los desfavorecidos que ya no se fían de las respuestas del bipartidismo a sus necesidades materiales, singularmente en lo referente a la vivienda.
Y por eso Abascal habla ahora despectivamente de «los políticos». Como si él no fuera el prototipo de político de carrera: de las juventudes del PP a los cargos autonómicos de subsistencia, y de ahí, a vivir de las subvenciones a los partidos que él dice querer suprimir, pero que no rechaza cobrar. Por lo que sea.
Con esa marcada apuesta antipolítica, Vox se mira ahora en el espejo francés de Le Pen y no lo esconde, porque lo hace sobre todo en términos de rentabilidad política. Hay un plan a cinco años vista. «¿Lepenizarnos? Si es para ganar, sí. Si es para llegar al 35% y gobernar, bienvenida sea la lepenización», asegura uno de los principales portavoces de la formación de Abascal. ¿Para llegar al 35%? «Creemos que se puede gobernar a partir del 30%-35%, y ese es el resultado al que aspiramos en 2031; sabemos lo que hacemos», señala la misma fuente.
Ahora Vox se vuelca en la idea clave del lepenismo: que la inmigración es el origen de los principales problemas de la sociedad. Desde la escasez de vivienda, hasta el desempleo, pasando por la inseguridad y la pérdida de valores tradicionales europeos. Vox le compra a Le Pen el mantra de que, al igual que en Francia, el ser de la nación española está condenado a una «muerte lenta» si no se frena la llegada de extranjeros africanos. Aunque la líder de la extrema derecha no compra del todo la teoría del gran reemplazo que sí ha asumido Vox por boca de la diputada Rocío de Meer. Ésta sostuvo que España se encuentra «en un momento de no retorno» debido al «reemplazo demográfico» que «está cambiando la configuración de la sociedad». Conviene recordar que Meloni tampoco compra esta hipótesis conspirativa y prefiere plantarse sólo en el cierre de fronteras.
A Vox, por ahora, su plan de crecer a costa de la inmigración le funciona a todo gas. Porque el mensaje cala y porque los demás le compran el marco y debaten desde su mismo ángulo. Por eso ahora, cuando Abascal propone «remigrar» a quienes lleguen a España de manera irregular y deportar a quienes tengan permisos, pero delincan, tiene eco. De hecho, esta última propuesta también la ha asumido el PP de Alberto Núñez Feijóo.
El giro obrerista de Vox busca horadar las clases populares de la sociedad e inocular en ellas la idea de que sólo una patada al tablero partidista puede rectificar el rumbo. Y que únicamente así, con el voto del fuck it que aupó a Trump, los españoles volverán a ser propietarios de las viviendas en la periferia de las ciudades. De ahí que Vox prefiera en realidad no entrar en los gobiernos del PP, porque sólo desde fuera puede vender soluciones fáciles a las que aferrarse.
¿Vox no dice y repite que siempre ha defendido lo mismo? Sí, pero no es así. Hace una década, la propuesta nacionalpopulista de Abascal arraigó en los márgenes ásperos del espectro conservador y liberal, pero ni rozó el lepenismo. Vox sedujo a una porción del electorado de derechas con una dureza de pedernal contra el aborto, a favor de la «reducción o eliminación de todos los impuestos», y en pos de la familia tradicional y del nacionalismo centrípeto. Tanto, que el mantra era suprimir esas mismas CCAA que ahora son su principal catapulta política.
Un ejemplo claro de cómo ha cambiado Vox: en 2015 su programa electoral no hablaba de remigración, de deportaciones ni de la posibilidad del «reemplazo», sino de ejercer un «control de la inmigración según necesidades laborales y capacidad de integrarla».
¿Y qué decía ese programa de los menores inmigrantes que llegan solos a España? Ni mu, ni mena. Al revés, se pedía una mayor protección: «Es especialmente preocupante la situación en los CETI de Ceuta y Melilla, con menores en desamparo. Es necesario la separación de menores y madres del resto».
Bola extra
Rumorología en el PP: ¿Quién fue el autor intelectual del 'vitogate'?
El domingo por la noche, comenzó a correr por los whatsapps de muchos cargos del PP un tuit del consultor político César Calderón. En él, se ve un fotograma de El padrino, en el que Vito Corleone habla con su hijo Michel Corleone. El texto ndel tuit era el siguiente: «El que propuso que Vito Quiles cerrara campaña. Ése es el traidor». Desde entonces, son muchos los que en el PP se hacen las dos mismas preguntas: «¿Por qué? ¿Y quién?». ¿Quién fue el autor intelectual de que el PP ligase sus siglas al agitador ultra? El equipo de Azcón lo asume y Tellado lo avaló, pero nadie pone el huevo.
Cierre de campaña: los 'trackings' apuntan a la caída de un escaño el viernes
Otra de las preguntas más recurrentes entre los diputados, los barones y los dirigentes medios del PP es cuánto le afectó a la candidatura de Jorge Azcón el acto con el grupo Los Meconios -muy relacionado por electorado con Vox- y el cierre «de cañas» con Vito Quiles. Pues bien, en los trackings del jueves, el día antes de que ambos entraran por sorpresa en escena, el PP tenía una expectativa demoscópica de entre 27 y 29 escaños. Y el domingo, en el mismo sondeo de Sigma Dos, había bajado a 26-28 escaños. ¿Fue por Vito Quiles? No se podrá saber hasta las encuestas postelectorales.