La Princesa Leonor desciende del coche que la lleva al Palacio Real, se coloca el gorro de plato y los guantes, y se pone firme para escuchar el himno de España. Después, dentro en la saleta Gasparini, saluda uno a uno a cerca de 200 militares, a todos se refiere por su empleo (el rango). La Heredera encara los seis últimos meses de los tres años de formación castrense que han sentado las bases para prepararse para ser la futura mando supremo de las Fuerzas Armadas, y su actuación en la Pascua de ayer, compartiendo por primera vez uniforme con su padre, la convirtió en protagonista indirecta del día.
El 8 de enero, la Princesa regresa a la Academia General del Aire, en San Javier, donde se forma desde septiembre en el cuarto curso. Es su último año de formación y allí, además de las materias teóricas, recibe instrucción como piloto. Justo antes de las vacaciones de Navidad, Leonor consiguió hacer «la suelta» y pilotar por primera vez sola un avión.
Antes de eso, la Princesa estuvo un curso en la Academia General Militar, en Zaragoza, donde tuvo su primer contacto castrense y aprendió las primeras nociones de rutina militar. Un año después ingresó en la Escuela Naval de Marín. Allí profundizó en conocimientos de navegación y realizó el crucero de instrucción a bordo del Juan Sebastián de Elcano .
La Princesa terminará en junio su formación militar y pasará a la vida civil. La joven debe decidir junto a sus padres y al Gobierno qué formación superior recibirá para prepararse como futura Reina. Ciencias Políticas, Derecho y Relaciones Internacionales son conocimientos indispensables. Pero todos los años el 6 de enero volverá a la explanada del Palacio Real para rendir homenaje a los militares que ya son sus compañeros.
«Me consta, Leonor, que tus vivencias de estos últimos años te están ayudando a comprender y a asumir, en toda su plenitud, el compromiso y el sentido del deber, que son la brújula moral de la vida militar; la que para sí han elegido todos los hombres y mujeres que integran nuestras Fuerzas Armadas y la Guardia Civil, ganándose el afecto y el respeto de la sociedad a la que se deben y sirven», comenzó el Rey Felipe VI ante el gesto de su hija, manteniendo la seriedad y mirando al frente.
El Monarca le explicó, delante de la cúpula militar, que formándose con sus compañeros y sintiéndose «integrada en la vida castrense» es «como mejor servirás con ellos, ya siendo oficial, como Heredera de la Corona». Y ha querido añadir Don Felipe que también en el futuro, «como Mando Supremo, cuando seas llamada a sucederme en la Jefatura del Estado, como Reina de España, según lo prescrito en la Constitución».
Un tono distinto utilizó la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien quiso centrarse en la importancia de que la Heredera sea una mujer y en su ejemplo para otros con vocación castrense o de servir. «Alteza, estáis conociendo de primera mano los valores que presiden la vida militar: el esfuerzo, la dedicación, el respeto, la ejemplaridad y una clara y firme vocación de servicio a España y los españoles», enumeró Robles. «Estáis pudiendo comprobar la camaradería y el espíritu de gran familia», continuó la ministra, que llevaba en su solapa un broche rojo realizado por mujeres ucranianas.
«Sois, alteza, la representación de una generación de mujeres y hombres jóvenes que abordan un futuro no exento de dificultades pero que saben que la vocación decidida de servicio es cómo se logra la mayor realización personal», insistió. «Alteza, quiero que nos sintamos orgullosos de nuestras mujeres, de las militares y de todas aquellas que en la vida civil trabajan por la paz, la convivencia y por un mundo más igual y más justo». Y para terminar ha dicho que «sin las mujeres no habrá paz ni convivencia en el mundo. Las mujeres tenemos la obligación de trabajar por las grandes transformaciones que permitan sociedades democráticas justas e igualitarias».