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Economía

La primera gran crisis del siglo XXI

La primera gran crisis del siglo XXI
Artículo Completo 1,114 palabras
Los sucesos de la década de 1930 en el sector económico global sirvieron para comprender y mitigar los efectos de la crisis financiera del año 2007. Leer
Cuarenta años de economíaLa primera gran crisis del siglo XXI
  • FRANCISCO CABRILLO
Actualizado 17 JUL. 2026 - 08:15La Reserva Federal de Estados Unidos tomó las decisiones correctas en el año 2007, quizá porque evitó los errores de crisis pasadas, como la de 1929.

Los sucesos de la década de 1930 en el sector económico global sirvieron para comprender y mitigar los efectos de la crisis financiera del año 2007.

C. Reinhart y K. Rogoff pusieron un título irónico a su libro sobre las crisis económicas: Esta vez es diferente. La obra se publicó en 2009, un año bastante difícil para las economías occidentales sumidas aún en los efectos de la crisis financiera de 2007. Reflexionemos un momento. Si hay una idea equivocada en economía es la creencia en que hoy tenemos la capacidad y la competencia técnica para evitar las crisis y no vamos a volver a sufrir los efectos que éstas tuvieron en el pasado. Sin embargo, una cierta dosis de escepticismo puede ser conveniente cuando tales ideas se plantean.

En 2007 habíamos perdido, hacía ya bastante tiempo, la fe en las recetas keynesianas que prometían un crecimiento estable, en el que los ciclos, aunque siguieran existiendo, podrían ser, al menos, domesticados. Pero ese mismo año surgió en los Estados Unidos una nueva crisis, que pronto se extendería al resto del mundo. Mucha gente volvió la mirada a lo que había sucedido en la bolsa de Nueva York en 1929 y en la economía internacional en la década de 1930. Y los economistas tuvieron que revisar sus teorías no sólo para explicar lo que había ocurrido entonces, sino también para tratar de evitar efectos tan graves como los que había ocasionado la gran depresión. Y se dieron cuenta de una cosa: transcurridos setenta años desde aquellos momentos, no existía acuerdo sobre las causas que la provocaron.

Varias eran las posibles explicaciones. Desde la idea de que la crisis mostraba con claridad que el capitalismo es un sistema económico sin sentido, hasta quienes pensaban que lo que realmente originó la depresión no fue la caída de la bolsa, sino una política monetaria absurda que redujo la oferta monetaria, generando la recesión; pasando por quienes creían que sólo el estado, con una política agresiva de gasto, podía solucionar el problema, frente a los que argumentaban que, una vez cometido el error de una política monetaria demasiado expansiva, lo que había que hacer era aceptar pagar el coste de ésta y permitir que el sistema económico se recuperara por sí mismo.

No muy diferentes fueron los análisis que se realizaron en 2007. También en esta ocasión algunos vieron en ella lo mismo que sus abuelos habían visto en la gran depresión: un síntoma claro del agotamiento del capitalismo, agravado en este caso por las políticas liberalizadoras de la década de 1980; y defendieron la necesidad de sustituirlo por un nuevo modelo con mayor control estatal de la economía.

Sin llegar a una visión tan radical, otros creyeron culpable de la crisis a la falta de regulación del sector privado, especialmente en el mundo financiero; y ello a pesar de que la crisis comenzó en el mercado de préstamos hipotecarios, mercado regulado, que había seguido políticas irresponsables con el apoyo explícito del gobierno norteamericano. Y tampoco fue muy distinta la reacción de buena parte de la opinión pública, que pidió más gasto público y mayor intervencionismo del estado como fórmula de salvación.

Diferencias

Pero hay, sin duda, diferencias muy importantes entre las dos grandes crisis. Por una parte, su gravedad. Los efectos de la gran depresión de la década de 1930 fueron mucho peores que los de la crisis de 2007, no sólo en la evolución de las variables económicas fundamentales, sino también en sus efectos sobre unas sociedades con muchos problemas en un mundo dominado por una gran inestabilidad política.

Por otra, hay que señalar que las políticas económicas fueran significativamente mejores a partir de 2007 de lo que lo habían sido en el pasado. Y esto, al menos, en dos aspectos muy importantes. El primero es que no se cayó en el error -que se había cometido en los años treinta- de cerrar las economías al comercio exterior reforzando el proteccionismo para defender la producción nacional, fuera ésta industrial o agraria; medida que agravó de forma notable la recesión y dificultó la recuperación de las economías de la época.

El segundo acierto fue no dejar caer en 2007 la oferta monetaria, como se había hecho en los años treinta. Y la Reserva Federal reconoció explícitamente que aquella experiencia negativa del pasado había contribuido en buena medida al diseño de una mejor política monetaria en el presente.

A pesar de ello, tras 2007, hubo problemas graves y recesiones, que no todos los países sufrieron en el mismo grado. La razón de estas diferencias hay que buscarla, por una parte, en la diversa situación de sus economías en aquellos momentos. Y, por otra, en las políticas económicas que los diversos países aplicaron. Estos dos factores explican por qué España fue uno de los países más afectados por la crisis y por qué, de hecho, nunca se ha llegado a recuperar plenamente de ella. El dato de que nuestro PIB per cápita en términos reales siga siendo hoy similar al que teníamos en 2006 es una dato muy significativo.

Francisco Cabrillo es catedrático emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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