Domingo, 18 de enero de 2026 Dom 18/01/2026
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Política

La rebelión de los milenial

La rebelión de los milenial
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Los corrimientos electorales no suceden ni se manifiestan de golpe. Cuando los síntomas aparecen, la respuesta de los actores retroalimenta ese proceso evolutivo que acaba por volverse irreversible. Los jóvenes son ahora de derechas porque fueron abandonados y traicionados por la izquierda. No quiere decir que antes fueran de izquierdas sino que votaban mayoritariamente a la izquierda, como votaron a Aznar en 1996. Los jóvenes se desplazan políticamente sin prejuicios y mente abierta. Por eso la izquierda defiende con uñas y dientes el monopolio de la educación, que le permite inocular sesgos, contener la velocidad de los trasvases y encorsetar los programas de los partidos de derecha.

Hace una década los jóvenes votaron a Podemos, expusieron así algunas de las razones de su descontento: se sintieron desprotegidos. La izquierda les ofreció identidad -sobre todo de género- y Estado como paraguas e instrumentos de protección -y tutela-. Fracasó. La izquierda -en otoño de 2018, Iglesias salió del Congreso para arengar a los pensionistas en sus protestas-, y el Estado -y sus subvenciones y redes clientelares-, escogieron guarecer a los mayores. Luego, la gestión de la pandemia fue implacable con los jóvenes, pero Casado ya había perdido el oremus y Rivera -acosado por líderes de opinión y empresarios- su aura.

Los jóvenes tienen iniciativa y quieren labrarse su propio futuro; creen que el Estado no proporciona los medios -al contrario- y que Sumar y PSOE les han repartido gominolas para narcotizarles. En noviembre de 2013 Abascal comunicó a Rajoy su baja en el PP, quizás pensaba en impulsar un nuevo proyecto, pero seguramente no podía imaginar que aglutinaría a una mayoría de jóvenes. Los jóvenes buscaron esa seguridad fuera de los partidos convencionales y mediante un liderazgo, si no mesiánico, sí enérgico.

Los jóvenes de hace una década -milenial- no son los de ahora -Z-, pero estos son resultado de aquellos: constituyen el corolario de un proceso. Unos y otros se han encontrado ante la izquierda más extractiva y ensimismada de Europa en décadas -la estadounidense no le va a la zaga-. Milenial y Z castigan la corrupción porque se sienten víctimas directas de ella y obedece a una concepción patrimonial del Estado. Forma parte de la retórica común decir que los jóvenes son alternativos. Los Z se decantan mayoritariamente por Feijóo porque Abascal ya hizo el diagnóstico, pero el PP parece ofrecerle las recetas o, al menos, las recetas más variadas para una juventud diversa.

Todos los segmentos de edad prefieren hoy al PP y Vox frente a la izquierda. Esto requiere otro análisis más detenido. Siempre ha habido dos derechas aunque no siempre hubiera dos partidos que la representaran (cuando no tres, aunque Ciudadanos no era derecha, fue un cobijo patriótico escorado progresivamente a la derecha y repleto de cuadros de la izquierda liberal): urbana/ campesina; liberal/conservadora. Hoy el electorado de la derecha se parece mucho más entre sí que los partidos de la derecha; sobre todo porque Vox sobreactúa y tiene algunos cuadros y difusores de opinión carpetovetónicos y/o excesivamente agitadores.

Sánchez ha citado a Feijóo sólo para que Abascal, que se relame, lo vitupere. Feijóo lo sabe y su electorado cruza los dedos -sólo exige claridad de ideas-. Vox ha tomado las almenas de las ciudades medias y abierto otro proceso gradual: la volatilización del PSOE, iniciada por Sánchez.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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