Vox hizo de Santiago Abascal su principal valor de campaña en este ciclo electoral. No era algo nuevo en la estrategia del partido, pero, al votar cada autonomía en una fecha, esta vez se hizo más manifiesto que nunca. Abascal se volcó como ningún otro dirigente nacional en los territorios que caminaban a las urnas y, bajo el planteamiento de buscar el voto puerta a puerta y en primera persona, recorrió un total de 146 municipios en cuatro meses. Un vistazo global deja claro que la estrategia dio rédito, pues Vox ganó votos en 132 de estos enclaves. Pero, mientras que en la campaña de Extremadura y Aragón la presencia de Abascal resultó casi infalible, en Castilla y León aparecieron algunas grietas. Grietas que se suman a la rebelión impulsada en los últimos días por quienes, en un tiempo no tan pasado, fueron los otros líderes con empuje de la formación.
De las 14 localidades que el líder de Vox paseó en campaña y donde su partido luego perdió votos, 12 estaban en la última comunidad que fue a las urnas. Son, pues, el 19,4% de los 62 municipios en los que Abascal estuvo en Castilla y León; casi uno de cada cinco. En Extremadura, la formación más a la derecha solo restó papeletas a su nombre en uno de los 34 sitios que visitó el líder de Vox -Casares de las Hurdes-, una proporción que fue aún menor en Aragón -perdió votos en Frías de Albarracín, uno de los 50 lugares que pisó-. Además, en ambos sitios, aunque en términos absolutos el partido cayó, esto no redujo su porcentaje de voto -la participación fue menor-, pero en 10 de los 12 municipios castellanoleoneses donde Vox se dejó apoyos esto sí vino acompañado de una caída del partido en porcentaje de voto.
Esta segunda medida da una imagen más representativa de la pérdida de tirón de Abascal en la última carrera a las urnas. Su partido pasó, en el conjunto de Castilla y León, del 17,6% del voto aglutinado en 2022 al 18,9% del pasado domingo, 1,3 puntos más. En el 61,3% de los municipios que visitó Abascal en campaña, Vox creció más que esos 1,3 puntos porcentuales, pero en el otro 38,7%, no. Esto es: la presencia del líder del partido no marcó la diferencia en casi cuatro de cada 10 sitios por los que paseó. En Aragón, Vox solo creció por debajo de su media en el 16% de las localidades que visitó Abascal y, en Extremadura, en el 32,4%, aunque en este último caso la muestra era menos representativa -solo estuvo en 34 sitios; ahora, en 62-. Además, Castilla y León es la única comunidad en la que algunos de los enclaves por los que pasó el líder de Vox respondieron en las urnas con un menor porcentaje de voto al partido: en 11 de los 62, la formación cae.
El éxito de la ruta de Abascal, que en Extremadura le aportó 24.450 papeletas extra y en Aragón, 31.619, se disipó en cierta medida en Castilla y León, donde, de los pueblos que pisó, el líder de Vox se llevó 8.489 electores más -en saldo neto-. Durante la campaña, el partido se escudó en la movilización que generaba Abascal con sus visitas para defenderse de las críticas que vertían ex dirigentes de la formación. Pero, al final, la traslación a las urnas se ha quedado algo corta para acallar esos reproches.
En los últimos días, esas voces han dado un paso más y se han organizado para presionar a Abascal a repensar Vox: una decena de ex dirigentes nacionales han firmado un manifiesto pidiendo un congreso extraordinario del partido. Aunque no vinculan lo ocurrido en Castilla y León a su iniciativa, es significativo que sea ahora cuando, por primera vez, líderes que un día ocuparon la primera línea de Vox se ponen de acuerdo para dar un golpe sobre la mesa.
Y es que quienes lo secundan no son cualquiera. Afiliado número uno de Vox, Ignacio Ansaldo. El cinco, Iván Espinosa de los Monteros. Afiliado seis, Javier Ortega Smith. Y el siete, Víctor González Coello de Portugal. Los cuatro lo firman y, aunque el peso del primero es más bien simbólico -fue presidente de Vox, pero solo por unas semanas-, los otros tres sí fueron perfiles con poder en el partido durante mucho tiempo, y pioneros. Como Rocío Monasterio, ex líder en Madrid y que también apoya el manifiesto. Eran referentes de Vox al lado de Abascal, habituales en las fotos de la cúpula, y ahora se unen para discutirle el rumbo del partido.
El documento que firman destaca que el objetivo del congreso extraordinario que llaman a convocar no es "imponer una candidatura alternativa" -"este manifiesto no nace contra nadie", dicen-. Pero quienes un día estaban al lado de Abascal en la primera fila sí le instan ahora, en el texto, a "abrir un debate real sobre el rumbo del proyecto". Y a discutir ideas organizativas, con una "revisión completa de la arquitectura interna del partido". No cuestionan el liderazgo de Abascal, pero sí llaman a reflexionar sobre cómo este se articula y qué resultados da.
En este sentido, y tras el debate abierto sobre si Vox tiene su techo en el 20% del voto -pese a que las encuestas pronosticaron que el partido subiría de esta marca en Castilla y León, al final se quedó algo lejos-, los críticos deslizan que el crecimiento de la formación en los últimos años "no basta". "No hemos sido capaces de disputar la hegemonía en nuestro propio espacio político, que sigue en manos de otra fuerza", sostienen, y la afirmación coge vuelo tras el último paso por las urnas.
En Castilla y León, Vox no logró ser segunda fuerza en ninguna de las capitales de provincia -sí lo hizo en Badajoz y Teruel-. Y a este respecto también perdió cierto tirón Abascal en su ruta, pues de los 62 municipios que recorrió en campaña, solo en 11 consiguió Vox ser primera o segunda fuerza -ya lo fue en siete en los comicios de 2022-. Estos 11 pueblos suponen el 17,7% del total que visitó, mientras que en Extremadura el partido logró quedar en primera o segunda posición en el 29,4% de las localidades que paseó Abascal y, en Aragón, en el 28%.
Vox superó la barrera del 20% en el 53,2% de los municipios castellanoleoneses que visitó el líder del partido, un porcentaje a medio camino entre lo cosechado en Aragón y Extremadura: en la primera, subió del 20% en el 60% de los pueblos por los que pasó Abascal y, en la segunda, en el 41,2%. Pero, que esto no llevase a superar esa barrera psicológica en el global de ninguna autonomía anima a los díscolos en su crítica: "Convertirse en partido bisagra, explícita o implícitamente, no es una etapa". Y, todo, "en pleno tsunami de la derecha en el mundo", recordó Espinosa.