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Ralph Fiennes, como el doctor Ian Kelson, en un fotograma de la cinta. Miya Mizuno La segunda parte de '28 años después' es una joyaNia DaCosta recoge el testigo de Danny Boyle con una estupenda secuela, que explora algunos de los senderos apuntados en la anterior entrega y traza nuevos e inesperados caminos para la franquicia
Madrid
Viernes, 16 de enero 2026, 00:03
'28 años después' devolvía al inquieto realizador Danny Boyle y al guionista Alex Garland al cine de ... infectados que tan bien pusieron en valor en 2002, antes de que la fiebre por los zombis echara a andar. Lo hacía en unas coordenadas distintas, y con bastante más humor, pero de alguna manera la película se las arreglaba para mantener aquel espíritu de cine de guerrilla con el que ambos levantaron una primera entrega de presupuesto raquítico y para la que eligieron unas cámaras digitales de escasísima resolución que les permitía rodar planos sin pensárselo mucho –la coartada artística de que buscaban una estética de vídeo doméstico llegaría después–.Noticia relacionada
La cinta seguía los pasos de Spike (Alfie Williams), un chaval de doce años a punto de cumplir con el ritual que iba a definir su paso a la madurez. Pese a las pegas que ponía su madre, una mujer que parecía estar perdiendo la cabeza, padre e hijo debían salir de su aldea, acabar con varios infectados, y, con suerte, volver al pueblo a disfrutar de una merecida fiesta para el preadolescente. La segunda parte del largometraje comenzaba poco después, cuando Spike decidía llevar por su cuenta a su madre al doctor Ian Kelson, el único médico conocido en toda la región con la intención de conseguir tratamiento para ella.
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El alfa Sansón, al que da vida Chi Lewis-Parry. Miya Mizuno El resultado era una película con una primera parte tensísima y trepidante, plagada de estupendas secuencias de acción rodadas con todo tipo de cámaras, incluidas las de varios iPhones para hacer un efecto bala a precio de saldo, y un segundo tramo bastante más relajado, que saltaba del terror al drama y la comedia con gran desparpajo. El conjunto, en todo caso, era muy disfrutable y la película recaudó más de 171 millones de dólares en todo el mundo, además de abrir la puerta a dos cintas más, una de las cuales ya estaba rodada, y otra para la que aún se estaba buscando financiación y en la que Cillian Murphy, productor de la franquicia, retomaba su personaje en '28 días después'.
Sectas, drogas y algo de paz
La que llega este viernes a las salas de cine es la primera. Escrita nuevamente por Garland, '28 años después: el templo de los huesos' es una continuación directa de la entrega anterior. Nia DaCosta, responsable del 'remake' de 'Candyman', se pone detrás de las cámaras en una secuela más tranquila, reflexiva y pausada, pero igualmente tensa y vibrante, que explora senderos ya apuntados en la entrega anterior y sorprende abriendo caminos difíciles de vislumbrar. Si al final de '28 años después', al pequeño Spike le echaban un cable varios chavales para acabar con varios infectados, al inicio de esta nueva aventura entendemos que, en realidad, ha caído en una secta liderada por un tal Jimmy Crystal (Jack O'Connell), que ha convencido a un grupo de muchachos, a los que llama 'dedos', para repartir 'caridad' y ofrecer sacrificios humanos a un ser superior y maligno.
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Jack O'Connell, a la derecha, da vida al líder de una secta. Miya Mizuno En un parque acuático abandonado, en una primera secuencia impactante, el líder del grupo pondrá a prueba a nuestro protagonista y le obligará a pelear contra otro muchacho, bastante más mayor. Después de ser humillado, Spike acabará clavándole un cuchillo en el muslo, mientras el abusón cae desangrado y la banda lo abandona. Spike vive para contarlo pero es consciente de que la pesadilla no ha hecho más que empezar. Con adeptos incapaces de cuestionar nada, el joven deberá sobrevivir a las dinámicas de una secta más aterradora que los monstruos que plagan Reino Unido, en un periplo incómodo y asfixiante que sorprende a menudo al espectador.
El doctor Ian Kelson, a quien da vida un espléndido Ralph Fiennes, uno de los personajes más extremos de la pasada entrega, gana protagonismo y lidera el otro gran arco argumental de la ficción. Embadurnado en iodo, vive bajo tierra, junto a un osario que ha levantado con sus propias manos, y sigue estudiando a los infectados, especialmente a los alfa, los seres que Garland y Boyle introdujeron en la precuela, bastante más poderosos y fieros. Kelson logrará establecer una suerte de contacto con uno de ellos, al que denomina Sansón (Chi Lewis-Parry), e indagará hasta qué punto se puede tratar la infección que los devora, en un inesperado viaje ligérsico hacia la búsqueda de paz y la tranquilidad no exento de humor: «Me debes una -llega a decirle al infectado después de curarle una herida-. No te preocupes, soy de la seguidad social, no cobro».
Desprejuiciada, enigmática y violenta -hay un par de momentos que podrían herir alguna sensibilidad-, 'El templo de los huesos logra reinventarse sin que el espectador sepa muy bien a qué atenerse a través de estas dos tramas que acabarán encontrandose, con elementos que dialogan a la perfección con el momento tan convulso y sin certezas en que vivimos y al ritmo de canciones de Duran Duran, Radiohead o Iron Maiden -resulta imposible no carcajearse ante el momento 'The Number of the Beast'-.
Un cine más tradicional
Puede que parte del éxito de esta nueva entrega esté en el cambio de director. «Lo que conecta las dos películas es que ambas son obras alocadas y profundamente personales desde el punto de vista artístico», señala DaCosta en las notas de producción. La cineasta explica que cuando habló por primera vez con el director y el guionista de 'El templo de los huesos' les dejó claro que quería hacer suya la película y que no iba a intentar copiar a Boyle «porque eso es imposible». «El guion de Alex -añade- era muy diferente al de '28 años después', así que exigía un enfoque distinto. He podido dejar mi huella, dejar volar mi lado más salvaje y ser visualmente arriesgada, combinándolo todo con una forma más clásica de hacer cine». Es decir, como ya ocurriera con '28 semanas después', de Juan Carlos Fresnadillo, 'El templo de los huesos' es una película de corte más tradicional. Haya sido o no esa la razón, hay algo casi reverencial en dejar siempre en manos de Boyle la mayor experimentación visual de una franquicia que no deja de darnos alegrías.
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