- TOM BURNS MARAÑÓN
Para una mayoría de la población hay alivio. Por fin cabe la posibilidad echar a Pedro Sánchez, el presidente más populista, polémico y beligerante de los seis que han gobernado la nación desde que se comenzó a recuperar la democracia hace medio siglo. También se prodiga, ya entre todos, una sensación de vértigo.
Las elecciones del 29 de noviembre, con la excepción de las primeras el 15 de junio de 1977 que fueron constituyentes, deberán ser las más trascendentes de las dieciséis que han tenido lugar en el posfranquismo. Está en juego, nada más y nada menos, que la viabilidad de la Constitución "de Todos", un texto que por primera vez en la zigzagueante historia del constitucionalismo hispano es un texto "no militante". Así lo consensuaron los diputados que fueron elegidos en aquella ya tan lejana cita con las urnas.
Lo que está en juego no es una exageración entre otras cosas porque los excesos están a la orden del día en estos tumultuosos tiempos. Cualquier cosa que era inimaginable ayer es posible en el próximo cuarto de hora. Al disolver las Cortes, Sánchez ha querido aprovechar la agitación en la calle por quienes abominan la democracia liberal y no conciben la alternancia en el poder. El sanchismo gritará con ellos el "No Pasarán". Si consigue reconstruir una mayoría parlamentaria será más rehén que nunca de los radicales.
La posibilidad de celebrar las decimosextas elecciones generales dentro de ocho semanas de manera correcta y sin más aspavientos que los imprescindibles depende en primerísimo lugar del todavía presidente del Gobierno.
Las normas del juego limpio
De antemano no parece probable que se atenga a las normas del juego limpio. Ni al adulto y sensato. El dóberman que el Partido Socialista ha empleado en ocasiones pasadas es un peluche comparado con la campaña "antifa" que puede hacer Sánchez.
Sánchez es un obsesionado con Franco y no oculta este trastorno. Se deja fotografiar con las calaveras en la cripta del valle de Cuelgamuros/los Caídos y quiere que la historia le recuerde como el que se atrevió a exhumar al dictador. Son manifestaciones como mínimo inquietantes en el gobernante de una sociedad avanzada que se tiene por sofisticada y cosmopolita. Lo son, sobre todo, para un pueblo que ha sabido reconciliarse de una manera ejemplar.
Tales observaciones le resbalan a Sánchez que, desde su muro y con creciente mentalidad guerracivilista, ha gobernado descaradamente con una España contra la otra. La polarización, amén de la corrupción del todo vale, que genera es el camino más directo al desgobierno. Vox, censurado sin más contemplaciones por ser el descendiente directo de la España negra que campeaba a sus anchas en la noche larga de la dictadura, centrará a buen seguro la campaña electoral de Sánchez.
Quienes, además de canas, tienen memoria, la que no es ni "histórica" ni "democrática" sino memoria a secas sin necesidad de adjetivos, saben muy bien que sobre estas fechas hace cinco décadas las Cortes orgánicas del franquismo debatían la Ley de Reforma Política que les había presentado el Gobierno de Adolfo Suárez, el exministro secretario del Movimiento del Régimen que Don Juan Carlos había nombrado para devolver, desde la ley a la ley y pasando por la ley, la soberanía nacional al pueblo.
Saben que esa rupturista ley que preveía la legalización de todos los partidos políticos y la celebración de elecciones en libertad fue ampliamente aprobada por los legisladores del dictador y que fue refrendada de manera masiva en el plebiscito que se celebró el seis de diciembre de 1976, al año y pico de haber muerto Franco.
Que los españoles querían la Democracia, la que se asienta en la alternancia en el poder, y la reconciliación, por supuesto. Que esto lo pilotó el sucesor de Franco a título de Rey, también. Y está fuera de duda el hecho de que la monarquía parlamentaria ha hecho posible un periodo de paz, prosperidad y progreso sin precedentes en la historia de la nación.
Nada de esto lo propaga el sanchismo y menos aún por la cuenta que les trae lo hacen sus socios y aliados. Este ejercicio de memoria viene a cuento debido al postureo "antifa" que adoptó Sánchez para cimentar su mayoría parlamentaria con comunistas y separatistas.
Redoblar
Sánchez redoblará este comportamiento en los días y las semanas siguientes. Puede que en su fuero interno sepa que su actitud, artificiosa o no, es enteramente trasnochada aunque cabe que no lo sepa porque no se lo permite su vanidad. Lo que no debería ignorar es que es completamente contraproducente. Si uno se atiene a lo que cuentan las encuestas más fiables, Vox, que no es anticonstitucional, cuenta con un creciente apoyo electoral.
Las elecciones del 29-N serán transcendentales si dan paso un gobierno liberal conservador. Y si las gana un Frente Popular, o "Amplio", lo serán también.
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