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Ciencia

La ubicación de la grasa en tu cuerpo influye directamente en la salud cerebral, según este estudio

La ubicación de la grasa en tu cuerpo influye directamente en la salud cerebral, según este estudio
Artículo Completo 785 palabras
No toda la grasa corporal afecta igual al cerebro. Científicos descubrieron que la grasa visceral provoca los cambios cerebrales más importantes y se relaciona con un mayor deterioro de las capacidades cognitivas.
Fernanda GonzálezSalud27 de julio de 2026estructura cerebral, la conectividad funcional y diversas capacidades cognitivas.

El trabajo se basó en la información clínica de más de 18,000 personas almacenada en el Biobanco del Reino Unido. Los científicos no solo consideraron los registros generales del índice de masa corporal (IMC), sino que también utilizaron una técnica de imagen conocida como absorciometría de rayos X de doble energía. Esta tecnología permite medir con precisión cuánta grasa tiene una persona y en qué regiones del cuerpo se distribuye.

Mediante este método, los autores cuantificaron la grasa presente en los brazos, las piernas y el tronco, además de estimar la cantidad de grasa visceral, es decir, la que rodea a los órganos internos.

Esta información se complementó con una serie de pruebas para evaluar el desempeño cognitivo, incluyendo razonamiento, velocidad de procesamiento de la información y memoria, así como funciones ejecutivas, entre ellas la capacidad de planificar, tomar decisiones y resolver problemas complejos.

La grasa en todas las partes del cuerpo afecta, pero no de la misma manera

Los resultados, publicados en la revista Nature Mental Health, revelaron que la distribución de la grasa corporal tiene una influencia clara y significativa sobre el funcionamiento del cerebro. En términos generales, el estudio confirmó que la grasa acumulada en brazos, piernas, tronco y región visceral se asoció con cambios diferenciados en la estructura y el funcionamiento cerebral, afectando el sistema sensoriomotor, responsable del movimiento y la percepción; el sistema límbico, relacionado con las emociones y la memoria; la red por defecto, involucrada en procesos como la memoria autobiográfica y el pensamiento interno; así como un conjunto de estructuras profundas que incluye regiones subcorticales, el cerebelo y el tronco encefálico.

Sin embargo, estos cambios no fueron uniformes. “La grasa en diferentes partes del cuerpo genera trayectorias de cambio cerebral completamente distintas, que no pueden detectarse únicamente con el peso corporal o el IMC. Nuestro modelo analítico demuestra claramente cómo la grasa en diferentes regiones causa daños diferenciales en los sistemas cerebrales”, explicó Anqi Qiu, catedrática de neuroinformática del Departamento de Tecnología e Informática de la Salud de la PolyU.

La grasa acumulada en brazos, piernas y tronco se relacionó principalmente con una reducción del volumen y del grosor de regiones pertenecientes a la red por defecto, vinculada con la memoria y el pensamiento complejo, así como del sistema límbico, encargado de regular las emociones y participar en la formación de recuerdos.

Además, la grasa localizada en estas áreas también mostró asociaciones específicas con la conectividad funcional. La acumulada en los brazos presentó una mayor relación con la corteza sensoriomotora; la de las piernas mostró un vínculo más estrecho con el sistema límbico; mientras que la del tronco exhibió un patrón intermedio entre ambas.

envejecimiento cerebral más acelerado. Los investigadores determinaron que las personas con mayores niveles de este tipo de grasa tendían a presentar un cerebro que aparentaba ser más viejo de lo que correspondía a su edad cronológica.

El equipo identificó un patrón que no apareció con la misma claridad en la grasa localizada en brazos, piernas o tronco: una mayor acumulación alrededor de los órganos internos se relacionó con una brecha de edad cerebral más amplia que, a su vez, se asoció con un peor desempeño en las pruebas cognitivas.

Los investigadores explicaron que este fenómeno podría deberse a la particular actividad metabólica de la grasa visceral que, a diferencia de la grasa subcutánea, libera mayores cantidades de sustancias inflamatorias, hormonas y moléculas vinculadas con la resistencia a la insulina, la hipertensión y otros trastornos metabólicos. Todos estos procesos se han asociado previamente con inflamación crónica, daño vascular y deterioro cerebral.

Aunque los autores aclaran que su estudio no puede demostrar una relación definitiva de causa y efecto, consideran que sus hallazgos refuerzan la necesidad de evaluar estrategias dirigidas específicamente a reducir la grasa visceral como una posible vía para preservar la salud cerebral, mantener la agudeza mental y disminuir el riesgo de demencia.

Como concluye Qiu, “la adiposidad regional es un factor de riesgo para la salud que puede ser intervenido y modificado. Reducir la grasa visceral mediante intervenciones específicas en el estilo de vida puede abrir nuevas vías para la prevención y el tratamiento proactivos de las enfermedades neurodegenerativas”.

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Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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