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La Unidad Central de Muertos Relevantes

La Unidad Central de Muertos Relevantes
Artículo Completo 1,233 palabras
Antes de que apareciera el siguiente difunto por la puerta del tanatorio, la televisión salvaba a tres ministros, resucitaba a dos exconsejeros y absolvía preventivamente a media docena de tertulianos. En España la actualidad posee una cualidad insólita: uno puede acostarse con un escándalo y despertarse con un experto dispuesto a explicar que, en realidad, todo comenzó en tiempos de los fenicios . En la pantalla aparecía un político entrando en un juzgado rodeado de cámaras. Caminaba despacio, con esa naturalidad propia de quien no sabe si va a declarar ante un juez o a inaugurar un centro cultural. Andrés observó la escena con la atención de un antropólogo que hubiera descubierto una tribu fascinante.—Lo extraordinario de este país —dijo— es que hemos conseguido convertir las imputaciones en una etapa natural de la carrera profesional.—Ahora se llaman investigaciones —corrigió el camarero.Noticia relacionada general No No El bar del tanatorio La memoria desmemoriada Alfonso J. Ussía—En España cambiamos el nombre de las cosas con la esperanza de que la realidad se despiste.—Como llamar «experiencia inmersiva» a hacer cola bajo la lluvia.—O plan estratégico a un presupuesto con retraso.El camarero dejó las copas sobre la barra.—Yo ya no sé quién está investigado y quién simplemente ha salido en una fotografía desafortunada.—Es normal. Hemos alcanzado un grado de sofisticación democrática admirable. Antes uno hacía oposición, aprobaba unas oposiciones y conseguía un puesto fijo. Ahora uno pasa por una comisión parlamentaria, una comparecencia judicial y finalmente publica unas memorias .—Con prólogo de un periodista.—Y presentación en el Ateneo de Madrid . Miró hacia el tanatorio."La Unidad Central de Muertos Relevantes sería un organismo independiente, como todos los organismos que dependen del mismo. Como la Fiscalía"—Aquí, sin embargo, las cosas son distintas.—¿Por qué?—Porque los muertos tienen algo que los políticos jamás tendrán.—¿Qué?—La imposibilidad de tomarnos el pelo.El camarero sonrió.—No estoy tan seguro. Si pudiéramos citar a declarar a los muertos ya habría una unidad especializada.—¿La Unidad Central de Muertos Relevantes?—¿Dependiente de qué ministerio?—De ninguno. Sería un organismo independiente, como todos los organismos que dependen del mismo. Como la Fiscalía . —¿Y qué investigarían?—Lo de siempre. Herencias, secretos familiares, promesas incumplidas.—Eso sería infinito.—Las familias españolas son infinitas. Sólo terminan cuando desaparece el último primo que recuerda quién se quedó con las copas de Sèvres.El camarero apoyó los codos en la barra.—¿Y de qué se acusaría exactamente a los difuntos?Andrés ni siquiera necesitó pensar."Hay familias que llevan treinta años buscando documentos con la intensidad de un equipo arqueológico"—De ocultación continuada de información relevante.—¿Por ejemplo?—La ubicación exacta de las escrituras.—Eso es grave.—Muy grave. Hay familias que llevan treinta años buscando documentos con la intensidad de un equipo arqueológico.—Mi tío escondía dinero en libros.—Todos los tíos esconden dinero en libros.—¿Por qué?—Porque es el único lugar donde saben que nadie va a mirar.Reímos. La televisión mostraba ahora imágenes de periodistas aguardando ante un juzgado.—Hay algo profundamente teatral en todo esto —continuó Andrés—. Entras serio, sales serio y después veinte personas analizan si tu nivel de seriedad era compatible con la inocencia.—¿Existe un grado óptimo de seriedad ?—Claro. Si sonríes demasiado eres culpable. Si estás demasiado serio eres culpable. Si pareces tranquilo es porque ocultas algo. Y si pareces nervioso es porque te han descubierto.—Entonces la única solución es desaparecer.—Para eso están los maleteros.—Otros fundan un partido nuevo . Que viene a ser una forma elegante de desaparecer.Andrés miró hacia la puerta del tanatorio.—Aquí sería maravilloso.—¿El qué?—Las imputaciones póstumas.—No veo la maravilla."Las familias españolas funcionan exactamente igual que una investigación judicial: nadie recuerda los hechos, pero todos tienen una teoría definitiva"—Imagínatelo: «Don Ricardo, investigado por afirmar durante cuarenta y cinco años que no tenía nada».—Con agravante de reincidencia.—¿Más cargos?—Ocultación dolosa del mando de la televisión.—Eso sí merece prisión permanente revisable .—No existe pena suficiente para alguien que fallece sin revelar dónde guarda las llaves del trastero.El camarero soltó una carcajada y Andrés levantó la copa.—Las familias son el único lugar donde la instrucción de una causa puede durar cuatro generaciones.—Y donde aparecen nuevos testigos en todas las cenas de Navidad.—Exactamente.—«Yo siempre supe que tu abuelo tenía otra libreta».—«Pues tu madre me dijo…».—Las familias españolas funcionan exactamente igual que una investigación judicial: nadie recuerda los hechos, pero todos tienen una teoría definitiva.En la televisión aparecieron expertos explicando gráficos.—Lo mejor son los analistas.—¿Por qué?—Porque hoy son juristas, mañana seleccionadores nacionales y pasado, si me apuras, opositores en excedencia para cacarear en el plató. —Hay gente que sabe distinguir una providencia de un auto.—Y eso en España equivale a ser Dios.—¿Crees que los muertos tendrían abogados?—Naturalmente.—¿Buenos abogados?—Los mejores. Los hijos mayores.—No suelen ponerse de acuerdo."Llega un momento en la vida en que uno descubre que pasa más tiempo explicando lo que quiso decir que diciendo cosas"El camarero miró de nuevo hacia el tanatorio.—¿Habría medidas cautelares?—Por supuesto.—¿Cuáles?—Prohibición de aparecerse en sueños a los herederos.—Eso parece razonable.—Retirada inmediata de fotografías comprometedoras.—¿Qué fotografías?—Las de las vacaciones en Benidorm de mil novecientos setenta y nueve.—Eso es destrucción de pruebas.—No. Es higiene democrática.Se hizo un pequeño silencio. Entró un hombre, pidió un café y preguntó que hasta cuándo soportaremos estas olas de calor . Siempre me ha parecido admirable la confianza que tiene la gente en el tiempo atmosférico. Saben que lleva siglos equivocándose y aun así siguen preguntando. Andrés lo observó alejarse y comentó:—¿Sabes cuál es la verdadera diferencia entre los vivos y los muertos?—¿Cuál?—Que los muertos ya no tienen que justificarse.—Eso suena triste.—Al contrario. Es una liberación extraordinaria.—¿Por qué?—Porque llega un momento en la vida en que uno descubre que pasa más tiempo explicando lo que quiso decir que diciendo cosas."La diferencia esencial entre los políticos y los muertos es que los muertos jamás prometen que todo quedará aclarado en los próximos días"—Eso también ocurre en política.—Especialmente en política.Todos miramos hacia el tanatorio al escuchar bullicio. Entraba una familia. Salía otra. Una señora fumaba junto a la puerta. Un hombre hablaba por teléfono y la televisión seguía mostrando declaraciones, recursos, análisis y opiniones sobre opiniones de las últimas opiniones más opinadas por los opinadores.—Al final —dijo Andrés— todos aspiramos a lo mismo.—¿A qué?—A que hablen bien de nosotros cuando ya no podamos desmentirlo.—De todas formas, hay una diferencia esencial entre los políticos y los muertos.—¿Cuál?—Que los muertos jamás prometen que todo quedará aclarado en los próximos días.Y durante unos segundos nadie habló. Porque incluso en el bar del Tanata existen silencios que disfrutan de una presunción de inocencia que los vivos llevan décadas intentando recuperar.

Antes de que apareciera el siguiente difunto por la puerta del tanatorio, la televisión salvaba a tres ministros, resucitaba a dos exconsejeros y absolvía preventivamente a media docena de tertulianos. En España la actualidad posee una cualidad insólita: uno puede acostarse con un escándalo ... y despertarse con un experto dispuesto a explicar que, en realidad, todo comenzó en tiempos de los fenicios.

En la pantalla aparecía un político entrando en un juzgado rodeado de cámaras. Caminaba despacio, con esa naturalidad propia de quien no sabe si va a declarar ante un juez o a inaugurar un centro cultural. Andrés observó la escena con la atención de un antropólogo que hubiera descubierto una tribu fascinante.

—Lo extraordinario de este país —dijo— es que hemos conseguido convertir las imputaciones en una etapa natural de la carrera profesional.

—Ahora se llaman investigaciones —corrigió el camarero.

—En España cambiamos el nombre de las cosas con la esperanza de que la realidad se despiste.

—Como llamar «experiencia inmersiva» a hacer cola bajo la lluvia.

—O plan estratégico a un presupuesto con retraso.

El camarero dejó las copas sobre la barra.

—Yo ya no sé quién está investigado y quién simplemente ha salido en una fotografía desafortunada.

—Es normal. Hemos alcanzado un grado de sofisticación democrática admirable. Antes uno hacía oposición, aprobaba unas oposiciones y conseguía un puesto fijo. Ahora uno pasa por una comisión parlamentaria, una comparecencia judicial y finalmente publica unas memorias.

—Y presentación en el Ateneo de Madrid.

"La Unidad Central de Muertos Relevantes sería un organismo independiente, como todos los organismos que dependen del mismo. Como la Fiscalía"

—Aquí, sin embargo, las cosas son distintas.

—Porque los muertos tienen algo que los políticos jamás tendrán.

—No estoy tan seguro. Si pudiéramos citar a declarar a los muertos ya habría una unidad especializada.

—¿La Unidad Central de Muertos Relevantes?

—De ninguno. Sería un organismo independiente, como todos los organismos que dependen del mismo. Como la Fiscalía.

—Lo de siempre. Herencias, secretos familiares, promesas incumplidas.

—Las familias españolas son infinitas. Sólo terminan cuando desaparece el último primo que recuerda quién se quedó con las copas de Sèvres.

El camarero apoyó los codos en la barra.

—¿Y de qué se acusaría exactamente a los difuntos?

"Hay familias que llevan treinta años buscando documentos con la intensidad de un equipo arqueológico"

—De ocultación continuada de información relevante.

—La ubicación exacta de las escrituras.

—Muy grave. Hay familias que llevan treinta años buscando documentos con la intensidad de un equipo arqueológico.

—Todos los tíos esconden dinero en libros.

—Porque es el único lugar donde saben que nadie va a mirar.

Reímos. La televisión mostraba ahora imágenes de periodistas aguardando ante un juzgado.

—Hay algo profundamente teatral en todo esto —continuó Andrés—. Entras serio, sales serio y después veinte personas analizan si tu nivel de seriedad era compatible con la inocencia.

—¿Existe un grado óptimo de seriedad?

—Claro. Si sonríes demasiado eres culpable. Si estás demasiado serio eres culpable. Si pareces tranquilo es porque ocultas algo. Y si pareces nervioso es porque te han descubierto.

—Entonces la única solución es desaparecer.

—Otros fundan un partido nuevo. Que viene a ser una forma elegante de desaparecer.

Andrés miró hacia la puerta del tanatorio.

"Las familias españolas funcionan exactamente igual que una investigación judicial: nadie recuerda los hechos, pero todos tienen una teoría definitiva"

—Imagínatelo: «Don Ricardo, investigado por afirmar durante cuarenta y cinco años que no tenía nada».

—Ocultación dolosa del mando de la televisión.

—Eso sí merece prisión permanente revisable.

—No existe pena suficiente para alguien que fallece sin revelar dónde guarda las llaves del trastero.

El camarero soltó una carcajada y Andrés levantó la copa.

—Las familias son el único lugar donde la instrucción de una causa puede durar cuatro generaciones.

—Y donde aparecen nuevos testigos en todas las cenas de Navidad.

—«Yo siempre supe que tu abuelo tenía otra libreta».

—Las familias españolas funcionan exactamente igual que una investigación judicial: nadie recuerda los hechos, pero todos tienen una teoría definitiva.

En la televisión aparecieron expertos explicando gráficos.

—Porque hoy son juristas, mañana seleccionadores nacionales y pasado, si me apuras, opositores en excedencia para cacarear en el plató.

—Hay gente que sabe distinguir una providencia de un auto.

—¿Crees que los muertos tendrían abogados?

"Llega un momento en la vida en que uno descubre que pasa más tiempo explicando lo que quiso decir que diciendo cosas"

El camarero miró de nuevo hacia el tanatorio.

—Prohibición de aparecerse en sueños a los herederos.

—Retirada inmediata de fotografías comprometedoras.

—Las de las vacaciones en Benidorm de mil novecientos setenta y nueve.

Se hizo un pequeño silencio. Entró un hombre, pidió un café y preguntó que hasta cuándo soportaremos estas olas de calor. Siempre me ha parecido admirable la confianza que tiene la gente en el tiempo atmosférico. Saben que lleva siglos equivocándose y aun así siguen preguntando. Andrés lo observó alejarse y comentó:

—¿Sabes cuál es la verdadera diferencia entre los vivos y los muertos?

—Que los muertos ya no tienen que justificarse.

—Al contrario. Es una liberación extraordinaria.

—Porque llega un momento en la vida en que uno descubre que pasa más tiempo explicando lo que quiso decir que diciendo cosas.

"La diferencia esencial entre los políticos y los muertos es que los muertos jamás prometen que todo quedará aclarado en los próximos días"

Todos miramos hacia el tanatorio al escuchar bullicio. Entraba una familia. Salía otra. Una señora fumaba junto a la puerta. Un hombre hablaba por teléfono y la televisión seguía mostrando declaraciones, recursos, análisis y opiniones sobre opiniones de las últimas opiniones más opinadas por los opinadores.

—Al final —dijo Andrés— todos aspiramos a lo mismo.

—A que hablen bien de nosotros cuando ya no podamos desmentirlo.

—De todas formas, hay una diferencia esencial entre los políticos y los muertos.

—Que los muertos jamás prometen que todo quedará aclarado en los próximos días.

Y durante unos segundos nadie habló. Porque incluso en el bar del Tanata existen silencios que disfrutan de una presunción de inocencia que los vivos llevan décadas intentando recuperar.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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