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La vida en pausa de la 'generación sándwich'

La vida en pausa de la 'generación sándwich'
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Miles de personas asumen el coste emocional, económico y laboral de cuidar simultáneamente a hijos y padres mayores o dependientes
La vida en pausa de la 'generación sándwich'

Miles de personas asumen el coste emocional, económico y laboral de cuidar simultáneamente a hijos y padres mayores o dependientes

Regala esta noticia Añádenos en Google Eva Cruzado pasea a su madre, junto a su marido y su hija. (Marilú Báez)

Susana Zamora

07/06/2026 a las 09:24h.

La escena se repite cada día en miles de hogares: un hijo que adelanta su jornada para llevar a su madre al médico; una mujer ... que responde correos mientras organiza la medicación de su padre; una pareja que encaja turnos imposibles entre los niños y las visitas al hospital. Son parte de la llamada «generación sándwich», un concepto acuñado en 1981 por la profesora de la Universidad de Kentucky Dorothy A. Miller para describir a las personas de entre 40 y 55 años que sostienen simultáneamente el cuidado de sus hijos y de sus padres dependientes.

Las personas encuestadas dedican una media de 21,5 horas semanales al cuidado de un familiar y tres de cada cuatro admiten haber renunciado a parte de su vida: ocio, descanso o tiempo con amigos y familiares. «Muchas veces hablamos de datos, pero detrás de ellos hay personas sufriendo», advierte Rebeca Cáceres, doctora en Psicología y psicoterapeuta especializada en acompañamiento a cuidadores. El desgaste, señala, no es solo físico: afecta a la pareja, al proyecto vital y a la percepción de uno mismo.

Uno de los patrones más frecuentes en consulta es la «visión túnel». Las necesidades de la persona dependiente terminan ocupándolo todo. «El riesgo más frecuente es olvidarse de uno mismo y de que hay más vida alrededor», explica Cáceres, que insiste en mantener cierta estabilidad personal: «Para que todas las áreas de la vida estén en equilibrio, primero tiene que estarlo la persona cuidadora».

La factura también es laboral y económica. Muchas personas reducen jornadas o frenan proyectos profesionales; un 19,1% reconoce que no puede costear otra alternativa de cuidado y un 12,2% afronta esta responsabilidad en solitario.

«El riesgo más frecuente es olvidarse de uno mismo y de que hay más vida alrededor»

Rebeca Cáceres

Doctora de Psicología

El perfil que dibuja el estudio es mayoritariamente femenino: mujer, de 48 años y cuidadora principal. Ellas representan casi dos tercios de quienes sostienen estos cuidados, normalmente dirigidos a padres mayores de 81 años y con algún grado de dependencia. Aunque Cáceres percibe avances en la corresponsabilidad masculina, cree que persiste una herencia cultural.

La especialista defiende que no hay cuidados sostenibles sin una red de apoyo formada por familia, amistades, sanitarios, trabajadores sociales y otras personas cuidadoras. «Compartir con alguien que entiende lo que estás viviendo produce alivio», afirma. Pero alerta también del riesgo de encerrarse únicamente en círculos de cuidadores.

La culpa, añade, aparece de forma recurrente cuando quien cuida intenta reservarse tiempo propio. «No se trata de culpa, sino de responsabilidad. Si tú no te cuidas, tampoco vas a poder cuidar bien».

En este sentido, el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Francisco José Tarazona, pone el foco en ellos y advierte de la necesidad de mirar hacia quienes sostienen esos cuidados invisibles. «Cuidar a la persona cuidadora es velar también por nuestras personas mayores».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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