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La vida en tres puntos clave: la IA nos ahorra tiempo pero nos quita la historia

La vida en tres puntos clave: la IA nos ahorra tiempo pero nos quita la historia
Artículo Completo 723 palabras
Hace unos días me sorprendí a mí mismo haciendo algo que hace cinco años me habría parecido un sacrilegio. Tenía delante un reportaje de esos que guardas para leer el domingo por la mañana. 5.000 palabras, una firma de prestigio y un diseñazo. Un texto de los que piden calma. Y cuando no llevaba ni dos frases, busqué por instinto el botón de 'resumir' que ahora corona mi navegador. Nueve líneas. Eso era todo el resumen. No fue por falta de interés, fue más bien por esa urgencia moderna que nos susurra que dedicar veinte minutos a una sola idea es una cosa ineficiente. Al cuarto de hora no recordaba casi nada de esas nueve líneas. Tenía la información, pero no tenía el conocimiento. Estamos convirtiendo la lectura en un trámite administrativo. Lo que empezó como una herramienta de supervivencia para lidiar con la avalancha de correos del trabajo o algunos hilos de Reddit que se explayan demasiado ha colonizado nuestra capacidad de asombro. En Xataka Tímidos del mundo, estamos perdiendo Internet En 2026 la IA no solo nos ayuda a escribir, también nos está enseñando a no leer. O aún peor: nos está convenciendo de que el camino es un estorbo para llegar al destino. Es la victoria definitiva del TLDR sobre la curiosidad. El problema de externalizar la digestión es que partimos de una premisa falsa: que la sustancia de las cosas es lo único que importa. Pero en la cultura, la información o en una simple conversación, la sustancia a veces es lo de menos. Pídele a una IA que te resuma El Quijote y te dirá que va de un manchego zumbado por leer demasiado que confunde molinos con gigantes. Tienes el dato, pero no has escuchado las conversaciones con Sancho por los caminos. No has sentido la amargura a pie de playa en Barcelona ni la lucidez de quien recupera la cordura para darse cuenta de que el mundo, sin su locura, es un sitio gris. La tecnología, en ese empeño por eliminarnos fricciones (paradójico siendo quien nos ha encasquetado las notificaciones) nos está quitando el tejido de la experiencia. Los silencios y los matices son lo que fija la memoria. Lo cachondo es para qué estamos usando ese tiempo que supuestamente ahorramos al no leer. No es para pensar profundamente ni para pasear sin móvil y darle al coco, sino para consumir todavía más resúmenes. Es un loop infinito (pun intended) de eficiencia vacía. Optimizamos el consumo de información para poder ingerir más información que a su vez resumimos en el próximo scroll. Así nos convertimos en archivistas de una vida que no llegamos a presenciar. Guardamos, sintetizamos y archivamos, pero no habitamos nada. Estamos llegando a una fase en la que el estatus de verdad, el lujo intelectual de nuestra era, no es ser muy listo ni estar al día de todo gracias a nuestro agente de IA, sino en ser capaz de sostener la atención. El prestigio es de quien se puede permitir el despilfarro de leer un texto de principio a fin, de escuchar un podcast sin saltarse los silencios ni ponerlo a 1,75x. O de acabar de ver una película sin haber echado mano del móvil durante las dos horas. La eficiencia es una métrica estupenda para una cadena de montaje o para un servidor de AWS, pero si dejamos que guíe el ocio de una vida humana, nos estamos volviendo un poco miserables. Empezamos optimizando cada minuto para acabar dejándolo todo en una lista de tres puntos clave. O en un resumen de nueve líneas. Pero la vida no se puede resumir. En Xataka | Hay una generación trabajando gratis como documentalista de su propia vida: no son influencers pero actúan como si lo fueran Imagen destacada | Xataka - La noticia La vida en tres puntos clave: la IA nos ahorra tiempo pero nos quita la historia fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .
La vida en tres puntos clave: la IA nos ahorra tiempo pero nos quita la historia

La obsesión por el resumen inteligente nos está regalando el dato pero nos roba la experiencia

1 comentarioFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-02-09T08:01:53Z

Javier Lacort

Editor Senior - Tech

Javier Lacort

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Hace unos días me sorprendí a mí mismo haciendo algo que hace cinco años me habría parecido un sacrilegio. Tenía delante un reportaje de esos que guardas para leer el domingo por la mañana. 5.000 palabras, una firma de prestigio y un diseñazo. Un texto de los que piden calma. Y cuando no llevaba ni dos frases, busqué por instinto el botón de 'resumir' que ahora corona mi navegador.

Nueve líneas. Eso era todo el resumen.

No fue por falta de interés, fue más bien por esa urgencia moderna que nos susurra que dedicar veinte minutos a una sola idea es una cosa ineficiente. Al cuarto de hora no recordaba casi nada de esas nueve líneas. Tenía la información, pero no tenía el conocimiento.

Estamos convirtiendo la lectura en un trámite administrativo. Lo que empezó como una herramienta de supervivencia para lidiar con la avalancha de correos del trabajo o algunos hilos de Reddit que se explayan demasiado ha colonizado nuestra capacidad de asombro.

En XatakaTímidos del mundo, estamos perdiendo Internet

En 2026 la IA no solo nos ayuda a escribir, también nos está enseñando a no leer. O aún peor: nos está convenciendo de que el camino es un estorbo para llegar al destino. Es la victoria definitiva del TLDR sobre la curiosidad.

El problema de externalizar la digestión es que partimos de una premisa falsa: que la sustancia de las cosas es lo único que importa. Pero en la cultura, la información o en una simple conversación, la sustancia a veces es lo de menos. Pídele a una IA que te resuma El Quijote y te dirá que va de un manchego zumbado por leer demasiado que confunde molinos con gigantes.

Tienes el dato, pero no has escuchado las conversaciones con Sancho por los caminos. No has sentido la amargura a pie de playa en Barcelona ni la lucidez de quien recupera la cordura para darse cuenta de que el mundo, sin su locura, es un sitio gris.

La tecnología, en ese empeño por eliminarnos fricciones (paradójico siendo quien nos ha encasquetado las notificaciones) nos está quitando el tejido de la experiencia. Los silencios y los matices son lo que fija la memoria.

Lo cachondo es para qué estamos usando ese tiempo que supuestamente ahorramos al no leer. No es para pensar profundamente ni para pasear sin móvil y darle al coco, sino para consumir todavía más resúmenes. Es un loop infinito (pun intended) de eficiencia vacía. Optimizamos el consumo de información para poder ingerir más información que a su vez resumimos en el próximo scroll.

Así nos convertimos en archivistas de una vida que no llegamos a presenciar. Guardamos, sintetizamos y archivamos, pero no habitamos nada.

Estamos llegando a una fase en la que el estatus de verdad, el lujo intelectual de nuestra era, no es ser muy listo ni estar al día de todo gracias a nuestro agente de IA, sino en ser capaz de sostener la atención. El prestigio es de quien se puede permitir el despilfarro de leer un texto de principio a fin, de escuchar un podcast sin saltarse los silencios ni ponerlo a 1,75x. O de acabar de ver una película sin haber echado mano del móvil durante las dos horas.

La eficiencia es una métrica estupenda para una cadena de montaje o para un servidor de AWS, pero si dejamos que guíe el ocio de una vida humana, nos estamos volviendo un poco miserables. Empezamos optimizando cada minuto para acabar dejándolo todo en una lista de tres puntos clave. O en un resumen de nueve líneas. Pero la vida no se puede resumir.

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