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Investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) concluyen que el uso intensivo de las redes sociales en adolescentes menores de 16 años se asocia con un aumento de los síntomas depresivos y a partir de esta edad la vulnerabilidad a los efectos adversos de las redes sociales disminuye. por lo que se considera un punto de inflexión en este sentido.
La relación adversa entre el uso de las redes sociales y el aumento de los síntomas cambia con la edad: la capacidad para navegar de forma menos vulnerable en redes sociales se consolida progresivamente con el desarrollo y a partir de los 16 años, el uso de las redes sociales deja de asociarse con el aumento de los síntomas depresivos que sí se observa en etapas más tempranas, según concluye el trabajo publicado en Scientific Reports.
"El verdadero riesgo no radica en el tiempo que los adolescentes pasan en las redes sociales, sino en el denominado "uso problemático", caracterizado por la pérdida de control y los sentimientos de necesidad por conectarse", concluye el estudio, realizado por María Blanquer, Estefanía Estévez, J. Francisco Estévez García y Daniel Lloret de la UHM. Según los autores, "este uso problemático impacta más en la salud mental de los menores que la cantidad de horas frente a la pantalla.
El riesgo aumenta cuando la falta de autorregulación en las redes impide que los adolescentes cumplan sus objetivos cotidianos, lo que provoca consecuencias negativas en su vida diaria", señala Lloret en un comunicado del centro universitario. Es decir, la clave del problema radica en "no poder ejecutar tus planes porque el impulso de las redes te domina".
El objetivo del estudio eras determinar cómo el uso problemático de redes sociales, la frecuencia de uso y el número de seguidores para predecir la evolución de los síntomas depresivos en adolescentes, para lo que evaluaron datos de 2.121 adolescentes (52,38% mujeres) en dos momentos, con una edad media de 13,79 años.
Los hallazgos sugieren que el uso excesivo de redes sociales tiene un impacto diferencial en los síntomas depresivos según su gravedad inicial, siendo más afectados aquellos con síntomas iniciales más severos. Los investigadores identifican diferencias según el género de los adolescentes expuestos a las redes sociales.
En las chicas, los síntomas depresivos aumentan a medida que lo hace el número de seguidores, mientras que en los chicos, en cambio, el efecto aparece como neutro o ligeramente protector. Los resultados revelan que, además, esta relación interactúa con la frecuencia de uso de las redes sociales: en chicas que usan estas plataformas con poca frecuencia, un alto número de seguidores se relaciona con mayores niveles de síntomas depresivos.
"En el caso de las chicas, el tener una mayor exposición debido a un mayor número de seguidores podría estar relacionado con la validación social y la presión estética", reflexiona Blanquer, primera autora del estudio, aunque se trata de una hipótesis que requiere más investigación.
Los hallazgos muestran que la percepción de la audiencia y la exposición digital no afectan a todos los adolescentes de igual manera: la edad, el género y los patrones de uso son determinantes. "El efecto de los seguidores es muy curioso; debemos investigar un poco más cómo influyen", prosigue la investigadora de la UMH.
"Es importante destacar que estos resultados indican que las intervenciones para el uso de redes sociales en adolescentes pueden adaptarse a su estado de salud mental inicial, edad y género; lo que respalda las tendencias regulatorias globales actuales que buscan aumentar la edad mínima para acceder a las plataformas de redes sociales", señalan los autores en el estudio.
El estudio muestra que los adolescentes con vulnerabilidad emocional son los más susceptibles a que el uso problemático de las plataformas intensifique su malestar, y en ellos los síntomas depresivos previos influyen decisivamente en la evolución de la depresión. "El uso problemático de las redes sociales del año anterior, así como el promedio de los dos años siguientes, predice muy bien la sintomatología depresiva; es la variable más fuerte para anticipar la evolución de la depresión".
Por ello, advierten que darle a un niño o un adolescente un smartphone sin educación previa es arriesgado: "enseñamos a conducir a nuestros hijos antes de comprarles un coche o una moto. Si primero les regalas el coche y después les enseñas, ocurren accidentes", ejemplifica Blanquer. La evidencia científica señala los 16 años como un punto de inflexión en el desarrollo, un momento en el que el impacto emocional de las redes se estabiliza.
Franja de edad sin normas
Desde finales de la década de 1990, la expansión de las redes sociales ha transformado radicalmente la interconexión humana, creando nuevas dinámicas de comunicación y colaboración. Sin embargo, el uso saludable y responsable de estas tecnologías sigue siendo un gran desafío, especialmente en poblaciones donde su uso es particularmente frecuente, como los niños y adolescentes.
A la luz de estas conclusiones, los expertos ven fundamental formar a los jóvenes en el uso responsable de las redes sociales y en la gestión de la exposición digita. "A nivel relacional o emocional hay mucho que aprender: privacidad, huella digital, ética, respeto...es lo mínimo que hay que enseñar", reflexiona Lloret, y advierte que la responsabilidad no recae solo en los usuarios: "Prohibir no resuelve el problema. Es un gesto importante, pero no se puede cargar las tintas sobre los propios usuarios, los adolescentes o sus padres y madres".
"Estamos hablando de empresas hipermillonarias, las más ricas del mundo, con una capacidad bestial para modificar la percepción social y la autopercepción. El algoritmo es su producto y debería ser transparente", continúa. "Más allá de la edad, los expertos recuerdan que la protección de los jóvenes no depende solo de prohibiciones, sino también de la combinación de madurez, detección de vulnerabilidades, supervisión, educación y una transparencia real por parte de las plataformas tecnológicas".
Sci Rep 16, 201 (2026). https://doi.org/10.1038/s41598-025-29258-x
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