Sábado, 03 de octubre de 2026 Sáb 03/10/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

Las amenazas de Trump en relación al diésel podrían resultar muy contraproducentes

Las amenazas de Trump en relación al diésel podrían resultar muy contraproducentes
Artículo Completo 1,333 palabras
La prohibición dictada por Nixon de las exportaciones de soja rebajó brevemente los precios internos, pero tuvo enormes costes a largo plazo. Leer
Financial TimesLas amenazas de Trump en relación al diésel podrían resultar muy contraproducentes
  • GILLIAN TETT
Actualizado 2 OCT. 2026 - 15:24Plantación de soja.DREAMSTIMEEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La prohibición dictada por Nixon de las exportaciones de soja rebajó brevemente los precios internos, pero tuvo enormes costes a largo plazo.

Se acerca el momento, y llega el pánico... y también la política de cara a la galería. Este otoño, Chuck Grassley, el senador republicano con más años de servicio, ha observado con consternación cómo las cifras de intención de voto de su partido se desplomaban en medio del malestar popular por la inflación y la guerra de Irán.

Por ello, ante la proximidad de las elecciones de mitad de mandato, él y otros líderes republicanos instan al presidente Donald Trump a prohibir las exportaciones de diésel estadounidense, en un intento por frenar los precios récord que están asfixiando a los votantes.

"¿Por qué el presidente Trump no impone un embargo a las exportaciones de diésel, tal como hicieron los presidentes de los años 70 con los productos agrícolas debido a la inflación de los precios de los alimentos?", escribió Grassley recientemente en redes sociales, aludiendo al embargo de las exportaciones de soja decretado por el presidente Richard Nixon en 1973. "Los altos precios del diésel ESTÁN ACABANDO CON LOS INGRESOS DE LOS AGRICULTORES".

No está claro si Trump seguirá este consejo. Ha declarado que está "considerando muy seriamente" decretar una prohibición. Pero, Chris Wright, su secretario de Energía, se ha opuesto a ello, al igual que los ejecutivos del sector energético estadounidense. Una persona cercana al debate admite a Financial Times que "no tenemos una idea clara de lo que va a hacer", ya que "todo depende de Trump". Así es como funciona Washington hoy en día.

En medio de todo esto, no obstante, subyace una amarga ironía histórica. En la Administración Trump, parece casi natural que los republicanos adopten controles comerciales como herramientas económicas nacionalistas para apaciguar a las fuerzas políticas populistas.

Sin embargo, para el presidente republicano de los años 80 Ronald Reagan —una figura venerada por hombres como Grassley—, tal injerencia en el comercio era un anatema. Y si se analiza a fondo la historia de aquel embargo de soja de 1973, estuvo lejos de ser un éxito.

Es cierto que la prohibición de las exportaciones de Nixon logró contener brevemente los precios internos —razón por la cual a Trump podría interesarle emularla en el caso del diésel—, pero también "generó dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos como proveedor de materias primas básicas", tal como señaló Jonathan Coppess, de la Universidad de Illinois, en un estudio de 2019.

El Gobierno japonés, que dependía de las importaciones de soja estadounidense, estaba tan indignado que en 1974, según Coppess, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón emprendió una inversión a gran escala para desarrollar la región brasileña del Cerrado con el fin de producir soja.

Aquello dio resultados extraordinariamente buenos. De hecho, para 2015 Brasil ya exportaba más soja que Estados Unidos y, lo que resulta bastante llamativo, el año pasado las ventas brasileñas casi duplicaron las estadounidenses.

Más recientemente, Estados Unidos se ha marcado un gol en propia puerta. Hoy en día, China es el mayor consumidor mundial de soja. Sin embargo, la guerra comercial entre Estados Unidos y China iniciada por Trump ha lastrado las ventas estadounidenses en ese país, y los compradores chinos adquieren el producto en Latinoamérica en su lugar. Cuando Trump se reunió este mes con su homólogo chino, Xi Jinping, la soja quedó expresamente excluida de los acuerdos comerciales de reducción de aranceles por valor de 30.000 millones de dólares (26.700 millones de euros) que se anunciaron, para gran indignación de los agricultores estadounidenses.

"Trump ha sido muy beneficioso para el negocio brasileño de la soja", me comentó en tono de broma un importador chino la semana pasada; ahora compra la mayor parte del grano a proveedores de fuera de Estados Unidos. O como escribió Philip Verleger, economista estadounidense especializado en energía, en una publicación reciente en Substack: "[En 1973] Richard Nixon sacrificó el futuro de los agricultores estadounidenses a cambio de unos meses de precios más bajos para el consumidor".

¿Podría una prohibición del diésel repetir esa situación? Funcionarios de la Casa Blanca me aseguran que no, dado que Estados Unidos goza ahora de una posición dominante en el sector de los combustibles fósiles y resulta más difícil cambiar de proveedor de diésel. También insisten en que el suministro de combustible pronto fluirá con libertad a través del estrecho de Ormuz. Quizás sea así.

No obstante, funcionarios de la Administración Trump han hablado con sus aliados de una posible prohibición de las exportaciones y exigido a Europa que libere sus reservas para rebajar los precios. Por ello, durante la reciente reunión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, escuché a ejecutivos y funcionarios gubernamentales no estadounidenses exponer planes para protegerse de la presión sobre los combustibles fósiles mediante la "diversificación", es decir, apostando por las energías renovables.

Esto podría generar nuevas vulnerabilidades: la energía renovable puede ser intermitente, y China domina la cadena de suministro de tecnologías verdes. Sin embargo, estos riesgos parecen menos desalentadores si se comparan con el peligro de quedar a merced de la caprichosa política comercial estadounidense o de los conflictos bélicos en el Golfo Pérsico.

Como me comenta Verleger: "¿Qué país querrá depender ahora de las exportaciones estadounidenses de gas natural, sabiendo que el país podría cortarlas de repente?". Dicho sin rodeos: una de las consecuencias de la guerra de Trump contra Irán es la aceleración de esa transición verde que al presidente tanto le gusta odiar, pero que hará que otros países estén menos expuestos a Estados Unidos.

La Casa Blanca debería prestar atención. Es cierto que una hipotética prohibición del diésel podría reportar réditos políticos a corto plazo. Sin embargo, esto también podría llevar a los grupos energéticos estadounidenses a reducir la producción, impulsando así los precios a medio plazo. Además, dado que una prohibición de las exportaciones de diésel hará que Estados Unidos parezca aún menos fiable de cara a sus aliados, habrá importantes costes a largo plazo. Basta con fijarse en la humilde soja para ver qué sucede cuando la política ignora el poder de las consecuencias imprevistas.

© The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.

Lo que Xi Jinping quiere de esta cumbre con Donald TrumpPor qué Estados Unidos e Irán siguen escalando el conflictoFrancia busca limitar la subida de las pensiones y los salarios públicos en 2027 Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir