José Cobo, arzobispo de Madrid; Juan José Omella, de Barcelona, y los obispos de Canarias, José Mazuelos, y de San Cristóbal de La Laguna, Eloy Alberto Santiago, coinciden en resaltar la importancia histórica de la visita de León XIV. La necesidad de dialogar, la cultura del encuentro, el impulso a la Iglesia diocesana y la lucha por la vida y la dignidad de los más vulnerables son algunos de los términos con los que definen el objetivo del viaje del Papa a España.
Operarios trabajan en la instalación de una de las estructuras que acogerá la misa del Papa en la Plaza de Cibeles.Maria Aguilella PardoEfeMadrid, la ciudad que quiere que León XIV se sienta en casa
José Cobo Cano, arzobispo de MadridTodavía recuerdo el instante exacto en que me lo dijo. El Papa vendrá a Madrid. Escucharlo de su propia voz abrió una conversación entre nosotros. Dialogo que comenzó con la noticia y que continuará a lo largo de los días que pase a nuestro lado.
Un diálogo del Papa con la vida de nuestro Madrid.
La visita del papa León XIV a Madrid es, en primer lugar y por encima de todo, una oportunidad para alegrarnos y dar pasos para entablar un diálogo. Con su persona, con lo que significa y con cuanto nos diga. No solo a los miembros de la Iglesia, sino a quienes quieran escuchar las palabras de alguien que trae la luz, la experiencia y la voz de una Iglesia que, experta en humanidad, camina en la entraña de la historia.
León XIV podrá conocer de primera mano la vida de nuestro Madrid, de la Iglesia y de los retos y diálogos emprendidos con nuestra sociedad. Una visita que comienza atravesando la puerta sagrada de los más pobres y descartados, conociendo cómo nuestra Iglesia, a través de Cáritas, acompaña la vida de los vulnerables, en este caso de las personas sin hogar, y está presente en cualquier espacio de sufrimiento de forma silenciosa y esperanzadora.
Un diálogo con quienes se acercarán.
En Madrid se harán presentes personas llegadas de toda España y de los países vecinos, sobre todo en la Vigilia con los Jóvenes y en la Misa del Corpus Christi en Cibeles. Una muestra más de aquello que la capital siempre ha sido, un cruce de caminos y una ciudad de puertas abiertas, en la que todo el que llega se siente en casa. También el Santo Padre, que encontrará en estos actos multitudinarios el calor de un pueblo que ve en él un referente en el camino de la paz, tan necesaria en el mundo de hoy.
León XIV nos ayudará con su presencia en medio de nosotros a entender la necesidad de dialogar, de tejer redes que nos permitan superar la polarización y el enfrentamiento en el que nuestra sociedad se ha instalado, y hacer así posible la cultura del encuentro. Una necesidad entre todos nosotros, vengamos de donde vengamos y hagamos lo que hagamos en la vida. Pero también, más si cabe, entre nuestros políticos, a quienes se dirigirá en un encuentro histórico en el Congreso para proponerles que la buena política es el camino que la sociedad demanda.
Un diálogo con una Iglesia de rostros diversos.
El Santo Padre también se encontrará con nuestra Iglesia de Madrid, tan diversa en rostros y realidades. Una Iglesia empeñada en caminar juntos: los sacerdotes, la vida religiosa, los laicos… Una sinodalidad que forma parte de la vida de aquellos que vivimos la fe en nuestras parroquias, colegios, movimientos, hermandades, centros caritativos, y en tantos espacios donde la Iglesia se hace presente como semilla del Evangelio. Una Iglesia de bautizados, enviados en misión, que va al encuentro de las personas, asumiendo juntos una responsabilidad compartida.
Y lo hacemos junto a la Virgen María, a quien en Madrid llamamos Almudena, que León XIV quiere saludar y mostrar su amor de hijo para con la Madre. Un encuentro breve, pero cargado de simbolismo, con el que una vez más el Santo Padre manifiesta su devoción por aquella que siempre nos acompaña, a veces oculta en la muralla.
Pero este viaje, un proceso que ha tenido su preparación y del que esperamos frutos abundantes, solo es posible, y es algo que agradezco de corazón, con la ayuda de todos: las diversas administraciones públicas, los empresarios, los miles de voluntarios y de personas que han aportado su importante ayuda, por pequeña que sea, para que León XIV pueda sentirse en casa, y, al alzar la mirada entender que De Madrid al cielo.
El Papa con nosotros
Juan José Omella, arzobispo de BarcelonaEste 10 de junio se cumplen 100 años de la muerte de Antoni Gaudí, el llamado arquitecto de Dios. Fue declarado venerable por el papa Francisco. Ahora, su sucesor, el papa León XIV, vendrá a Barcelona para bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Nos alegramos de que también visite Madrid y Canarias.
El Papa es noticia y la expectación crece a medida que pasan los días. Se ha iniciado la cuenta atrás de un acontecimiento en el que muchas personas quieren estar presentes y participar. Muchos quieren colaborar como voluntarios y otros colaboran materialmente con donativos y otros recursos.
Nuestra diócesis se prepara con fervor e ilusión para recibir al Santo Padre. No podemos dejar escapar esta ocasión única, una oportunidad de oro para escucharle de cerca, para reavivar nuestra fe y nuestra misión evangelizadora. Estamos ilusionados con los preparativos, pero también debemos preparar nuestro interior.
Esta visita tiene un hermoso lema: "Alza la mirada". Acompañados del Papa, alzaremos la mirada y contemplaremos la cruz que corona la torre de Jesucristo de la basílica de la Sagrada Familia, la cual se convertirá así en el templo más alto del mundo. La majestuosa cruz de Jesucristo irradiará luz y la veremos desde muchos puntos de Barcelona. Esta cruz es mucho más que la culminación de una construcción; es parte del sueño hecho realidad de Antoni Gaudí, el cual quería finalizar esta torre mostrando a Jesucristo, el Hijo de Dios, que da su vida por todos nosotros. La Cruz es el signo del inmenso amor de Dios por cada uno de nosotros. Es el signo de la victoria sobre la muerte y el pecado.
En este viaje apostólico, el Papa confirmará en la fe al pueblo de Dios. El Santo Padre pondrá el acento en aspectos esenciales de nuestra vida y de nuestra fe. Será una oportunidad para que escuchemos las palabras frescas del sucesor de Pedro y las alberguemos en nuestro corazón. Su presencia dará un nuevo impulso a nuestra Iglesia diocesana, la animará a avanzar unida y a dar testimonio valiente de la Buena Nueva del Evangelio.
Al cumplirse un año de la tan esperada exclamación «¡Habemus Papam!», será un gozo tener con nosotros al obispo de Roma, el cual, con palabras de san Agustín, nos ha dicho: «Para ustedes soy obispo, entre ustedes soy cristiano». El Papa León XIV va dejando, sutilmente, huella por donde pasa. Nos vamos acostumbrando a su voz, a sus gestos, a su manera de ver el mundo, a su insistencia en sembrar la paz entre los países y entre las personas.
Pidamos a Dios que la visita del papa León XIV nos anime a seguir en la fe, a ser luz y esperanza para los demás, y nos dé la fuerza de ser sembradores de semillas de paz allí donde estemos y adonde vayamos. Que esta visita tan particular nos haga saborear la dulzura del amor de Cristo y nos incite a acercarnos a Él con ilusión. Y es que, como dice San Agustín y seguro que recordará el Santo Padre: "No vamos a Cristo corriendo, sino creyendo, no se acerca uno a Cristo por el movimiento del cuerpo, sino por el afecto del corazón" (TEJ 26,3).
Canarias, esperanza en la frontera del Atlántico
José Mazuelos, obispo de CanariasLa próxima visita del Santo Padre, el Papa León XIV, a la diócesis de Canarias será, sin duda, uno de los acontecimientos más significativos para nuestra Iglesia en los últimos años. Su presencia en Gran Canaria, el próximo 11 de junio, dentro de su viaje apostólico a España, representa mucho más que una etapa en una agenda internacional: es un gesto de cercanía hacia una tierra marcada por el encuentro entre pueblos y, especialmente hoy, por el drama y la esperanza de la migración.
Las islas Canarias han sido históricamente un puente entre continentes. Nuestra identidad atlántica nos ha convertido en lugar de acogida, intercambio y convivencia. Sin embargo, en los últimos años, esa realidad se ha visto atravesada por uno de los mayores desafíos humanitarios de nuestro tiempo: la llegada constante de personas migrantes que arriesgan su vida en el océano buscando un futuro mejor.
Cada cayuco que alcanza nuestras costas lleva consigo mucho más que cifras o titulares. Detrás de cada travesía hay rostros concretos, historias de sufrimiento, familias rotas, jóvenes que huyen de la violencia, del hambre o de la falta absoluta de oportunidades. Pero también hay una fuerza extraordinaria: la esperanza. Quienes emprenden ese viaje imposible nos recuerdan hasta qué punto el ser humano está dispuesto a luchar por la vida y por la dignidad.
Precisamente por eso, la visita del Papa adquiere un profundo significado pastoral y humano. El Santo Padre viene a poner en el centro a las personas, invitándonos a mirar esta realidad no desde la indiferencia o el miedo, sino desde la compasión y la fraternidad. La Iglesia no pretende ofrecer soluciones políticas o técnicas a un fenómeno tan complejo, pero sí quiere recordar un principio fundamental: ninguna persona puede ser reducida a un problema o a una estadística.
Desde hace años, la Iglesia en Canarias intenta responder a esta situación desde la cercanía concreta. Son muchas las parroquias, comunidades religiosas, voluntarios y agentes de pastoral que trabajan silenciosamente para acompañar, escuchar y ayudar a quienes llegan a nuestras islas en condiciones extremas. A través de Cáritas y de la Pastoral de Migraciones, la diócesis procura ofrecer no solo ayuda material, sino también acogida, orientación y esperanza.
La visita papal es también un estímulo para toda nuestra comunidad cristiana. En una sociedad marcada por la secularización y por el cansancio espiritual, la presencia del Sucesor de Pedro nos invita a redescubrir la alegría de la fe y la importancia de vivir el Evangelio con autenticidad. Necesitamos una Iglesia capaz de salir al encuentro de las heridas humanas, cercana a quienes sufren y comprometida con la construcción de una cultura del encuentro.
Además, esta visita puede ayudar a despertar una mayor conciencia social sobre el fenómeno migratorio. Con demasiada frecuencia, el debate público se mueve entre simplificaciones y enfrentamientos ideológicos. La realidad exige serenidad, cooperación internacional y una mirada profundamente humana. No se trata únicamente de gestionar fronteras, sino de defender la dignidad de las personas y promover caminos reales de integración y convivencia.
Nos preparamos para recibir al Santo Padre con gratitud y esperanza. Queremos que su presencia deje una huella duradera en nuestra diócesis y en toda la sociedad canaria. Desde esta frontera atlántica, Canarias desea ofrecer al mundo un mensaje sencillo pero necesario: ninguna vida sobra, nadie debe quedar descartado y la esperanza siempre puede abrir caminos nuevos.
Un sueño que se hace realidad
Eloy Alberto Santiago Santiago, obispo de San Cristóbal de La LagunaEl próximo viernes 12 de junio, nuestra Diócesis de San Cristóbal de La Laguna o Tenerife -integrada por las islas canarias occidentales: La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife- recibe con gozo la visita apostólica del Papa León XIV. Un sueño que se hace realidad.
Se trata de un acontecimiento histórico, pues será la primera vez que un Papa visita estas islas, pero, sobre todo, un momento de comunión eclesial, de sentirnos unidos al Sucesor de Pedro que viene a confirmar nuestra fe y a alentarnos en la misión evangelizadora, en la que el cuidado y atención de los pobres ocupa un lugar especial, como recordó en su primer documento pontificio, la Exhortación Apostólica Dilexi Te.
Entre esos pobres, se encuentran también los inmigrantes, particularmente los que llegan a nuestras costas a través de la mortífera «ruta atlántica» en la que cada año, se calcula, mueren en torno a 6.000 personas. «La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado -afirma León XIV-, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad» (DT, 75).
Estos dos aspectos, el eclesial y el social, quedarán patentes en los actos que León XIV llevará a cabo en nuestra Diócesis. Por un lado, el encuentro con la realidad migratoria en San Cristóbal de La Laguna que constará de dos momentos. Primeramente, la visita al Dispositivo de Acogida de Emergencia «Las Raíces», en el que han llegado a estar acogidos hasta 4000 inmigrantes. El Santo Padre tendrá ocasión de saludar a los allí acogidos y dirigirles unas palabras de aliento, visibilizando así este drama humanitario que requiere una respuesta global e integral, que supera con creces la que los canarios, con generosidad de corazón, estamos dando.
Seguidamente, el Papa se desplazará a la Plaza del Cristo, para el segundo momento de encuentro con la realidad migratoria. Allí escuchará de primera mano el testimonio de inmigrantes y voluntarios de distintas entidades de Iglesia que están trabajando para la integración en la sociedad de las personas migradas, ofreciéndoles acogida y formación.
A continuación, León XIV se desplazará a la Dársena de Los Llanos, en la zona portuaria, tras recorrer algunas de las principales calles de Santa Cruz de Tenerife, para celebrar la Santa Misa con la que finalizará esta primera visita apostólica a España. De esta manera viviremos la comunión eclesial que nace de la comunión eucarística y que en el Papa encuentra el vínculo con aquel que nos preside en la fe y en la caridad.
Tanto los que integramos esta Diócesis como la sociedad en general estamos esperando ilusionados esta anhelada visita que hará realidad el sueño de muchos de nosotros y de nuestros antepasados… acoger al Papa en Tenerife.