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Las empresas de IA tan solo son empresas

Las empresas de IA tan solo son empresas
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Mientras damos el salto hacia una nueva era tecnológica, las viejas normas del capitalismo siguen aplicándose. Leer
Financial TimesLas empresas de IA tan solo son empresas
  • ROBERT ARMSTRONG
Actualizado 30 ABR. 2026 - 17:52El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei.Ruhani KaurEXPANSION

Mientras damos el salto hacia una nueva era tecnológica, las viejas normas del capitalismo siguen aplicándose.

Los entusiastas de la IA descartan la idea de que esta tecnología conduzca al desempleo masivo. Argumentan que mucha gente antes conducía carros tirados por caballos y fabricaba látigos para carruajes. La pérdida de esos empleos frente a los automóviles no provocó colas para recibir ayuda social; al contrario.

Los pesimistas responden que, en el caso de la IA, nosotros no somos los conductores, sino los caballos. La réplica de los optimistas, que la vida de los caballos mejoró al pasar de ser animales de trabajo a artículos de lujo, no ayuda. Basta con observar lo que le sucedió a la población equina en la primera mitad del siglo XX.

Sea cual sea el impacto final de la IA en el desempleo, este debate pone de relieve que la IA es diferente a todas las tecnologías anteriores, con mayor complejidad, mayores ventajas y mayores riesgos: para el trabajo, la ciberseguridad, la defensa nacional, la salud mental, etc. Por lo tanto, quienes la controlan tienen responsabilidades especiales. Todos en la industria de la IA lo reconocen. Esto se expresa en las directrices de OpenAI sobre la "Especificación del Modelo" y en los documentos sobre la materia del CEO de Anthropic, Dario Amodei, que establecen pautas sobre lo que las empresas de IA permitirán que hagan sus modelos.

Pero las empresas de IA y sus modelos seguirán una regla por encima de todas las demás: buscarán maximizar la rentabilidad para sus accionistas, hasta los límites establecidos por la ley. Cuando la ley del beneficio entre en conflicto con los principios internos de la empresa, el beneficio siempre prevalecerá.

No es algo que lamentar. Es el resultado que nuestro sistema de capitalismo corporativo pretendía crear. Nos ha hecho libres y prósperos al fomentar la asunción de riesgos y la creatividad. Y, en la mayoría de los casos, el afán de lucro y el bien común encajan a la perfección. Pero mientras damos un salto hacia una nueva era tecnológica, las antiguas reglas del capitalismo siguen vigentes. Las corporaciones sólo gestionan o pagan por las externalidades económicas que generan cuando se ven obligadas a hacerlo.

Las cantidades de dinero que ha atraído la IA son asombrosas. Los grandes "hiperescaladores" tecnológicos planean invertir más de 600.000 millones de dólares (510.000 millones de euros) en este sector sólo este año. Las start up de IA recaudaron 73.000 millones en el primer trimestre de 2025. OpenAI recaudó 122.000 millones de dólares en una sola ronda de financiación el mes pasado. El capital proviene de personas que exigen una alta rentabilidad y que saben que la industria pronto necesitará más capital para adquirir capacidad de cómputo. Esto garantiza que los ejecutivos excesivamente cautelosos quedarán relegados, y da pie a una carrera armamentística en la que priorizar la seguridad abrirá el camino a la irrelevancia tecnológica.

Amodei argumenta que existe una tensión entre construir sistemas de IA que no "amenacen a la humanidad de forma autónoma" y mantenerse a la vanguardia frente a naciones autoritarias (¿o debería decir nación?) que podrían usar dichos sistemas en nuestra contra.

Antes de que surja esa tensión, los consejeros delegados de las empresas de IA tendrán que encontrar un equilibrio entre seguridad y competencia.Si Amodei o Sam Altman, de OpenAI, logran ese equilibrio de una manera que disguste a sus inversores, serán despedidos. La sensibilidad del sector a las expectativas de crecimiento de los ingresos es extrema. Esta semana, The Wall Street Journal informó que OpenAI no había alcanzado sus objetivos internos de ventas y usuarios. La noticia sacudió a todo el Nasdaq, y OpenAI rápidamente emitió un comunicado calificándola de "clickbait".

Cuando Amodei dice que está "centrado día y noche en cómo alejarnos de los resultados negativos de la IA y acercarnos a los positivos", estoy seguro de que es sincero. También estoy seguro de que, desde el punto de vista de cómo se desarrolla el conflicto entre la rentabilidad y la seguridad de la IA, sus palabras no son más que ruido. A las estructuras de incentivos pertinentes no les importa en qué esté centrado.

Esta simple observación, que algunos de los riesgos creados por la IA sólo pueden ser gestionados por los ciudadanos y no por las empresas, plantea interrogantes difíciles sobre cómo regularla. Resolverlos será complicado. Algunos miedos de las empresas de IA sobre las consecuencias no deseadas se harán realidad.

¿Cómo sería una buena regulación? Dejando de lado las anécdotas, no debería intentar proteger categorías laborales específicas, lo que siempre termina en pagar a personas por ser improductivas. Debería adaptar las herramientas regulatorias a los daños específicos (físicos, digitales, psicológicos, financieros) en lugar de adoptar la forma de una ley monolítica. En cuanto a la responsabilidad, debería tomar en serio el ejemplo de cómo se tratan otros productos útiles pero intrínsecamente peligrosos, como los explosivos, y debería replantear la legislación sobre agentes no humanos. Debería priorizar la responsabilidad, en lugar del deber de las empresas de advertir. El interés de los inversores debe estar en la seguridad.

Pero, de entrada, la clave es rechazar cualquier sugerencia de que este producto es diferente y demasiado complejo para que los ciudadanos puedan opinar al respecto. La IA es nueva; el capitalismo no lo es.

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Fuente original: Leer en Expansión
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