El 16 de marzo de 2023 el rey, Felipe VI, presidió el acto del 30º aniversario de su promoción en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Allí cursó su licenciatura de la que, aseguró, guarda una colección de recuerdos "valiosísima". Y de allí también conserva, además de su inmaculado expediente, experiencias de la que considera "un punto de inflexión en la vida de cualquier estudiante".
Tras 12 años de reinado sobre sus hombros, el monarca le entrega el testigo a la Princesa Leonor, que ayer atravesó por primera vez como universitaria el gran portón de la Carlos III de Madrid bajo la atenta mirada de periodistas, cámaras y alumnos, que quisieron ser testigos del nuevo paso que afronta la heredera.
"Con Leonor, vuelta a empezar", resume Esther, una antigua compañera del monarca en conversaciones con EL MUNDO. Ella, que en su día también fue una de las alumnas que presenció como la realeza bajó del trono para sentarse en el pupitre, recuerda la expectación de aquel día. "Todos queríamos verle", cuenta. Querían conocer al nuevo compañero, saber cómo era, comprobar incluso "lo alto que era". Y durante los primeros días, reconoce, hubo "mucho bullicio". Después, poco a poco, la situación se fue calmando.
La escena es, según relata, un calco de lo ocurrido ayer y que el rector de la universidad, Ángel Arias, describió como "un día de máxima normalidad". El mismo que, con cientos de estudiantes y cámaras asentadas en cada rincón de la facultad, sostuvo por unos segundos la mano de la futura Reina de España, a la que, en una nueva jornada de bienvenida, le deseó "una feliz vida académica".
Arias no dudó en asegurar que está "convencido de que va a tener unos compañeros excelentes y que van a ser muy respetuosos, como lo han sido siempre". Incluso confía en que la normativa de la universidad de prohibir el uso de los teléfonos móviles en las aulas facilitará la estancia de la Princesa Leonor.
El respeto no se pone en duda, pero esa confianza no se traslada a gran parte de los alumnos de su facultad, que se mantienen bastante asépticos. "Me dan pena los que entran. No van a saber lo que es la vida normal", afirmaron Lucía Jiménez y Sara López, estudiantes que cursan su quinto año del doble grado en Ciencias Políticas y Estudios Internacionales y que no son capaces de ver más que "un show".
Otros como Blanca, Carla y Leo, que cursan el tercer año de Ciencias Políticas -la misma carrera que Leonor-, se cuestionan si "ella verdaderamente quiere hacer lo que está haciendo", o si cursa la carrera "porque de verdad le interesa".
Inés Garnica, a diferencia del resto, transmite una sensación de entusiasmo mezclado con nerviosismo. Ella también comienza la universidad, al igual que Leonor. "Yo iba a estudiar su carrera, pero al final me cambié a Derecho y Ciencias Políticas", afirma tras relatar el "choque" que le ha supuesto todo lo vivido durante su primer día. Es consciente de que podía haber compartido clase con la heredera , pero también admite que si "la tengo en clase, no me centro en mi pupitre".
En cambio, Raúl Cancio, letrado del Tribunal Supremo y también ex compañero del monarca, recuerda la época en la que "tu ibas a clase con tu carpeta y tu libro, no con un teléfono". Visualiza al entonces príncipe llegando a la antigua facultad de Derecho en su Lancia. "Venía todos los días" y "no tenía un Maserati ni nada", afirma Cancio, destacando la naturalidad y el sentido común.
A pesar de los escoltas que le acompañaban y que incluso llegaron a licenciarse junto a ellos -según relata-, fuera de las aulas el trato no estaba marcado por la distancia. Quedaban para cenar e incluso todavía, cuando se cruza con el Rey, recuerda esos años en los que "no había ningún trato especial". "En la cafetería, sacaba un billete y estaba la cara de su padre, y le decíamos 'hoy invita tu padre'", rememora.
Pero ahora, Leonor se enfrenta a una universidad muy distinta a la que disfrutó su padre. "Año tras año, el tema de las fotos es insoportable", advierte Cancio. Es lógico, admite, que los estudiantes quieran hacerse una fotografía con la que, en un futuro, pasará a convertirse en Jefa del Estado. Pero la simple presencia de los móviles introduce un actor que podría entorpecer el día a día de la Princesa. "No se pueden poner puertas al campo", sostiene y considera comprensible que la situación se pueda mantener "los tres primeros días, pero con el paso de las semanas se va a normalizar, en la medida de lo posible".
Desde la Carlos III, la tónica habitual de las últimas semanas ha sido la de asegurar la "normalidad" durante el paso de Leonor. Pero no es baladí contar con una princesa rondando por tu propio campus. Según los dos ex compañeros de Felipe VI, la cuestión no está en convertirla en "una alumna más", sino que "se normalice de alguna manera", porque "algo de cordura quedará".
"La Princesa no está más expuesta ahora, sino en cualquier sitio", recuerda Esther, quién explica que una de las enseñanzas que puede tomar de su padre es que la exposición es ya parte de su vida como heredera al trono que es.
Felipe encontró en su facultad una vida en la que, como veinteañero que vive todo por primera vez, encontró la estabilidad. Terminó siendo igual que cualquier otro estudiante con sus libros, clases, cafetería y cenas con compañeros. Ella comienza ahora su bajo los flashes.
Leonor de Borbón y Ortiz abandonó la educación castrense para poner los pies en la universidad con la ambición que muestra aquel que aún tiene por delante cuatro años de carrera. No se puede saber si esa "alumnas más" terminará añorando sus días en las academias de los ejércitos, si se presentará a todas sus clases como sí lo hizo su padre o si la "normalidad" de la que presume su facultad terminará resultando.