- POR JAVIER CABALLERO. FOTOGRAFÍAS DE ÁLVARO FERNÁNDEZ PRIETO
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Se cumplen cinco años desde que los hermanos Mario, Diego y Rafa Sandoval, al frente del biestrellado Coque, adquirieran El Jaral de la Mira. Al abrigo de la Sierra madrileña de Guadarrama, organizan exclusivas celebraciones nupciales cada vez más demandadas por quienes buscan una boda de lujo con alta gastronomía en directo.
El paseo jalonado de fresnos sirve como preámbulo y orgánica declaración de intenciones. Conduce hasta la entrada a esta finca El Jaral de la Mira, donde pasta ganadería brava, espejea laguna y tupidas encinas derraman sus bellotas frente a la gradería verde y granítica de la sierra de Guadarrama. En este bucólico terreno adehesado de San Lorenzo del Escorial (Madrid) encontraron los hermanos Sandoval (Mario, Diego y Rafa) su particular arcadia donde oficiar y celebrar bodas de alto postín.
Celebran hoy un lustro en ella (con el paréntesis de la pandemia) enlazando y maridando gastronomía y emociones inherentes a un enlace: entorno y expertise, suculencia y discreción, logística y escena. Cumplidos los cinco años de singladura y éxito, acometen con más detalle si cabe las bodas de invierno, una tendencia cada día más al alza, convertida en sinónimo de buen gusto y distinción singular. Huyendo de rigores estivales y sudoraciones embozadas en alta costura, muchas parejas ponderan el frescor serrano y el cromatismo de épocas más templadas, donde la tiranía del clima no se cuela entre las conversaciones de los invitados. "El verano ya está muy saturado. Las fechas de mayo a septiembre son las que son. Y están copadas. Entonces, muchas parejas buscan otra época, que también es muy bonita, y hay unos viajes preciosos por el mundo a mejores precios. Además, esos colores ocre tan maravillosos que lo inundan todo hacen que el otoño-invierno sea perfecto para casarse. Nosotros articulamos un menú con gachitas, trufa negra, guisante, caza... Proximidad y frescura. Siempre es cocina al momento y a la vista, para un total de unas ocho horas de evento", desmadeja Mario Sandoval, chef del renombrado Coque (dos estrellas Michelin, 50 años a la vuelta de 2026) y batuta del entramado gastronómico de esta finca El Jaral.
Mesa vestida para una celebración en la finca El Jaral de la Mira con vajilla de La Cartuja.Diversidad de eventos en la Finca El Jaral de la Mira
Desde lo más pantagruélico y multitudinario a lo más íntimo y minimal -ya sean 4.000 o 20 los invitados, literalmente- esta finca El Jaral de la Mira se alfombra con 120 hectáreas de jardines y monte a tijera, repleto de madroños, algarrobos, robles y encinas bajo cuyo milenario ramaje se podría oficiar boda cual ábside sagrado. Viñedos ornamentales (con vocación de hacer vino), plaza de toros y ganadería de 300 cabezas con encaste Domeq, huerto aromático, salones multiusos por si la lluvia se hace presente, bancadas para ceremonias a cielo abierto frente al lago...
El Jaral de la Mira se fundamenta sobre cuatro pilares: "La belleza natural del entorno; la confianza, el servicio y la gastronomía. Hacemos un evento 360, donde nada más franquear la entrada y antes del cóctel la gente ya dice '¡wow!', y la cocina al momento supone el lujo de lo inmediato. Se hacen arroces, chuletas, ventresca de atún, hay corte de jamón, ostras... El cocinero no está en la cocina. Está en el campo. Todo está muy pautado, con un servicio excepcional que sabe lo que se necesita en cada momento, incluso si el tiempo cambia o sucede cualquier incidente o percance. Hay mucha gente que ha venido como invitada y luego ha repetido casándose aquí. Nuestro éxito es el boca a boca de los que aquí disfrutan, porque al final de una boda sacamos más tarde otras cuatro", confiesa Diego Sandoval, jefe de sala de Coque y otro de los comandantes de este enclave.
Las exclusivas bodas de invierno de los hermanos Sandoval en la finca El Jaral de la MiraLa génesis de la adquisición de esta finca acarrea tintes taurinos y aroma de burladero. Con una ancha experiencia previa en bodas y eventos en su "finquita oasis" de Griñón desde 2002, los hermanos buscaban subir al siguiente nivel. En el punto de mira, una quinta rústica en los alrededores de Madrid, en la periferia, y todo aconteció y cristalizó casi por casualidad.
Le preguntaron al respecto al responsable del callejón de la Plaza de Toros de Las Ventas y este les puso en suerte una mujer (viuda de Jardón, legendario empresario taurino) que vendía hacienda justo enfrente de Cuelgamuros. Sentada en la barrera del tendido nueve, atendió a los Sandoval y concertó cita para visitar juntos El Jaral. El flechazo fue mutuo y se dieron el sí quiero inmobiliario en pocas semanas.
Diego resume la historia: "Nos sentamos con ella, nos dio un ágape y todo fue rápido. Le presentamos un proyecto bonito, de continuidad y mejora de la finca. Le contamos que queríamos dar eventos y poner el lugar donde se merece. Acordamos un alquiler con opción a compra. Había tenido ofertas de grupos mexicanos dinero en mano. Pero nos dijo que se quedaba con nuestra oferta, porque había visto ilusión y ganas en nuestras caras". Bingo. El propio Diego prendió la primera mecha al celebrar su enlace en El Jaral de la Mira en 2019, lo que supuso el mejor test para abrir agenda con la máquina bien lubricada.
Diego, Mario Sandoval y Rafa en El Jaral de la Mira, junto a El Escorial (Madrid).Acodados a la sombra de una majestuosa encina, junto a una mesa montada de hilo fino, vajilla de La Cartuja y rotundos cuchillos franceses de Laguiole, los Sandoval han engrasado un equipo con precisión de relojeros suizos. Les avala su hoja de servicios, donde el catering de alta escuela no tiene secretos para ellos. Han casado y dado eventos desde celebridades anónimas a Casa Real, pasando por presentaciones para marcas de lujo o team building donde cohesionar equipos por la vía de la convivencia y lo lúdico.
Las celebraciones "ad hoc" de los hermanos Sandoval
Sin embargo, los tiempos han cambiado. Y este terceto con ellos. Más allá del huevo trufado, la ensalada de bogavante, la lubina o el cochinillo en rulo (histórica y santa trinidad de menú), cada vez más son liturgias y performances diferentes, en cuanto a música y escénica festiva u ornamentación, puesto que una clientela foránea y cosmopolita exige otro tipo de celebración. "Nos adaptamos. Acabamos de dar una boda para unos coreanos, hace unas semanas para unos colombianos, unos hindúes, hemos traído orquesta cubana, batucada... Cocinamos halal, kosher, o hacemos arepas si es el gusto del cliente. Hasta traemos churros y chocolate de San Ginés por la noche para culminar", explica Mario. "Somos pocos los que hacemos bodas y eventos de nivel. Ahora estamos en unos 75 eventos al año. En Griñón eran más de 120", agrega.
Cavilando ya sobre la celebración de cinco décadas de Coque en marzo de 2026, el afán de servicio impecable mueve a estos tres hermanos bien avenidos. "Hay una evolución en el cliente. La gente se ha vuelto más detallista, porque quiere una boda diferente y además tiene mucha más información. Antes se daba mucho más paso a la fiesta y ahora hay una tendencia de que se preocupa mucho más por la calidad de lo que come y de lo que bebe. Estamos preparados para cualquier nivel de exigencia. A fin de cuentas, todos quieren confianza", apostilla Rafa Sandoval, con ese talle adusto y certero de hombre de campo que esconde el torero que fue.
Los Sandoval están además recuperando cultivos: "Tenemos acuerdos para rescatar semillas antiguas en peligro de extinción. Investigamos qué semilleros se usaban aquí en la época de Felipe II y qué puede arraigar mejor. Hemos hecho muchos estudios y muchos injertos para conseguir un producto excelente del siglo XVI que luego se degusta en las bodas, claro", sentencia Rafael. El Jaral se tiñe de tonos rojizos. La tarde echa el telón en este enclave que enamoró al imperial Felipe II y que hoy sirve de marco único donde sellar la unión, duradera o no, de caminos vitales desde 250 euros con dos horas de cóctel, dos de cena y cuatro de barra libre.
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