Fue Alain Peyrefitte quien en 1973 publicó 'Cuando China despierte', que recogía la frase de Napoleón: «Cuando China despierte temblará el mundo.» Años más tarde, 1990, el mismo autor publicaría 'El imperio inmóvil', un ensayo en el que trataba el origen de ... lo que se denominó «las guerras del opio», tras la embajada de Lord MaCartney a Pekín, 1793, con el fin de establecer relaciones diplomáticas con el imperio del Centro y con el emperador, el Hijo del Cielo, entonces un ilustrado y lamaísta Qianlong.
La cosa terminó mal y el otro Imperio, el británico, comenzó la empresa de tratar de cuadrar sus cuentas con China, de la que importaba té y sedas, y demás, con la introducción del opio, producido en cantidades millonarias en la India británica.
Ante las reiteradas denuncias de la corte de Pekín contra tal negocio inglés, comenzaron las negociaciones que terminaron, o empezaron con la Guerra del Opio (1839-1842), asunto del que trata, y de qué manera ejemplar, Julia Lovell, sinóloga de amplios y diversos conocimientos, fruto de extraordinarias investigaciones sobre China, desde el punto de vista histórico. Habría otra andanada decisiva con la segunda guerra anglo-china de 1856-1870.
Ahora se publica en español uno de sus más renombrados trabajos dedicado a los pormenores de tal guerra. Historiográficamente, el libro es tan espeluznante como documentado. Un modelo de análisis histórico en el que los aportes bibliográficos son apabullantes. Pero con ese estilo anglosajón de convertir la erudición en narración. Narrar la historia paso a paso, los pormenores de un conflicto que marcó, a sangre y fuego, el devenir de la China contemporánea.
Y es aquí en donde este soberano ensayo adquiere la dimensión de un certero aviso a navegantes, occidentales por supuesto. Son múltiples las fuentes de las que se nutre Lovell para levantar este monumento a la Historia. Testimonios, correspondencia, informes, diarios, autobiografías componen la arquitectura de sus páginas.
El imperio británico, bajo la idea de abrir la economía y el comercio, introdujo en China el consumo del opio
China es la gran exterioridad de Europa (François Julien). Posee una lengua que no es indoeuropea y una historia que no presenta intercambios esenciales ni influencias intelectuales occidentales hasta época muy tardía. China muestra lo invisible. Nación orgullosa. El imperio británico, bajo la idea de abrir la economía y el comercio, introdujo en China el consumo del opio que, como denunciaron las autoridades manchúes, estaba cercenando a la población.
Los inmensos errores, la corrupción, la inoperancia militar del emperador Daoguang, dinastía Qing, frente a la eficaz industria militar inglesa condujeron a un desastre político de dimensiones históricas que concluyó con el Tratado de Nankín en el que todas y cada una de las exigencias británicas quedaron selladas. Lo cual originó en la historia de China una herida insoslayable que los siglos no consiguieron cerrar, todo lo contrario.
La guerra del opio fue uno de los capítulos clave para entender la visión de una China derrotada y humillada por una potencia occidental que el maoísmo explotaría hasta la náusea. La ecuación de Mao se pretendía, y lo fue, perfecta: la corrupción de la dinastía Qing y la ambición occidental habían conducido a China a la miseria.
No es casual que en la proclama de Mao el 1 de octubre de 1949 afirmara: «Hoy China es una, entera y en pie.» Una, porque había acabado con la Guerra Civil; entera, porque, salvo Hong Kong y Macao (que años más tarde volverían a China) había expulsado a las potencias occidentales de su territorio y en pie, porque trataba de igual a igual a esas potencias occidentales en la configuración de Naciones Unidas. Lo cual indica que, al final, o al principio, el supuesto comunismo maoísta no era sino una versión curiosa de un feroz nacionalismo.
Pero el origen de toda esta escalada se centraba en lo que nos cuenta, y de qué manera tan exhaustiva como brillante, Lovell en su libro. Por ello, China hoy ya ha despertado y conviene, tal y como viene la mano, recomendar acercarse a la historia de la China moderna y, en particular, su relación con Occidente. Se aprenderá mucho del presente. Y, en esto, este libro, vale insistir en ello, es, sencillamente, ejemplar. Nada menos.
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Las guerras del opio, China ya ha despertado
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