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El crimen de Zafra Las manchas de sangre que condenaron a NereaEl informe de los criminalistas de la Guardia Civil fue vital para tumbar la versión de esta mujer que asesinó a su novio a puñaladas cuando estaba tumbado en la cama
Natalia Reigadas
Sábado, 7 de marzo 2026, 07:05
La entrada de la vivienda, protegida por el cordón policial. HoyOcurrió el 9 de julio de 2024 en Zafra, una localidad de 17.000 habitantes de la provincia de Badajoz, en una calle estrecha de casas bajas y blancas. El pasado mes de enero se celebró el juicio y Nerea Fernández fue condenada por asesinato. El jurado popular escuchó múltiples pruebas, entre ellas el testimonio de la acusada, que reconoció el homicidio, pero afirmó que era víctima de malos tratos y que fue en defensa propia. Sin embargo, fue la declaración del criminalista de la Guardia Civil que firmó la inspección ocular la que les impactó. En su veredicto asumieron por completo el análisis de las manchas de sangre que hicieron los especialistas.
¿Qué contaron los rastros de sangre que hicieron descartar la presencia de un desconocido y la defensa propia? En la acera los criminalistas comprobaron que Iván había sufrido un fuerte golpe en la cabeza que causó un reguero debido a que la calle está en cuesta. Todo indicaba que se había producido al desplomarse. Pero además tenía un corte que le atravesaba el tríceps de su brazo izquierdo, dos cortes en la frente y una puñalada en el centro del pecho.
La inspección ocular reveló que la agresión comenzó en el dormitorio con la víctima tumbada y que alguien fregó sangre del suelo tras el crimen
Posteriormente los forenses confirmaron que la herida del pecho fue la que le causó la muerte. Aunque no se veía sangre en la misma, el arma le alcanzó la aorta, hizo que se le acumulase la sangre en torno al corazón e impidió el bombeo de este órgano. No sangró externamente porque la navaja usada atravesó el esternón, un hueso que tiene un centro esponjoso y que taponó la hemorragia. Sin embargo, el resto de heridas (dos en la frente y la del brazo) sí que sangraron profusamente y contaron la historia.
Al entrar en la vivienda lo primero que encontraron los criminalistas fue un reguero de gotas de sangre que llevaba hasta una de las habitaciones. Indicaba que Iván había salido sangrando de ese cuarto, el dormitorio principal, hacia la puerta, donde se podía ver una huella marcada en sangre de cuando la víctima se apoyó antes de salir a la calle, probablemente en busca de ayuda.
Los hallazgos más importantes
En el dormitorio principal fue donde los hallazgos resultaron más importantes, especialmente unas manchas encima del cabecero de la cama. Eran tres salpicaduras, dos a la derecha y una a la izquierda, que los especialistas identificaron como gotas provenientes de un objeto manchado de sangre, es decir, de la navaja al salir del cuerpo tras herirlo. «En lo que respecta al segundo patrón de gotas, conforma un arco de proyección, junto con las manchas de sangre advertidas en el portarretrato y la tulipa de la lámpara de la mesilla de noche, presenta las dimensiones de una salpicadura a baja velocidad (de 2,8 a 3 mm); conforman, al menos, dos unidades de acción; su ángulo de impacto en la superficie es de 19° (indicio 34) y 16° (indicio 35), y muestran las características morfológicas de un patrón de sangre lanzada o arrojada de un objeto manchado de sangre», dice en concreto el informe.
Imágenes que muestran restos de sangre en el cabecero de la cama, en la puerta de salida y la navaja utilizada contra la víctima. HoyEn el juicio, el criminalista interpretó estos rastros como el inicio de la agresión. Indicó que Nerea se colocó a horcajadas encima de su novio, que estaba tumbado en la cama (afectado por el consumo de drogas), le hizo dos cortes en la frente y lo apuñaló en el pecho. Iván huyó hacia fuera y en el pasillo recibió la cuarta puñalada, en el brazo, antes de caer muerto en la calle.
El informe de sangre también señala, inicialmente, que era extraño que no hubiese manchas de sangre en el suelo. El siguiente paso de los criminalistas explicó el porqué. Tras la inspección ocular, repasaron la casa a oscuras echando Bluestar, el reactivo que señala manchas de sangre que no se ven a simple vista. En varias zonas el firme del dormitorio se iluminó con un brillo azul, también la fregona. Se interpretó como que alguien había limpiado tras el crimen.
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Manchas de sangre que reaccionan al reactivo Bluestar. HoyEste no fue el único indicio de manipulación tras los hechos. El informe ocular también destaca la presencia en el pasillo de gotas esqueléticas, es decir, rastros de sangre con un agujero dentro. Esto se forma cuando las gotas se están secando y alguien las pisa, llevándose parte de la proyección.
Más tarde se confirmó esta hipótesis porque la vecina de al lado reveló que poco después de ver a Iván fallecido en la acera, Nerea le había dado tres bolsas de plástico para que las guardara. La Guardia Civil las registró. Eran una especie de maleta improvisada tras el crimen que llevaba ropa de la novia, zapatos, unos juguetes de perro, su DNI y una navaja de 7,5 centímetros de hoja y manchada de sangre.
Nerea Fernández, de 35 años, confesó cuando le mostraron las pruebas, pero alegó que se había defendido cuando su novio trató de matarla tras una discusión por drogas. Él había sido condenado por agredirla unos meses antes; de hecho, había una orden de alejamiento, pero habían retomado la relación.
Nerea Fernández junto a su abogado el día del juicio. JV ArnelasLa versión de la familia del fallecido era muy distinta. Alegaron que ella estaba celosa porque Iván pretendía volver con su exnovia y creen que planificó el ataque.
En el juicio, además del informe de los criminalistas, hubo otros testimonios que no fueron tan perjudiciales para Nerea. Los forenses, por ejemplo, indicaron que el apuñalamiento se produjo durante un forcejeo, los informes de ADN no fueron concluyentes y Toxicología señaló que Iván pudo estar afectado por el alprazolam pero que también consumió un excitante, cocaína, con lo que no se podía concluir fehacientemente que estuviese dormido. Pero para el jurado el testimonio del criminalista fue definitivo y Nerea Fernández está condenada a 22 años de cárcel.
Su abogado, Juan José Collado, ha presentado un recurso contra la sentencia. Alega que se vulneraron los derechos fundamentales de Nerea, que solía residir en la vivienda de los hechos, pero afirma que no dio permiso para que entrasen y no se pidió orden de registro. Si prospera se eliminaría la inspección ocular, la principal prueba de cargo contra ella.
Padre e hijo murieron acuchillados
La muerte de Iván Melo causó una fuerte conmoción en la localidad de Zafra. Tanto su familia como la de su asesina son muy conocidas en el pueblo, pero además se da la circunstancia de que es la segunda muerte violenta en la misma familia.
La cronología de esta tragedia familiar se remonta a 1982. Mientras Iván llegaba al mundo, su padre, Antonio Melo, se veía envuelto en un crimen en el Club Sonia de Los Santos de Maimona que le costaría una condena de doce años de cárcel junto a otras dos personas.
La ironía más amarga llegó años después. Tras cumplir su deuda con la justicia por aquel homicidio, fue Antonio quien terminó siendo la víctima. Una disputa en la Plaza Grande de Zafra acabó con su vida; un caso que se cerró con una condena de cinco años para el agresor al demostrarse que Melo padre había iniciado el altercado.
33 años después de enterrar a su padre, Iván compartió su destino.
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