Los investigadores midieron estas señales acústicas y descubrieron que los impactos de lluvia producen picos de presión de cientos de Pascales, niveles comparables a los que se registran cerca de un motor de avión. Esta energía es suficiente para mover físicamente a la semilla y, con ello, a los estatolitos, pequeñas partículas internas que funcionan como sensores de gravedad dentro de células especializadas. El equipo observó que las vibraciones desplazan estos estatolitos entre 30 y 600 nanómetros, un rango que coincide con los umbrales conocidos para activar respuestas gravitatorias en plantas.
siembra óptimas para la supervivencia de plántulas.Aunque aún no se conoce por completo el propósito evolutivo de esta sensibilidad acústica, los autores sugieren que podría tratarse de un mecanismo adaptativo: la lluvia indica humedad disponible, suelo blando y condiciones favorables para emerger, señales críticas para una semilla que debe decidir cuándo germinar.
“Lo que este estudio dice es que las semillas pueden sentir el sonido de maneras que pueden ayudarlas a sobrevivir. La energía del sonido de la lluvia es suficiente para acelerar el crecimiento de una semilla”, explicó Nicholas Makris, profesor de ingeniería mecánica en el MIT y autor principal del trabajo, en un comunicado.