El sumo pontífice llama a los jóvenes a buscar la verdad y ser «humanos de carne y hueso» ante medio millón de personas en Madrid
Regala esta noticia Añádenos en Google León XIV, en su llegada a la vigilia con los jóvenes. (José Ramón Ladra) 06/06/2026 Actualizado a las 22:20h.León XIV fue directo al corazón de una generación que vive pegada al móvil: «Buscad la verdad». Ante un Paseo de la Castellana desbordado, el ... Papa advirtió a los jóvenes del riesgo de dejarse arrastrar por una vida filtrada por pantallas, algoritmos y voces que prometen certezas rápidas. «Las redes nos engañan y nos cuentan mentiras», les dijo en una vigilia multitudinaria que reunió, según la Delegación del Gobierno, a medio millón de personas en torno a la plaza de Lima.
Antes de que León XIV tomara la palabra, el cardenal José Cobo había dado a la tarde un marco muy madrileño. «En Madrid nos gusta presumir de tener unos colores del cielo especiales. Especialmente cuando cae la tarde», dijo el arzobispo, antes de recordar el dicho popular: «De Madrid al cielo». No era solo una bienvenida. Cobo lo convirtió en una invitación a «mirar alto» y a no quedar encerrados «en lo inmediato ni en la desesperanza».
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primera visita del Papa León XIV a España.
Algunos habían empezado el día cuando Madrid aún dormía. Fernando, Carmen y Laura llegaron en autobús desde Extremadura a las 6.45 de la mañana, con la mezcla de sueño, cansancio y expectación de quienes saben que la jornada va a ser larga. Otros, como Lucía, viajaron desde Vigo y llegaron a la plaza de Lima a las 14.30 horas. Entró de las primeras y consiguió colocarse en primera fila. Desde allí vio al Papa a pocos metros, después de horas de espera bajo el sol.
La organización esperaba 240.000 jóvenes, la Delegación del Gobierno cifró la asistencia en medio millón de personas
Desde las salidas del metro, la corriente humana avanzaba hacia los controles de acceso. Algunos consultaban rutas en el móvil; otros seguían a los voluntarios; muchos simplemente se dejaban llevar por la multitud.
A medida que uno se acercaba a la plaza de Lima, Madrid empezaba a transformarse. Turistas y curiosos compartían aceras con religiosas, sacerdotes, familias y adolescentes que no dejaban de hacerse fotos. Las sombras escaseaban y cada árbol se convertía en refugio improvisado. Bajo ellos se compartían bocadillos, gorras y abanicos.
La música ayudó a construir ese clima. Desde las primeras actuaciones, la plaza entró en calor antes incluso de que llegara el Papa. Los conciertos y los actos previos convirtieron la espera en una celebración colectiva. A las 18.30 horas, los primeros acordes recorrieron la plaza de Lima y se extendieron por la Castellana como una ola. Todavía no había comenzado la vigilia, pero la tarde ya tenía pulso propio.
El calor también dejó escenas de agotamiento. Hubo intervenciones del Samur para atender a personas afectadas por las altas temperaturas y por las largas horas de espera. Como Laura y sus amigas, que habían llegado el viernes desde Logroño y terminaron escuchando al Santo Padre desde una plaza aledaña, sentadas a la sombra de los árboles. No estaban dentro del recinto, «no tenemos edad» respondían entre risas. La escena se repetía en otros puntos: allí donde se podía ver una pantalla, escuchar un altavoz o intuir el escenario, se acumulaban peregrinos dispuestos a seguir la vigilia desde fuera.
Malestar entre los peregrinos
La magnitud de la convocatoria tuvo también su reverso. No todos consiguieron entrar y, conforme avanzaba la tarde, la alegría de muchos convivía con el enfado de quienes se habían quedado fuera después de horas de viaje. Las previsiones habían quedado cortas y los accesos no absorbían el volumen de gente que seguía llegando a la plaza de Lima y a la Castellana.
«No hemos podido entrar, lo escuchamos por los altavoces y desde el móvil lo podemos ver», contaba Luis Sahagún, sentado en las inmediaciones de la plaza de Picasso, junto al paseo de la Castellana.
La plaza de Lima y la Castellana se llenaron de jóvenes, familias, pantallas y banderas en una vigilia marcada por la emoción, el calor y los accesos desbordados
Pese a esas tensiones, el ambiente general mantuvo el tono festivo. En una tarde atravesada por conciertos, pantallas, palmas y móviles, León XIV pidió guardar silencio, liberar el corazón y dialogar con el Señor. Les pidió compartir su camino espiritual y actuar como pastores, educadores y amigos. «Sed humanos», espetó. Y añadió: humanos «de carne y hueso y rostro». No era un remate piadoso, sino una llamada concreta ante la violencia, la guerra y la mentira: ser la chispa de una humanidad nueva.
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