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Libertad de expresión: EEUU y Europa

Libertad de expresión: EEUU y Europa
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Hay un choque cultural entre la libertad de expresión a la europea y la que bendijeron los padres fundadores de Estados Unidos. Leer
Ensayos liberalesLibertad de expresión: EEUU y Europa
  • TOM BURNS MARAÑÓN
4 ENE. 2026 - 23:58Marco Rubio ha prohibido la entrada en Estados Unidos al muy conocido hombre de negocios y político francés Thierry Breton.Benjamin GiretteEXPANSION

Hay un choque cultural entre la libertad de expresión a la europea y la que bendijeron los padres fundadores de Estados Unidos.

La libertad de expresión puede ser un derecho equívoco y engañoso que se defiende con el mismo ardor que se emplea para pisotearlo. El poder preconiza la opinión expresada cuando le es favorable y la elimina cuando no lo es. Este doble rasero se justifica con un cinismo que ninguna de las dos partes quiere admitir porque ambas justifican la censura de lo dicho o publicado con la apelación de un bien mayor que llevan en la cabeza.

La izquierda expulsa a la derecha del foro público porque se ha de arrancar el fascismo antes de que eche raíces en la imaginación de la chusma. Igual sucede a la inversa porque se maldice lo woke, se rechaza la globalización y se teme el 'gran Reemplazo' por inmigrantes musulmanes. Los totalitarismos se tocan en las tácticas que emplean. Y muy pocos dicen, como se dice que dijo Voltaire, "estoy en total desacuerdo con lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".

No lo dice, por ejemplo, Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos y leal como ningún otro a su jefe Donald Trump. Tampoco lo dice el exaltado eurodiputado Raphaël Glucksmann cuyo progenitor, André, fue un maître á penser entre los 'nuevos filósofos' que se hicieron célebres en el alocado mayo del sesenta y ocho. Al igual que su padre, Glucksmann acostumbra a comunicar sus opiniones con mucha bravura.

En estas fechas navideñas, Rubio ha prohibido la entrada en la Norteamérica que gobierna Trump al muy conocido hombre de negocios y político francés Thierry Breton. Hace un par de años y siendo comisario europeo, Breton apadrinó el Reglamento de Servicios Digitales que, so pena de muy fuertes multas, obliga a las empresas propietarias de plataformas en la red a suprimir contenidos que el bloque de los Veintisiete considera ilícitos, falsos y dañinos para el bienestar público.

A Glucksmann le ha faltado tiempo para saltar a la defensa de su paisano Breton y decir "nosotros somos ahora el mundo libre". Según el eurodiputado, y con él un importante segmento de la población europea, Bruselas había actuado con gran sensatez al poner coto al fake news y a los mensajes de odio que propagan las redes. Solo con una política proactiva será posible vivir virtuosamente en libertad.

El reglamento de Breton supuso un choque de trenes con Elon Musk que había comprado la poderosa empresa Twitter, la había rebautizado con el nombre de X y había levantado el veto que la plataforma había impuesto a Donald Trump, aspirante entonces a ser reelegido presidente de Estados Unidos. Musk no tardó en despedir a quienes vigilaban los contenidos de X para evitar desmanes.

Al boicotear a Breton, Rubio notificó en X que "no toleraremos por más tiempo actos escabrosos de censura extraterritorial". Advirtió que la administración estadounidense se movilizaría para prohibir la entrada en el país de "dirigentes del complejo global de censura-industrial".

Glucksmann entró inmediatamente al trapo y denunció la "escandalosa sanción" contra Breton. "Somos europeos," dijo el eurodiputado socialista. "Tenemos que defender nuestras leyes, nuestros principios y nuestros intereses".

Para unos en esta orilla del Atlántico, Rubio y los demás lacayos de Trump, y Musk, el más rico de la pandilla de billonarios tech, son inquisidores disfrazados de libertarios. Para unos en la otra orilla, el Tribunal del Santo Oficio tiene su sede en el edificio Berlaymont de la capital belga y los gobiernos europeos prohíben que se diga lo que no quieren que se sepa. A la postre todos manipulan.

Pero, hay un choque cultural entre la libertad de expresión a la europea que consagró la Revolución Francesa, 1789, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y la libertad de expresión que bendijeron los padres fundadores de Estados Unidos tras la Revolución Americana con la primera enmienda a su Constitución.

El artículo 11 de la declaración francesa afirmó que la libre comunicación de pensamiento y opiniones era uno de "los derechos más preciados del hombre". Todo ciudadano podía hablar, escribir imprimir libremente pero "será responsable de cuantos abusos de esta libertad sean definidos por la ley". La guillotina del terror jacobino impuso una brutal censura.

Los americanos en su Carta de Derechos, 1791, que incluye la primera enmienda a la Constitución, no se refirieron a lo que ley podría hacer sino a lo que la autoridad tenía prohibido: "El Congreso no podrá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de esta; ni limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios".

Más que aranceles, más que gastos militares, más que el secuestro de Maduro, la brecha transatlántica se basa en antagónicos conceptos de libertad.

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Fuente original: Leer en Expansión
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