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Internacional

Listas cerradas: ciudadanos cautivos

Listas cerradas: ciudadanos cautivos
Artículo Completo 895 palabras
En un sistema sano, el político debe rendir cuentas a sus electores y no a la oligarquía del partido que le ha puesto en la candidatura

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Ilustración: José Ibarrola

Jesús Lizcano Álvarez

Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas

Miércoles, 22 de abril 2026, 00:18

... llegar a la urna, esa libertad se reduce a elegir entre varios menús cerrados diseñados en despachos desconocidos. El sistema de listas cerradas y bloqueadas no es solo un mecanismo electoral, es un muro que separa al ciudadano del poder real, convirtiendo la soberanía popular en un cheque en blanco entregado a las cúpulas de los partidos.

Al ser unas listas bloqueadas, el ciudadano se enfrenta a una serie de imposiciones: no puede cambiar el orden. Si dentro de una lista hay un buen candidato, pero hay otro con un historial dudoso, el votante está obligado a tragarse a éste (y a todos los demás) para apoyar al primero. No puede tachar ni eliminar a candidato alguno, por lo que no existe ningún mecanismo para sancionar individualmente la incompetencia o la corrupción. No hay posibilidad de una selección integradora, ya que resulta imposible elegir a los mejores candidatos de distintas listas o sensibilidades para formar un parlamento más plural (como ocurre en las listas abiertas).

Esta rigidez genera una desafección profunda. El votante se siente cautivo y ve que su capacidad de decisión es nula, lo que alimenta la abstención y la sensación de que todos son iguales, ya que todos los partidos responden al mismo patrón de obediencia ciega al aparato.

Las listas cerradas actúan, por tanto, como un filtro de selección adversa. En lugar de atraer a los más brillantes o capaces, el sistema premia la docilidad y la disciplina de partido. El talento político es sustituido por la habilidad para manejarse en las estructuras internas. El resultado es una mediocridad generalizada en la gestión pública, donde los representantes no necesitan ser conocidos ni respetados por los ciudadanos, sino simplemente ser útiles a su líder.

Frente al modelo de listas cerradas, la alternativa de las listas abiertas y/o las listas desbloqueadas surge no solo como una mejora técnica, sino como una exigencia ética para devolver la democracia a los ciudadanos.

La diferencia fundamental entre ambas listas es que en las desbloqueadas, el partido propone una lista, pero el ciudadano tiene el poder de marcar a sus candidatos preferidos. El que más votos recibe de la gente, y no del partido, es quien entra en el parlamento. En las listas abiertas, por su parte, el elector puede elegir candidatos de diferentes listas o partidos, creando su propia representación ideal.

Como ejemplos de listas desbloqueadas (con distintas variantes) podemos mencionar países como Dinamarca, Países Bajos, Bélgica y Austria (en los que se puede alterar el orden en la lista), que son países con altas posiciones en los Índices de calidad democrática y baja corrupción. Por otra parte, utilizan listas abiertas países como Suecia y Finlandia. Y además, países como Suiza y Luxemburgo van más allá utilizando listas abiertas fuertes, en las que el votante puede seleccionar incluso candidatos de listas y partidos diferentes.

Con estos sistemas electorales se obliga a los candidatos a retratarse individualmente y hacer campaña por sí mismos, a conocer en mayor medida a sus electores y a ganarse su confianza personalmente. La relación de poder se invierte: el político empieza a temer al elector y no solo al jefe o cúpula de su partido.

Para desmantelar este sistema de cheques en blanco (que a los partidos siempre les interesará mantener) sería necesaria una reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) al menos en estos puntos: establecer legalmente que las papeletas deben permitir el marcado individual de candidatos. Sustitución de la papeleta única, introduciendo el modelo de papeleta flexible, donde el elector habrá de señalar de forma explícita a quién apoya dentro de la lista. Democratización interna obligatoria: reformar la Ley de Partidos para que las listas, antes de llegar al ciudadano, deban ser producto de elecciones primarias reales y competitivas.

Mantener las listas cerradas, en resumen, supone secuestrar el voto de los ciudadanos, perpetuando una democracia de baja intensidad, así como suponer que los ciudadanos somos menores de edad, incapaces de discernir quién debe representarnos. La libertad política empieza por el derecho a elegir personas, no siglas. Mientras el voto siga estando sometido a una lista cerrada e intocable diseñada por las cúpulas de los partidos, la democracia seguirá siendo una representación teatral donde el guion está escrito de antemano y el ciudadano es solo un espectador que paga la entrada.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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