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Política

Lo que nos dice de Sánchez el indulto a Borràs

Lo que nos dice de Sánchez el indulto a Borràs
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Las ovaciones recibidas por el Rey durante sus visitas a los vecinos afectados por los incendios lanzan un mensaje de unidad -que ya brotó con la DANA- que no debería pasar desapercibido a los dirigentes políticos: la gente quiere soluciones a sus problemas y que se dejen de rollos sectarios.

Más allá de la simpatía personal que pueda o no despertar don Felipe, los aplausos van dirigidos al Jefe del Estado, una figura institucional, neutral, que muchos ciudadanos perciben que está más cerca de ellos y más lejos del lodazal político.

A pesar de esta llamada a entenderse, que contradice el clima de guerra civil de las redes sociales y de la opinión publicada -en la calle no hay una trinchera que divida a esas «dos Españas» de las que hablan la izquierda y Vox-, Pedro Sánchez ha cerrado el curso político haciendo justamente lo contrario: ha avivado la división con una oferta de Pacto de Estado contra la «emergencia climática», que busca básicamente tensionar los acuerdos de PP y Vox en las autonomías que gobiernan, y para el que no ha llamado a Alberto Núñez Feijóo. Y al mismo tiempo indultó a la dirigente de Junts Laura Borràs, condenada por corrupción, y a otros dos afines al PSOE igual de chorizos que ella.

El Gobierno siempre ha justificado las medidas de gracia al nacionalismo por su voluntad de «reconciliación» tras el traumático procés. Un argumento difícil de sostener sin sonrojarse siempre y especialmente en el caso de Borràs, condenada por adjudicar a dedo a un amigo íntimo 18 contratos por valor de 335.700 euros de la Institució de les Lletres Catalanes, entidad que presidía.

Es evidente que con Borràs, el Gobierno realiza el enésimo gesto para recuperar el apoyo de Junts y garantizarse agotar la legislatura. O al menos tener el margen de tiempo suficiente para decidir el momento más propicio para convocar las elecciones. Pero, además, en el indulto anidan un mensaje, una estrategia y un síntoma inquietante de hacia dónde se encamina Sánchez.

1. El mensaje. Con obscenidad y alevosía estival, el Gobierno ha indultado por primera vez a unos corruptos económicos que no tenían coartada ideológica, rompiendo así un tabú ético, cierto pudor por las formas, y dando un primer paso para que, si Sánchez continúa en el poder, puedan indultarse otros cargos socialistas o familiares del presidente condenados por corrupción. Sienta, desde luego, un precedente por el que transitar.

2. La estrategia. Con el indulto a Borràs -a la que no pudieron meter en el pack de la Amnistía-, el Ejecutivo socialista refuerza la narrativa del lawfare y el victimismo nacionalista sobre una supuesta persecución judicial, de la que el sanchismo dice ahora también ser víctima. Como pasó con los indultos y la amnistía a los dirigentes del procés, la medida de gracia con la que se premia a Borràs ha sido velozmente utilizada por Junts para desacreditar al conjunto de los jueces, alentar la purga que prepara el sanchismo y exigir al Gobierno que le garantice total impunidad.

3. El síntoma. Sánchez ya utiliza el indulto político con la arbitrariedad y el descaro del régimen presidencialista norteamericano -lo hizo Biden, lo hace Trump-y avanza por el camino de los hechos consumados y la unilateralidad, debilitando la función del Congreso y otros contra poderes del Estado, en la transformación de la democracia parlamentaria en un sistema presidencialista a su medida.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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