El Baúl de los Mundiales
Locura en Marruecos: la euforia de Hassan II, un entrenador convertido al islam y de regalo... tabacoEn México 1986, el país norteafricano estalló de alegría después de que su selección fuese la primera del continente en superar la fase de grupos de un Mundial
Regala esta noticia Añádenos en Google Marruecos celebra el pase a octavos en México 1986. (Getty)Ángel Luis Menéndez
08/06/2026 Actualizado a las 02:01h.«Marruecos salió como el equipo a batir del grupo, pero sorprendió primero a Polonia y luego a Inglaterra, empatando a cero con ambas. Después ... se dijo que no hacía goles y marcó dos a Portugal en 26 minutos. Los marroquíes están viviendo un sueño que les ha llevado a los octavos de final cuando vinieron a hacer el papel de colista de grupo». Así, en un breve párrafo, quedó resumida para siempre la alegría de todo un país, un milagro deportivo.
Fue el inesperado logro de un equipo sorprendente dirigido por un entrenador peculiar, el brasileño José Faria. Un entrenador que no hablaba ni una palabra de árabe pero cuyos mensajes y consignas, vistos los resultados, llegaron a la perfección a sus pupilos.
Entre otros curiosos argumentos, Faria sostenía que «el fútbol es matemática». Y tras esa decisiva victoria sobre Portugal, que permitió a Marruecos acabar como primero del Grupo F, el técnico brasileño le lanzó un dardo público, medio en broma, al seleccionador luso, José Torres: «Él no sabe que el fútbol es matemática».
La clasificación para octavos de final desató una fiesta nacional sin precedentes en Marruecos. Finalizado el encuentro ante los portugueses, cientos de miles de marroquíes salieron simultáneamente a celebrarlo en las calles de Rabat, Casablanca, Marrakech y Fez. Las principales avenidas se colapsaron con caravanas de automóviles, motocicletas y camiones repletos de aficionados ondeando banderas nacionales. La multitud coreaba los nombres de los héroes de Guadalajara, especialmente el del guardameta Ezaki Badou —fichado posteriormente por el Mallorca— y el goleador Abdelrazak Khairi. Los festejos se prolongaron hasta la madrugada, obligando a comercios y oficinas a abrir más tarde al día siguiente.
El rey Hassan II, ferviente seguidor del equipo, telefoneaba a la delegación en México después de cada partido y felicitaba directamente a José y a los jugadores. Y a su regreso al país, la selección fue escoltada por la guardia real desde el aeropuerto y vitoreada entre pasillos formados por cientos de miles de personas que abarrotaban a su paso carreteras y calles.
Los aficionados marroquíes honraron al equipo que había caído con todos los honores en octavos ante la poderosa Alemania (entonces Alemania Federal), posteriormente subcampeona frente a aquella Argentina del más excepcional Maradona.
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