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Los astronautas de Artemis 2 ya están en la Tierra: culmina con éxito la primera misión tripulada a la Luna en 53 años

Los astronautas de Artemis 2 ya están en la Tierra: culmina con éxito la primera misión tripulada a la Luna en 53 años
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La nave Orión ha amerizado frente a las costas de San Diego, en California, tras casi diez días en el espacio y más de un millón de kilómetros recorridos

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Los astronautas de Artemis 2 ya están en la Tierra: culmina con éxito la primera misión tripulada a la Luna en 53 años

La nave Orión ha amerizado frente a las costas de San Diego, en California, tras casi diez días en el espacio y más de un millón de kilómetros recorridos

Jon Garay

Sábado, 11 de abril 2026, 02:08 | Actualizado 02:47h.

... mensaje que Reid Wiseman se encontró el 11 de febrero de 2017 en una de esas galletitas de la suerte que auguran el futuro y, de paso, tratan de acertar los números del sorteo de la lotería en Estados Unidos. Lo colgó en su cuenta de X -entonces todavía Twitter- con un deseo. «Tal vez la Luna o un viaje a Marte». Por entonces, Wiseman, astronauta desde 2009, ya había viajado al espacio pero faltaban todavía seis años para que fuera elegido comandante de la misión Artemis 2, la que ha llevado al ser humano de vuelta a la órbita lunar 53 años después de que lo hiciera la última de las misiones Apolo. El astronauta estadounidense ha regresado esta madrugada a la Tierra junto a sus compañeros Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen tras un histórico periplo espacial de diez días en el que han recorrido más de un millón de kilómetros.

El amerizaje ha tenido lugar en el Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, en California. Allí, la Orión, frenada por sus once paracaídas, se ha posado 'suavemente' -a una velocidad de unos 32 kilómetros por hora- sobre el mar. Un escuadrón de helicópteros de la Armada estadounidense con base en la Estación Aeronaval de North Island que había seguido su trayectoria desde la reentrada en la atmósfera, el momento más crítico de la misión al tener que hacer frente a los más de 3.000 grados que tiene que soportar la nave, los rescatará y, pasadas dos horas, los trasladará al USS John P. Murtha, un buque de guerra anfibio. Un equipo de buzos se encargará de recuperar la cápsula en la que han convivido desde que el pasado 1 de abril el colosal Space Launch System (SLS) elevara su mole de más de 2.000 toneladas desde Cabo Cañaveral, en Florida. Los cuatro tripulantes serán examinados por los equipos médicos para ser trasladados después a tierra firme y volar a continuación al histórico Centro Espacial de Houston, desde donde la Nasa dirige sus misiones espaciales.

Una perspectiva única de la Luna

«Hola, Luna. Es genial estar de vuelta», escribió la Nasa en X el pasado martes cuando comenzó a divulgar las fotos que los cuatro astronautas habían sacado de la cara oculta de la Luna. Durante más de seis horas, pudieron contemplar la parte del satélite terrestre que siempre permanece oculta desde nuestro planeta. Lo hicieron a una distancia de 6.500 kilómetros, muchos más que los 112 kilómetros en los que sobrevoló la Luna la Apolo 8 en 1970. Esta mayor altura les permitió ver regiones lunares que ningún ser humano había contemplado antes. Vieron una superficie agreste, con cráteres, crestas y antiguos flujos de lava. «Hemos podido contemplar la cara oculta de la Luna y contemplar cosas que ningún otro humano ha visto», reconoció Weisman.

Este es uno de los éxitos científicos de mayor relevancia de una misión concebida como un ensayo para los dos alunizajes previstos en 2028 y la progresiva construcción de una base lunar permanente. Y, ya entrados de lleno en la próxima década, para un futuro salto a Marte. Todo ello en el contexto de una carrera espacial con China, que pretende llevar a sus taikonautas a la Luna antes de 2030. «Nunca seremos los segundos en ningún sitio», dijo Trump cuando habló en directo con los astronautas.

El vuelo ha servido para comprobar el buen funcionamiento del módulo de servicio, la parte de la Orión que hace las veces de despensa de los alimentos y el agua, además de contener el sistema de regulación de la temperatura y el único motor de la nave. Construido por la Agencia Espacial Europea (ESA), todo apunta a que ha pasado el examen con nota. Lo que no ha funcionado tan bien es el inodoro espacial, que se ha convertido en el inesperado protagonista del viaje por su elevadísimo coste -23 millones de dólares- y por sus contínuas averías. Falló apenas pasados unos minutos del despegue y volvió a hacerlo al menos en otras dos ocasiones. «Definitivamente tenemos que mejorar las cañerías», le dijeron con sorna los astronautas a Jared Isaacman, el administrador general de la Nasa.

El viaje ha servido también para estudiar los efectos que la radiación tiene en el organismo humano sin la protección del magnetismo terrestre, uno de los grandes riesgos que corren los astronautas. También se ha analizado cómo se altera el sueño y el sistema inmunitario en el espacio. Para ello, los cuatro astronautas, que han tenido que realizar 30 minutos de ejercicio físico todos los días, han llevado pulseras de actividad para recoger todo tipo de datos sobre su salud. El objetivo, lograr que en futuras misiones los astronautas vuelen mucho más protegidos.

Momentos críticos

Aunque todo ha salido según lo previsto, ha habido tres momentos especialmente críticos: el despegue, los 40 minutos que la nave permaneció incomunicada tras ocultarse detrás de la Luna y la reentrada a la Tierra. El gigantesco SLS, el cohete más potente jamás construido por la Nasa, despegó a las 00.35 horas del pasado lunes pero en realidad debía haberlo hecho dos meses antes, el 1 de febrero. Una fuga de hidrógeno y otro fallo técnico detectado posteriormente obligaron a los ingenieros a revisar de nuevo un artilugio carísimo -cada vuelo cuesta 4.000 millones de dólares- que desde sus inicios ha protagonizado un sinfín de incidentes. Incluso el despegue de esta semana corrió peligro al detectarse varios fallos en el sistema de emergencias.

Los expertos de la agencia espacial norteamericana contaban ya con que cuando la Orión se adentrara en la cara oculta de la Luna, se perdería la comunicación. La razón es que el satélite se interpone entre la nave y la llamada Red del Espacio Profundo (DSN, por sus siglas en inglés), una serie de antenas de gran alcance situadas en Madrid, Camberra (Australia) y Goldstone (Estados Unidos) que sigue su rastro. Durante 50 minutos no hubo forma de saber lo que pasaba en la Orión. «Nos veremos al otro lado», se despidió Victor Glover. «Hola Orión. Estamos listos para traeros a casa», saludaron desde Houston al recuperar el contacto.

El examen final de la misión ha sido la reentrada a la Tierra, una maniobra crítica que dura poco más de diez minutos. El escudo térmico que protege la nave, una especie de armadura con tres capas, debía soportar los más de 3.000 grados que se generan por la fricción con la atmósfera. En la Artemis 1, en diciembre de 2022, sufrió más daños de los esperados. La estrategia de los ingenieros fue simplificar la maniobra para evitar que volviera a desconcharse. Ha funcionado.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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