Las detenidas dicen tener miedo de que sus hijos, adoptados en Uganda, «las violen y asesinen» por la noche
Regala esta noticia Añádenos en Google La detenida Patricia Campos, junto a su pareja también arrestada, a su salida de los juzgados. (Ignacio Cabanes)Ignacio Cabanes
Massamagrell
07/06/2026 Actualizado a las 08:50h.«Hostilidad, miedo y sufrimiento» de los menores en su propia casa, según los informes de los servicios sociales. Así vivían los dos hermanos adoptados ... por Patricia Campos, la primera española que pilotó cazas de combate, detenida esta semana junto a su pareja por presuntos malos tratos a sus hijos, de doce y quince años. Dada la gravedad de los hechos que relatan los menores –refrendados por testigos que tendrán que comparecer ante la autoridad judicial– la Generalitat Valenciana tuvo que asumir la tutela de urgencia de ambos niños tras ser declarados en situación de desamparo.
En las denuncias investigadas por el equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil de Moncada, los menores relatan tanto hechos que serían presuntamente delictivos; los golpes con el cinturón y un empujón por las escaleras por no hacer la cama –el menor sufrió lesiones y estuvo varios días sin salir de casa–, como otros moralmente muy reprobables. Según aseguran, sus madres adoptivas comían siempre primero en el salón y luego les llevaban las sobras a ellos para que comieran en la cocina. No les dejaban celebrar los cumpleaños –solo han podido celebrar dos desde que llegaron– y les prohibían cualquier excursión escolar, esgrimiendo siempre el mismo motivo, «no se lo merecen», y recordándoles en todo momento su origen y lo «desagradecidos» que eran después de haberlos sacado ellas de una vida de miseria en Uganda.
Les hacían hacer flexiones, dominadas y sentadillas, y salir a correr por todo el pueblo si querían cenar. Y en caso de llegar tarde les dejaban durante horas fuera en la calle sin poder entrar en casa.
Por su parte, la expiloto de las Fuerzas Armadas afirma ser una «víctima» de sus hijos y defiende su inocencia. «Nos declaramos completamente en contra del empleo de comportamientos agresivos en la relación con los hijos», señalaba en un comunicado. En el mismo Patricia Campos remarca que los hechos denunciados por sus hijos «son absoluta y radicalmente falsos, así como totalmente contrarios a la realidad del entorno familiar que les hemos procurado desde su llegada en el año 2021».
¿Maltrato infantil o madres excesivamente estrictas?
Las arrestadas negaron el pasado jueves ante la jueza de la plaza dos de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Massamagrell haber maltratado a sus hijos y esgrimieron ser simplemente unas madres excesivamente estrictas en su educación. Durante su interrogatorio no mostraron ningún interés por el estado emocional de sus hijos y su situación actual en el centro de menores.
Esta ausencia de afecto hacia sus hijos, a los que adoptaron en Uganda en 2019 –aunque no pudieron traerlos a España hasta dos años después– coincide con las manifestaciones que ellas mismas han realizado ante la Policía Local, tras interponer hasta cuatro denuncias contra ellos por pequeños hurtos. Incluso afirmaron sentir miedo y dormir encerradas en su habitación por si «las violan o las asesinan» por la noche.
Compañeros del colegio confirman que llegaban hambrientos y que escondían comida entre los arbustos del parque
Otros testigos aseguran que las detenidas han llegado a manifestar en su presencia que sus hijos son «futuros delincuentes». Y cuando el centro escolar comenzó a detectar el posible desamparo de los menores y se entrevistaron con sus madres, estas solo se mostraban preocupadas de las supuestas conductas antisociales que atribuyen a sus hijos, como la comisión de hurtos, demonizando su comportamiento.
Robos para comprar comida
En cambio, los docentes del instituto donde cursa segundo de la ESO el mayor y el colegio público donde estudia el menor, consideran a ambos hermanos alumnos ejemplares. Si bien uno de ellos sí reconoce haber hurtado dinero a un profesor al ver que tenía la mochila abierta, para comprarse cuatro kebabs, un paquete de papas, cocacola y chucherías. Parte de este preciado botín para un niño al que le racionalizan la comida con un candado en la nevera y le niegan alimentos procesados, lo escondió en los arbustos del parque. Esta práctica de esconder comida es también confirmada por sus compañeros, que les llevaban bocadillos cuando estos les decían que sus madres los habían castigado sin comer.
Dentro de este entorno castrense impuesto por las detenidas -ambas exmilitares-, los niños afirman que les obligaban a encargarse de las tareas del hogar, limpiar la casa y planchar la ropa de ellas. La suya no, como corroboran también los profesores, que los veían siempre con la ropa arrugada y desaliñados. Por supuesto, no tenían teléfono móvil, el ordenador solo lo podían usar para practicar ajedrez (otro de los duros castigos fue cuando sorprendió a uno de ellos jugando a un videojuego) y llevaban un mes sin poder ver la televisión.
Miedo a que los devuelvan a Uganda
Los servicios sociales también reflejan en su informe «indicadores objetivos de afectación psicológica severa en los niños». Ambos hermanos coinciden en el miedo extremo que tienen a ser devueltos a su país natal, y que sus madres adoptivas cumplan con esta amenaza reiterada de abandonarlos allí. Más aún después de haber escuchado una conversación telefónica en la que supuestamente éstas estaban planeando llevarlos el próximo mes de agosto.
Tras poner a disposición de las ahora detenidas profesionales que les asesoren y ayuden en las labores educativas de sus hijos ante la desatención de las necesidades terapéuticas de sus hijos, el informe aportado a la causa señala que ambas se muestran reacias a modificar su estilo de crianza.
El mayor de los hermanos ya ha sido explorado y ha declarado en el juzgado de Massamagrell que instruye la causa por presuntos malos tratos. Este ha relatado pormenorizadamente los hechos anteriormente descritos que se vivían en su casa, y dijo tener miedo a seguir viviendo bajo el mismo techo que sus madres. Mientras que el pequeño tendrá que declarar mediante cámara Gesell, según las fuentes consultadas. Tras quedar en libertad y comparecer las detenidas ante la jueza, se acordó como medida cautelar una orden de alejamiento de 500 metros respecto de ambos menores y la prohibición de que se comuniquen con ellos en modo alguno. Los niños están ya bajo la protección de la conselleria de Servicios Sociales e Igualdad, y consta un expediente abierto en la Fiscalía de Menores.
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