participadas por el estado/ Los comicios coinciden con el estreno de la estrategia de las dos empresas de Defensa, mientras un cambio de Gobierno podría provocar un giro en el plan que está desarrollando la 'teleco'.
La convocatoria de elecciones generales pone sobre la mesa el debate sobre la continuidad en sus cargos de los directivos que han sido aupados al poder por el Gobierno del PSOE, como ha ocurrido con varias empresas del Ibex (Indra, Redeia o Telefónica), en el caso de que el PP pueda formar Gobierno.
La convocatoria de elecciones el 29 de noviembre llega en un momento histórico para el sector de la Defensa, con dos empresas tractoras de la industria española como Indra y Navantia lanzando sus planes estratégicos y a falta de que se publiquen las convocatorias de este año de los programas especiales de modernización (PEM).
La campaña electoral es previsible que paralice cualquier iniciativa estratégica en empresas como Indra, participada en un 28% por el Estado a través de la Sepi, y Navantia, que es 100% pública.
También queda por ver cómo se resuelve el reparto de los fondos para los PEM. En su compromiso de destinar un 2% del gasto del PIB a Defensa, España ha implementado esta herramienta para vehicular los fondos destinados al sector.
La convocatoria de los PEM es crucial para que los fondos se activen y se inicien los programas. Sin embargo, al igual que sucedió en 2025, la publicación va con retraso y no parece que la convocatoria de elecciones ayude a agilizar los plazos. Se estimaba que iban a lanzarse en verano y, según fuentes del sector, ahora se esperaban para finales del mes de octubre.
Indra, a la espera
Indra es el gran aglutinador de las inversiones públicas en Defensa y la encargada de hacer que lleguen al resto del sector. La empresa fue la que más fondos de los PEM captó el año pasado, y este año se prevé algo similar.
La compañía nombró el 2 de abril a Ángel Simón nuevo presidente y posteriormente fichó a Josep Maria Recasens de Renault como CEO. Ambos preparan en estos momentos un plan estratégico que se presentará en un Capital Markets Day el 25 de noviembre, cuatro días antes de las elecciones generales.
Indra es una compañía cotizada, aunque el Estado es su primer accionista con el 28%, así como el mayor cliente en el ámbito de la Defensa. Por ello, las elecciones podrían paralizar el plan estratégico de la compañía, ya que en caso de un cambio de signo en el Gobierno es probable que se produzca un cambio en la presidencia de Indra, estratégica dentro de la política de Defensa nacional.
El plan de Navantia
Algo parecido podría pasar en Navantia, compañía 100% pública y cuyo presidente, Ricardo Domínguez, fue nombrado en 2021 y ha sido el encargado de elaborar el plan estratégico, que tiene ambiciosos objetivos de rentabilidad y de nuevos contratos.
El plan de Navantia 2025-2029 contempla duplicar la facturación entre 2024 y 2027, hasta 3.300 millones, y volver a ser rentable en el mismo año, es decir, veinte años después de la última vez en la que logró números negros. En caso de que haya un nuevo Gobierno, puede que haya un cambio en la presidencia de Navantia y que la nueva cúpula fije sus propios objetivos.
En cambio, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), empresa de los hermanos Escribano, se vería menos afectada por un giro en el Gobierno, ya que las desavenencias con Moncloa por su proyecto de fusión con Indra enfrió sus relaciones.
La estrategia de Telefónica
La continuidad de Marc Murtra como presidente de Telefónica también podría estar en duda en el caso de un futuro Gobierno del PP y Vox.
El Estado es accionista de referencia de Telefónica con un 10%. Los otros dos grandes accionistas de la operadora son la saudí STC y CriteriaCaixa, con un 10% cada uno.
No obstante, más allá de la cercanía de Murtra al PSC, su trayectoria como presidente de Telefónica cuenta con argumentos profesionales a favor de su gestión.
Murtra ha tomado decisiones dolorosas, pero necesarias, que se habían postergado por la anterior cúpula: vender aceleradamente Hispanoamérica, asumiendo minusvalías multimillonarias y hacer un profit warning rebajando las previsiones de flujos de caja y recortando un dividendo -que estaba fijado por encima de las posibilidades de la teleco- nada menos que a la mitad. También ha hecho el ERE más ambicioso en años, tocando, por primera vez, el núcleo corporativo.
Todas estas decisiones, junto con la introducción masiva de la IA en los procesos y la apuesta -lógica- por la Defensa, dejan una Telefónica mucho mejor preparada para el futuro que antes, aunque la cotización no haya reconocido esas mejoras.
Es cierto que estas decisiones las ha podido tomar gracias al apoyo del Gobierno, pero también lo es que hace falta coraje, porque otro directivo, sabedor de que sólo tenía dos años seguros -hasta las teóricas elecciones de 2027- podría haber dejado pasar el tiempo.
También es importante la elección de Emilio Gayo, un CEO profesional de la casa -y no un político- para acompañarle en la gestión.
Igualmente es relevante considerar lo que no ha hecho Murtra, como crear un canal de TV al servicio del Gobierno -lo que ahora es La Séptima- que hubiera sido fácil de construir sobre la estructura de Movistar+.
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