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Los complicados dilemas que las amenazas de Trump sobre Groenlandia plantean a la OTAN y a la Unión Europea

Los complicados dilemas que las amenazas de Trump sobre Groenlandia plantean a la OTAN y a la Unión Europea
Artículo Completo 2,219 palabras
La Casa Blanca dijo que “utilizar el ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe”.
Los complicados dilemas que las amenazas de Trump sobre Groenlandia plantean a la OTAN y a la Unión Europea

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Información del artículo
    • Autor, Katya Adler
    • Título del autor, Editora de Europa
  • 8 enero 2026, 03:16 GMT
  • La llamada "Coalición de los Dispuestos", compuesta principalmente por líderes europeos, se reunió esta semana en París con enviados del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para intentar avanzar en un acuerdo de paz sostenible para Ucrania.

    Después de que el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, insistiera en que el plan para poner fin a la guerra con Rusia está "en un 90% del camino", nadie en esa sala quería poner en riesgo el apoyo de los estadounidenses.

    Pero había una inmensa verdad incómoda -con forma de Groenlandia- en esa grandiosa y brillante reunión de París.

    Groenlandia es la isla más grande del mundo: seis veces más grande que Alemania. Se encuentra en el Ártico, pero es un territorio autónomo de Dinamarca.

    Y Donald Trump insiste en que la quiere; la necesita para la seguridad nacional de Estados Unidos.

    La primera ministra de Dinamarca, Mette Federiksen, estaba presente en la reunión de París. Es una aliada de la Unión Europea clave para muchos de los líderes asistentes y una aliada clave de la OTAN para Reino Unido.

    Ninguno de estos países se quiere arriesgar a enemistarse con Donald Trump, pero ante el aumento de la tensión política entre Washington y Copenhague, seis grandes potencias europeas, entre ellas Reino Unido, Francia y Alemania, emitieron una declaración conjunta al margen de las conversaciones sobre Ucrania.

    Afirmaron que la seguridad en el Ártico debe lograrse colectivamente, junto con los aliados de la OTAN, incluido Estados Unidos, y que corresponde exclusivamente a Dinamarca y Groenlandia decidir sobre los asuntos que les conciernen.

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    Pero ¿fue eso realmente suficiente para contener las ambiciones de Trump?

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    La respuesta llegó en cuestión de horas: no.

    La Casa Blanca emitió su propio comunicado afirmando que está "considerando diversas opciones" para adquirir Groenlandia, todas unilaterales, incluyendo la compra de la isla.

    Para escalofriante sorpresa de los líderes europeos, el comunicado de la Casa Blanca, difundido por la secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, afirmaba que "utilizar el ejército estadounidense siempre es una opción a disposición del comandante en jefe".

    Cuando este miércoles se le preguntó por este punto, Leavitt respondió que todas las opciones siempre están sobre la mesa, pero que la "primera opción de Trump siempre ha sido la diplomacia".

    Ahora bien, esta no es la primera vez que Trump expresa su intención de tomar Groenlandia, pero, especialmente durante su primer mandato como presidente, muchos en Europa, a puerta cerrada, se burlaron de la idea.

    Tras la controvertida intervención militar de la administración Trump en Venezuela el pasado fin de semana, ya nadie se ríe.

    Europa corre el riesgo de ser pisoteada

    La primera ministra de Dinamarca indicó que las intenciones de Trump con respecto a Groenlandia deben tomarse en serio y los líderes abandonaron la reunión sobre Ucrania muy preocupados.

    Hay que considerar la ironía.

    Varios líderes de naciones europeas y otros líderes, incluidos los de la OTAN y la UE, están tratando de involucrar al gobierno de Trump en la salvaguarda de la futura soberanía de un país europeo (Ucrania) contra las ambiciones territoriales agresivas de una fuerza externa (Rusia).

    Y esto ocurre justo después de que Estados Unidos irrumpiera militarmente en la soberana Venezuela para capturar a su presidente y llevarlo ante la justicia en EE.UU. mientras continúa amenazando activamente la soberanía de otra nación europea (Dinamarca).

    Fuente de la imagen, XNY/Star Max/GC Images

    Pie de foto,

    Para complicar aún más las cosas, Dinamarca y Estados Unidos son miembros de la alianza transatlántica OTAN.

    Según Copenhague, son aliados extremadamente cercanos. O lo eran.

    Dinamarca afirma que si la administración Trump se apropia de Groenlandia de forma unilateral, significará el fin de la alianza de defensa transatlántica de la que Europa ha dependido para su seguridad desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

    Algunos podrían señalar que Trump nunca ha sido un gran partidario de la OTAN. Por decir lo menos.

    Copenhague ha intentado dialogar con la administración Trump sobre Groenlandia.

    En virtud de un acuerdo bilateral, Estados Unidos ya cuenta con una base militar en Groenlandia, establecida al comienzo de la Guerra Fría.

    Ha reducido el número de efectivos allí, de unos 10.000 durante el auge de las operaciones de la Guerra Fría a unos 200, y durante mucho tiempo Estados Unidos fue acusado de descuidar la seguridad del Ártico, hasta ahora.

    Por su parte, Dinamarca se comprometió recientemente a invertir US$4.000 millones en la defensa de Groenlandia, incluyendo barcos, drones y aviones.

    Pero el gobierno de Trump no ha mostrado ningún interés en hablar con los daneses.

    El domingo 4 de enero, el presidente Trump insistió en que Groenlandia es "tan estratégica ahora mismo, que está repleta de barcos rusos y chinos. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional y Dinamarca no va a poder hacerlo".

    Dinamarca refuta esta última afirmación.

    Un funcionario de la UE, bajo condición de anonimato, me dijo: "Toda esta situación ha subrayado, una vez más, la debilidad fundamental de Europa frente a Trump".

    Si bien los vecinos nórdicos de Dinamarca se apresuraron a defenderla verbalmente tras los comentarios de Trump sobre Groenlandia el fin de semana, inicialmente hubo un silencio ensordecedor por parte de los llamados tres grandes de Europa: Londres, París y Berlín.

    Finalmente, el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, declaró el 5 de enero que solo Dinamarca y Groenlandia puedenn decidir el futuro de la isla. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha dicho algo similar en el pasado.

    El presidente francés, Emmanuel Macron, visitó Groenlandia en diciembre en un gesto de solidaridad con Copenhague.

    Y el 7 de enero emitieron una declaración conjunta.

    Pero en el comunicado estaba notablemente ausente la crítica directa a Estados Unidos.

    Fuente de la imagen, NurPhoto via Getty Images

    Pie de foto,

    "Si hubiera habido una declaración conjunta de los 27 socios de la UE, más Reino Unido, aliado de la OTAN, en apoyo de la soberanía danesa, eso habría enviado un mensaje contundente a Washington", me dijo Camille Grand, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

    Grand fue secretario general adjunto de Inversión en Defensa de la OTAN de 2016 a 2022.

    Pero solo seis de los aliados europeos de Dinamarca emitieron esa declaración conjunta.

    Y este es el punto crucial del asunto. La franqueza de Trump, que algunos llaman tácticas intimidatorias, ha puesto a los líderes europeos extremadamente nerviosos.

    En general, han optado por intentar controlar al presidente estadounidense, a menudo en un intento por salvaguardar las relaciones bilaterales, en lugar de plantar cara individualmente o juntos, y arriesgarse a confrontarlo y afrontar posibles consecuencias.

    En el nuevo mundo de la política de las grandes potencias en el que vivimos, donde dominan Estados Unidos y China, junto con otros como Rusia e India, Europa, en el mejor de los casos, parece mantenerse al margen y corre el riesgo de ser pisoteada.

    Cómo la UE se sometió a Trump

    Cada año que he cubierto la política de la UE, he oído cómo el bloque se compromete a desempeñar un papel más importante en el escenario mundial, pero en lo que respecta a Trump, se ha mostrado decididamente débil.

    A finales del año pasado, la UE incumplió su compromiso de apoyar financieramente a Ucrania utilizando activos estatales rusos congelados en sus países.

    Encontraron el dinero por otros medios, pero los críticos afirman que el bloque omitió enviar públicamente un mensaje contundente tanto a Moscú como a la administración Trump, que ha tildado repetidamente a la UE de débil.

    Y en el único ámbito en el que durante mucho el bloque ha hecho alarde internacionalmente —como una gran potencia comercial— una vez más optó por someterse a Trump.

    Cuando EE.UU. impuso aranceles del 15% a los productos de la UE el año pasado, el bloque se tragó su orgullo y prometió no tomar represalias, según fuentes internas, por temor a perder el apoyo estadounidense del que este continente depende para su seguridad y defensa.

    Fuente de la imagen, EPA Shutterstock

    Pie de foto,

    Y ahora están Groenlandia y Dinamarca, donde los países de la UE están profundamente divididos en su actitud hacia el gobierno de Trump y, por lo tanto, en cuánto estarían dispuestos a arriesgarse para apoyar a Copenhague.

    Como resultado, Julianne Smith, embajadora de Estados Unidos ante la OTAN hasta la reelección de Trump como presidente, me dijo que esta situación "corre el riesgo de romper la UE", además de representar un dilema existencial para la OTAN.

    "Europa debería tomar en serio al presidente Trump y a su equipo cuando hablan de 'conseguir' Groenlandia", me dijo Julianne Smith.

    "Eso significa hacer algo más que instar a la moderación", opinó.

    "Las principales potencias europeas podrían empezar a planificar contingencias; considerar cómo aprovechar al máximo las reuniones internacionales, como la próxima Conferencia de Seguridad de Múnich y Davos, donde estarán presentes altos funcionarios estadounidenses; y también considerar ideas audaces e innovadoras como nuevos pactos de defensa".

    Los tratados de la OTAN no distinguen entre un ataque a un aliado por parte de países externos o de otro aliado de la OTAN, pero existe el entendimiento de que el Artículo 5 de la alianza, conocido como su cláusula "todos para uno y uno para todos", no se aplica a un ataque de un país de la OTAN contra otro.

    Tomemos como ejemplo el conflicto entre Turquía y Grecia, ambos estados miembros, por Chipre.

    El peor episodio de violencia se produjo en 1974, cuando Turquía invadió Chipre. La OTAN no intervino, pero su miembro más poderoso, Estados Unidos, pudo ayudar en la mediación.

    Fuente de la imagen, Reuters

    Pie de foto,

    Si volvemos a la geografía, Dinamarca es uno de los aliados más pequeños de la OTAN, aunque muy activo.

    Estados Unidos es el miembro más grande y poderoso de la OTAN, con mucha diferencia.

    El profundo nerviosismo en Europa es palpable en estos momentos.

    Puede que las grandes potencias europeas hayan emitido su declaración conjunta destacando a la OTAN como foro para debatir la seguridad del Ártico e insistiendo en que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir el futuro de las islas, pero ¿hasta dónde llegarían realmente Reino Unido, Francia, Alemania y otros para garantizar esa soberanía?

    "Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia", declaró el lunes con un tono de confianza Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, en una entrevista con CNN.

    Camille Grand, del ECFR, me comentó que las tensiones sobre Groenlandia apuntan —una vez más, según él— "a la necesidad de que los europeos reduzcan su dependencia de seguridad de Estados Unidos y hablen con una sola voz".

    Trump consiguió el verano boreal pasado que todos los aliados de la OTAN, excepto España, se comprometieran a aumentar drásticamente el gasto en su propia defensa.

    Pero Europa sigue dependiendo en gran medida de Estados Unidos en muchas áreas, como la recopilación de inteligencia, el mando y control, y las capacidades aéreas. Washington lo sabe muy bien.

    Fuentes con información privilegiada de la OTAN afirman que, en este momento, incluso en reuniones a puerta cerrada, los estados miembros europeos de la alianza no pueden ni imaginar lo que podría suceder si Washington invadiera Groenlandia militarmente.

    Tal vez tengan que hacerlo.

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Fuente original: Leer en BBC Mundo
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