- JAVIER AYUSO
Comienza una semana más y se repiten los actos y las comparecencias públicas de los políticos españoles para presentar sus últimas propuestas o sencillamente criticar al oponente.
Unas agendas aparentemente muy ocupadas, con muchos anuncios, pocas respuestas a los periodistas... pero sobre todo, sin que ninguno sepa explicar cuál es su proyecto de país. Los españoles se encuentran saturados de mensajes de 120 caracteres, pero huérfanos de un propósito ilusionante de futuro. Como cada lunes, los líderes políticos pugnan por controlar la agenda política y ocupar los espacios más importantes en los medios de comunicación. El presidente del Gobierno hizo ayer doblete al situarse en el centro de la foto de la subida del Salario Mínimo Interprofesional y un anuncio más de construcción de unas viviendas sociales que luego nunca se construyen. Pedro Sánchez tenía la ocasión de hilar la política social del SMI y la económica del nuevo fondo España Crece, pero desperdició su primera comparecencia en atacar a los empresarios y en la segunda se quedó en promesas que ya nadie se cree. El líder socialista tiene un problema serio de credibilidad y se le nota en cada una de sus intervenciones públicas. Es como si ni él mismo se creyera lo que está diciendo y últimamente ha optado por buscarse enemigos en vez de dialogar. En el ámbito internacional, Sánchez no se conforma con ser el principal opositor de Donald Trump o de los empresarios tecnológicos norteamericanos, sino que este fin de semana se ha convertido en el líder europeo con el que nadie quiere hablar y que se opone a las propuestas generales.Alguien le ha debido decir que la única manera de recuperar votos en España es buscarse enemigos exteriores muy poderosos que le ayuden a crear un relato victimista que movilice a sus seguidores.
También en España ha optado por buscarse enemigos y denunciarlos, en vez de ejercer de presidente del Gobierno. Lleva ya mucho tiempo actuando como líder de la oposición, con una estrategia que ya nadie le compra. Consiste en intentar legislar con medidas que no negocia con nadie, que luego pretende aprobar en el Parlamento y que achaca su fracaso a los demás. En el caso de la subida del SMI, su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ha dejado a la CEOE fuera del acuerdo y Sánchez ha aprovechado la ocasión para señalar a los empresarios como enemigos de los trabajadores. Es la historia de nunca acabar. Lo que es extraño es que nadie de su entorno le explique que así no va a ninguna parte. Los resultados electorales y las encuestas sitúan al PSOE en caída libre, sin que se produzca la más mínima autocrítica, e incluso queriendo linchar públicamente a quienes dan la voz de alerta dentro del propio partido. Prefieren seguir aplaudiendo a su líder y mintiendo descaradamente a través del CIS de Tezanos, que ayer mismo les daba una diferencia de diez puntos frente al PP.
Tampoco desde el bando de la derecha se explica un proyecto de país.Alberto Núñez Feijóo lleva años creyendo que ser líder de la oposición solo consiste en oponerse a lo que haga el Gobierno y sigue sin centrarse en anunciar sus propuestas reformistas que le podrían llevar hasta La Moncloa. El lema de acabar con el sanchismo no es suficiente ni para conseguirlo, ni mucho menos para lograr unas mayorías suficientes para gobernar sin ser rehén de Vox. Las campañas para las elecciones en Extremadura y Aragón han vuelto a mostrar esa falta de propuestas ilusionantes, mientras se dejaban arrastrar por los mensajes populistas de sus inevitables socios ultras. Santiago Abascal, que tampoco tiene un proyecto de país ni le importa, sigue surfeando la ola de la indignación y el odio, que le está llevando a ganar votos en todas las elecciones celebradas en los últimos meses. Las encuestas le sitúan ya en el 18% de intención de voto y aunque no haya conseguido superar al PP, como sucede con sus socios de la ultraderecha en otros países europeos, tiene el suficiente poder como para inocular su doctrina tóxica a todas las instituciones en donde participe.
Y en la izquierda a la izquierda del PSOE, el único proyecto que muestran es el de intentar sobrevivir, buscando recuperar una unidad imposible en medio de tantos egos e hiperliderazgos. Aunque lo consigan, nunca podrán presentar propuestas de país, porque tienen que convivir con los nacionalistas e independentistas contrarios al Estado. La izquierda plurinacional es excluyente de la España constitucional. Con este panorama político es curioso que los ciudadanos sigan acudiendo a las urnas, como sucedió en Aragón hace diez días. Debe de ser por una voluntad de cambio ante la experiencia nefasta del actual gobierno, pero no porque haya otras ofertas más ilusionantes sobre la mesa. Felipe González, el mejor presidente del Gobierno de la democracia, explicaba hace pocos días que si hoy hubiera elecciones y se volviera a presentar Pedro Sánchez, votaría en blanco. Cada vez hay más socialdemócratas antisanchistas decepcionados por la deriva actual del PSOE. Lo mismo sucede en el resto del espectro político. El PP no es capaz de ilusionar a unos votantes que apuestan por el cambio, pero no encuentran propuestas interesantes, ni líderes potentes. Solo es capaz de movilizar a las masas Santiago Abascal, que utiliza todos los mecanismos del populismo y que, desgraciadamente, sigue ganando adeptos hasta en la izquierda. Una situación muy preocupante para la gran mayoría de los españoles que se sienten huérfanos de un proyecto de país.
El salario mínimo se ha convertido en el mayor lastre para el campoEl Idus del sanchismoDejar atrás los vetos para revitalizar la UE Comentar ÚLTIMA HORA