Si había dudas sobre los problemas que atraviesa el mercado de deuda privada, los fondos secundarios se están encargando de disiparlas. Los vehículos de este tipo, que, aunque hoy matizado, albergan un enfoque oportunista, están poniendo el radar en el crédito con una intensidad nunca vista. Este auge es indicativo de las dificultades que afronta el sector.
En los últimos años, los secondaries, que invierten en posiciones de inversores primarios en fondos alternativos o compran carteras de activos en bloque, han adquirido mucha popularidad en el mercado global. La ralentización de las ventas y la caída de las distribuciones los ha convertido en una herramienta que pueden utilizar los gestores para ofrecer una vía de salida a los partícipes.
La expansión que viven y el hecho de ser cada vez más habituales han restado algo de fuerza al sesgo oportunista que estos vehículos llevan en el ADN, pero es imposible que quede borrado del todo, porque se trata de una estrategia de inversión que basa buena parte de la previsión de rentabilidad en el descuento que se puede aplicar en la compra.
Crisis y oportunidad
Los fondos secundarios son, por tanto, exponentes absolutos de la consigna que insta a convertir la crisis en oportunidad. En este sentido, no tardan en llegar cuando identifican problemas; huelen la sangre. Y, a la vista de los datos de captación del primer trimestre del año, esto es exactamente lo que están haciendo ahora en el crédito privado.
De enero a marzo, los secondaries dirigidos al mercado de deuda han absorbido 12.200 millones de dólares (en torno a 10.500 millones de euros), según la información recogida por la plataforma de análisis Pitchbook. Este importe trimestral se sitúa en niveles máximos y ya equivale a más del 75% de la bolsa recabada por este este tipo específico de vehículos en los doce meses de 2025.
"La actividad en este segmento se ha acelerado significativamente", constatan los expertos. Tanto que representa más de un tercio (el 35,5%) del valor agregado de 34.300 millones de dólares que han recaudado los fondos secundarios en total -esto es, de todas las estrategias- en el primer cuarto del año. Y solo se han visto superados por los que orientan su apuesta al private equity, con 18.800 millones de dólares, apunta Pichbook.
Esta tendencia revela que los secondaries continúan ampliando su papel como herramienta clave para inversores que buscan flexibilidad y gestión activa de sus carteras, en un contexto de expansión y sofisticación de los mercados alternativos, y la madurez del crédito privado como clase de activo.
No obstante, dicha corriente también es sintomática de la creciente necesidad de instrumentos de liquidez en un sector donde en los últimos meses han ganado protagonismo las preocupaciones alrededor de los reembolsos, el incremento de las tasas de impago y los interrogantes sobre las valoraciones y la rentabilidad potencial, dificultades que hacen augurar la posibilidad de materializar adquisiciones a precios atractivos.
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