- HARRIET CLARFELT, KATE DUGUID Y EMILY HERBERT
Los índices de Wall Street han alcanzado una serie de máximos históricos a pesar de la preocupación por las consecuencias económicas de la guerra con Irán.
Grandes inversores han dado la voz de alarma, destacando que el aumento vertiginoso de los costes de endeudamiento podría desencadenar una corrección en los mercados. Insisten en la creciente desconexión entre las acciones, que experimentan una euforia desmedida, y los bonos, afectados por el temor ante la elevada inflación.
El índice bursátil S&P 500 de Wall Street ha superado una serie de máximos históricos en un repunte impulsado por el sector tecnológico que comenzó a principios de abril, cuando la noticia de un alto el fuego temporal en la guerra de Oriente Próximo llevó a los inversores a volver al mercado.
Por el contrario, la venta masiva de deuda pública ha llevado los rendimientos de los bonos estadounidenses a su nivel más alto en más de un año, ya que los inversores apuestan a que los precios del petróleo, estancados por encima de los 100 dólares el barril, avivarán la inflación e llevarán a los bancos centrales —incluida la Reserva Federal— a subir los tipos de interés.
Esta divergencia ha llevado a algunos grandes gestores de fondos a dudar de que las acciones puedan seguir resistiendo el pesimismo que impera en la renta fija, sobre todo si el aumento de los costes de endeudamiento genera alarma ante las elevadas valoraciones de las acciones de empresas de IA.
"Veremos una corrección; la cuestión no es si ocurrirá, sino cuándo", afirmó Vincent Mortier, director de inversiones de Amundi. Mortier señaló que el mercado de renta variable había registrado un cambio radical de perspectivas, análisis y posicionamiento en tan solo seis semanas, en contraste con la atención que los inversores en deuda prestaban al alza de los precios de combustibles como el diésel, la gasolina y el combustible para aviones, provocada por el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán.
La rentabilidad del bono del Tesoro a 10 años ha subido 0,28 puntos porcentuales desde el alto el fuego inicial, mientras la venta masiva de bonos a nivel mundial se intensifica.
Un indicador de mercado de las expectativas de inflación para el periodo de 12 meses que viene —el swap de inflación a un año— superó el lunes el 4% por primera vez desde principios de 2025.
Sin embargo, el S&P 500 ha ganado un 12% desde el alto el fuego y muestra pocos indicios de que el conflicto en Oriente Próximo vaya a causar daños económicos duraderos.
"Hay una incompatibilidad entre tener las acciones en máximos históricos, los diferenciales de crédito ajustados, un alto optimismo y, al mismo tiempo, que los tipos de interés y los mercados energéticos reflejen un impacto duradero en la economía", afirmó Raphaël Thuin, responsable de estrategias de mercados de capitales de Tikehau Capital.
Las acciones de Wall Street también han superado a sus homólogas europeas, lo que pone de manifiesto la creciente dependencia del repunte de unas pocas acciones tecnológicas y de semiconductores vinculadas a la IA.
Mandy Xu, directora de inteligencia de mercado de derivados en Cboe Global Markets, afirmó que la actividad en el mercado de opciones sobre acciones individuales sugiere que "los tipos de interés más altos no han frenado el posicionamiento alcista extremo", y algunos indicadores se acercan a los mismos niveles que la era de las "acciones meme" de 2021.
La mayor dependencia de Europa de las importaciones de energía ha afectado al optimismo de los operadores respecto a la región. De hecho, al índice Stoxx Europe 600 le está costando trabajo volver a sus niveles anteriores a la guerra.
Para algunos inversores, la excepcional temporada de resultados del primer trimestre fue más que suficiente para compensar la incertidumbre geopolítica en el mercado bursátil. Giles Parkinson, director de renta variable de Trinity Bridge, afirmó que el reciente repunte de las acciones está, de hecho, "por debajo de su potencial" mientras los "beneficios se están disparando".
Por ahora, "los bonos están mostrando una 'bandera amarilla' sobre la inflación, el riesgo de una inflación crónica y la posibilidad de que los altos precios del petróleo acaben frenando la economía", señaló un ejecutivo de gestión de activos. "Las acciones, por su parte, dicen: 'vamos a estirar el optimismo hasta que eso ocurra'
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