- ROBERTO CASADO
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Gestoras como BlackRock, Apollo, KKR, Cliffwater, Blue Owl, Partners Group o UBS limitan las devoluciones de dinero a los partícipes en vehículos privados de crédito, 'private equity' e inmobiliarios.
Uno de los mantras de muchos asesores de inversión a sus clientes en los últimos años ha sido la necesidad de diversificar más allá de las acciones y los bonos, con el objetivo de alcanzar mejores rentabilidades y tener activos relativamente inmunes a la inflación y las subidas de tipos provocadas por el rebote pospandemia y por las subidas de costes energéticos tras la invasión de Ucrania y la guerra en Irán.
Resultado de ello es el auge de la presencia de los inversores minoristas -muchos de ellos usuarios de banca privada con elevados patrimonios- en fondos de mercados privados, es decir, vehículos que invierten en activos no cotizados como créditos, inmuebles e infraestructuras.
Tradicionalmente, estos fondos iban destinados a inversores institucionales, más que a ahorradores particulares, ya que suelen implicar elevadas aportaciones y el bloqueo de ese capital durante los 10 años de vida de esos productos.
Para dar acceso a los minoristas, las gestoras de activos privados -además de rebajar los mínimos de inversión en sus fondos- han creado estructuras semilíquidas, con ventanas que permiten cada cierto tiempo a los partícipes recuperar sus aportaciones.
El fenómeno se ha concentrado en Estados Unidos, donde muchos fondos evergreen (sin fecha de vencimiento) aceptan contribuciones a partir de 25.000 dólares, pero va llegando a Europa, donde hay fondos que permiten poner 10.000 euros.
Según Morgan Stanley, los activos manejados por ese tipo de vehículos en el mercado estadounidense al final de 2025 ascendían a 457.000 millones de dólares (400.000 millones de euros), repartidos en 486 fondos semilíquidos. "Más de la mitad de ellos han sido lanzados en los últimos cuatro años", señala la entidad de Wall Street, cuya propia rama de fondos también ofrece ese producto.
La ola está ya en Europa, donde se estima que los minoristas tienen otros 100.000 millones de euros en mercados privados.
Es decir, en total habría medio billón de euros colocado en esas estructuras semilíquidas por parte de inversores minoristas. La mayor parte de ese dinero está en fondos que invierten en "crédito privado" (préstamos a empresas), aunque también hay capital en vehículos inmobiliarios y de private equity (dedicados a la adquisición de participaciones en compañías no cotizadas).
Tras la ola surgida a partir de 2020, en los últimos meses ha llegado la resaca. Miles de minoristas han reclamado de vuelta sus aportaciones en esos fondos, haciendo que muchas gestoras tengan que limitar el volumen de devoluciones para no tener crisis de liquidez.
En general, esos vehículos evergreen permiten restringir las recuperaciones de cada trimestre al equivalente al 5% del valor de sus activos.
Ante el aluvión de solicitudes, múltiples firmas se han visto obligadas a utilizar esa cláusula y bloquear las ventanas de sus fondos. El HPS Corporate Lending Fund, de BlackRock, recibió peticiones por 1.600 millones de dólares en el segundo trimestre, un 13% del valor de su cartera. Solo devolvió 620 millones de dólares, un 5%.
Vehículos manejados por Apollo, KKR, Cliffwater, Blue Owl, Blackstone, Monroe Capital también han tenido que cerrar las ventanas de liquidez.
El principal miedo está en el ámbito del crédito privado, pero ha llegado también a fondos con otros tipos de activos, sobre todo en Europa. La firma suiza Partners Groupha bloqueado un vehículo evergreen que invierte en capital riesgo; y UBS ha hecho lo mismo en un fondo especializado en el sector inmobiliario alemán.
Hay varios motivos que explican el temor de los inversores. El principal es el miedo a una crisis en el crédito privado. En los últimos meses, las bancarrotas de firmas como First Brands, Tricolor y MFS desataron la preocupación a que se produjeran muchos más casos de este tipo en empresas financiadas por fondos, temor reflejado en la comparación de esos problemas con "cucarachas" por parte de Jamie Dimon, presidente de JPMorgan.
Esa cautela se ha visto acrecentada por el auge de la inteligencia artificial (IA), que podría golpear el modelo de negocio de muchas firmas de servicios de software, que suponen alrededor del 20% de las carteras de las fondos de crédito.
La guerra de Irán y la posibilidad de nuevas subidas de tipos de interés para combatir la inflación es otro factor detrás de la crisis del crédito.
Por último, hay minoristas que ante las subidas de la Bolsa de los últimos meses y las grandes colocaciones de empresas como SpaceX, preferirían volver a mover el dinero a los parqués cotizados.
Según cálculos de Goldman Sachs, los minoristas podrían reclamar de vuelta unos 70.000 millones de dólares entre 2026 y 2027, cantidad que puede quedarse corta. En total, el sector del crédito privado maneja dos billones de dólares, con la mayor parte del capital aportado por instituciones como aseguradoras.
El contagio al sistema financiero
Hasta el momento, las noticias sobre los problemas de los fondos de crédito privado apenas han provocado turbulencias en otros mercados, pese a los comentarios de distintos reguladores sobre el riesgo de contagio al resto del sistema financiero. Todo depende de la evolución de la crisis. Si todo queda acotado a ciertas pérdidas y estrés para los inversores minoristas que pusieron dinero en los fondos, no deberían surgir mayores problemas. Pero como recuerda el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), la banca tiene 220.000 millones de dólares prestados al ámbito del crédito privado. Si hay un aumento de los impagos de las empresas financiadas por los fondos, la morosidad podría trasladarse a los bancos tradicionales y a aseguradoras que acompañan a las gestoras de mercados privados. A su vez, los fondos podrían verse obligados a una venta acelerada de posiciones, creando tensiones en todo el mundo de los préstamos corporativos. Según concluye el FSB, "el crédito privado no ha sido testado con su actual tamaño, alcance y concentración en unos pocos sectores. Un serio frenazo económico podría exponer sus potenciales vulnerabilidades".
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