Fernando tiene 24 años y conduce camiones en una empresa familiar desde que cumplió los 19. Jorge tiene 26 y trabaja como mecánico en la industria ferroviaria Darío tiene 29 y pasa los días entre madera, herramientas y encargos en una carpintería familiar.
Ninguno de estos tres jóvenes —que han accedido a hablar con Xataka manteniendo parte de su identidad privada— encaja en las profesiones que suelen formar las aspiraciones infantiles. Hoy representan algo poco habitual: jóvenes que han decidido dedicarse a oficios técnicos y manuales en sectores donde el relevo generacional escasea.
En la carretera, en la fábrica o en el taller, la escena se repite. "En cuanto a gente joven, por aquí no hay ni Dios", reconoce Fernando. Jorge vive una situación similar: "En mi sección soy el más pequeño", y Darío lo reafirma: "Es raro ver a gente joven en mi oficio (...) No quita que no haya gente joven por ahí, pero yo no los veo”.
En Xataka
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Durante décadas, se ha alimentado la idea de que el éxito solo pasaba por la universidad, condenando a los oficios al rincón de lo “poco aspiracional”. Sin embargo, el mercado laboral los ha puesto de nuevo en foco: mientras la automatización y la inteligencia artificial obliga a repensar los puestos de oficina, los trabajos que requieren manos y técnica se han vuelto indispensables. Esta realidad, unida a la escasez de profesionales dispuestos a desempeñarlos, está otorgando un nuevo valor a los oficios.
Cuando el relevo generacional no llega
La sensación que describen Fernando, Jorge y Darío no es individual, los datos confirman el envejecimiento generalizado de la población ocupada. El informe El reto de las vacantes en España elaborado por Cepyme, demuestra el incremento de la edad en muchas ocupaciones: “En 2008, la rama de actividad cuyos ocupados tenían la mayor edad media era la agricultura y ganadería, con 43 años. Ahora, en 12 de las 20 ramas de actividad, la edad media de los trabajadores supera los 44 años, con 5 de ellas superando los 46”. Aunque este aumento de la edad media de los ocupados “no es per se un problema”, en ocupaciones que exigen esfuerzo físico sí que se traduce en mayores dificultades para cubrir vacantes.
Los datos oficiales confirman que el mercado laboral español arrastra un problema estructural de “desajuste entre la oferta y la demanda de empleo”, especialmente en oficios técnicos y manuales. El estudio realizado por el Observatorio de las Ocupaciones del SEPE sobre el ajuste entre oferta y demanda de empleo en 2025 señala que esto no solo dificulta que las personas encuentren un empleo decente, sino que también lastran “el crecimiento del empleo, la productividad y el desarrollo económico y social”.
(Unsplash)
Según las Tendencias del mercado de trabajo en España 2025, el número de vacantes en puestos de trabajo ha crecido de forma sostenida en la última década: “Partiendo de 56.000 vacantes en el año 2014, en 2019 se llegó a más de 100.000; y en 2024, son 150.000 vacantes”. Aunque el sector servicios concentra la mayoría (88% en 2024), el problema se ha extendido a la construcción y a la industria, ámbitos donde predominan precisamente los trabajos más manuales.
Esta tendencia es común a toda España, como muestra el Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura del cuarto trimestre de 2025 elaborado por el Ministerio de Trabajo.
En él se señalan como profesiones más difíciles de cubrir —provincia tras provincia— oficios como electricistas, carpinteros de metal y aluminio, montadores, caldereteros o conductores (de grúa y de camión). En esta misma línea, el propio SEPE identifica que muchas de las ocupaciones están vinculadas a una escasez de titulados en Formación Profesional –un problema detectado desde hace años y que ha motivado reformas como la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la FP–.
La Formación Profesional ya no es un “plan B”
Mientras que la universidad sigue siendo la vía más frecuente para acceder a la educación superior en España, la Formación Profesional se ha abierto camino y ha dejado de ser una alternativa residual. Según el informe Panorama de la Educación 2025 del Ministerio de Educación, el 47% de los jóvenes que inician estudios superiores en España eligen un Grado Universitario, seguidos por un 39% que opta por ciclos de FP de Grado Superior, una cifra que duplica la media de la Unión Europea (10%).
En Xataka
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Michele Menghini, director de Empleabilidad en Davante —compañía española de formación para el empleo—, confirma un “claro” aumento de estudiantes en las FP industriales y técnicas. “El mercado laboral está enviando señales muy claras: hay trabajo, hay estabilidad y hay progresión”, explica, añadiendo que “los ciclos con más salidas laborales son los de electricidad, mantenimiento industrial, climatización, energías renovables, soldadura…”.
Aún así, señala que “todos los cursos de las ramas técnicas” presentan una empleabilidad muy alta. Coincide con él Jesús Vellido, jefe de estudios en el I.E.S Luis Vives en Leganés —instituto reconocido como Centro de Excelencia Europeo en Formación Profesional—, que enumera la fabricación mecánica, la mecatrónica, la automoción o las energías renovables como las opciones educativas (que ofrecen en su centro) con mayor salida profesional.
(Unsplash)
Los propios alumnos destacan la rapidez en el acceso al empleo como uno de los grandes atractivos de la Formación Profesional. Jorge, que ha sido estudiante de FP, cree que con un grado “es un poco más directa” la entrada al mundo laboral. Esa percepción coincide con los datos que manejan los centros y las empresas. Según Menghini, más del 80% de sus alumnos trabaja en los primeros seis meses, y muchos lo hacen incluso antes de terminar los cursos gracias a las (antes llamadas) prácticas o a contactos previos con empresas.
En algunos perfiles técnicos, añade, la inserción laboral “roza el 100%, como en el caso de los Técnicos de Instalaciones Eléctricas o los Técnicos Superiores en Sistemas Electrotécnicos y Automatizados”.
¿Por qué la mayoría de los jóvenes no eligen profesiones manuales?
Aunque la Formación Profesional ha crecido en los últimos años, la tendencia dominante sigue siendo la preferencia por estudios universitarios más teóricos y orientados a profesiones de oficina o liberales. La inserción laboral parece casi asegurada en muchos oficios técnicos, pero eso no se traduce automáticamente en una avalancha de vocaciones. ¿Por qué? La respuesta es una combinación de factores.
Miriam González, experta en RRHH y cofundadora de Maralma, cree que las nuevas generaciones pueden descartar este tipo de oficios “por la percepción que tienen de estos: los horarios, el trabajo físico que conlleva, la falta de conciliación, la imagen social que tienen (están mejor vistos otro tipo de oficios, como es el de oficina), la exposición al clima y en general el gran esfuerzo que conllevan”.
En Xataka
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“Los jóvenes”, continúa, “tienen muy claro que su concepto de trabajo no tiene nada que ver con el que tenían generaciones anteriores. Quieren que se cumplan una serie de requisitos indispensables, los cuales no todos los oficios pueden permitirse ofrecer”.
Entre quienes sí trabajan en estos sectores, la sensación es similar. Las jornadas largas que trabajan Darío y Fernando —“Muchas veces sabes la hora a la que empiezas, pero no a la que terminas”, “Una jornada puede ser de siete a siete de lunes a viernes”— no suelen ser muy atractivas para buena parte de su generación. Por su parte, Jorge duda si este rechazo se debe al “miedo a lo desconocido”, a “pensar que es muy difícil…”, aunque supone que “estar en una oficina es más llamativo que irte de pruebas con un tren”.
(Unsplash)
Y añade: “En mi trabajo la gente joven no dura porque no quiere, nosotros tenemos muy buenas condiciones laborales —seguro médico, aporte a jubilación, paga de beneficios— (...) Supongo que también influyen los turnos; yo los findes los tengo libres pero hago muchas noches (las prefiero y gano más), aunque imagino que cuando vas a una entrevista y te dicen que hay que hacer turnos no es atractivo”.
¿Cuánto se cobra en estas profesiones?
Las profesiones técnicas y manuales ya no están necesariamente ligadas a salarios bajos. Hoy, quienes se vuelven imprescindibles en su empresa pueden alcanzar sueldos competitivos, estabilidad y muy buenas condiciones laborales, aunque el camino no siempre sea lineal.
Conseguir una radiografía completa de los salarios que se ofrecen en estos oficios es complicado, ya que entran en juego factores como el sector, la empresa, la comunidad autónoma o la experiencia previa. Sin embargo, la percepción de que los sueldos están subiendo en las profesiones técnicas es común. Desde el I.E.S Luis Vives aseguran que actualmente los salarios que reciben sus alumnos son competitivos. De hecho, apuntan a que la retribución que obtienen tras cinco años trabajando puede llegar a ser superior a la que recibe un titulado universitario.
En algunos sectores, esa mejora salarial está directamente relacionada con la escasez de profesionales. Fernando, conductor de camiones, explica que un salario habitual ronda los 2.000 euros mensuales, con ofertas algo superiores si se trabaja a nivel nacional y cifras que se disparan en rutas internacionales, pudiendo superar los 3.000 euros al mes. “La demanda ha subido bastante y hay muchos problemas para encontrar conductores porque nadie quiere echar las horas que echamos”, resume, señalando que el sueldo está ligado no solo a la cualificación, sino también a la disponibilidad.
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La percepción de que se cobran “grandes salarios” en los oficios técnicos está lejos de ser unánime, y en muchas ocasiones está influida por las visiones y estadísticas optimistas procedentes de portales buscadores de empleo, páginas especializadas o perfiles en redes sociales. En estos ámbitos sitúan sueldos de entre 2.000 y 2.800 euros mensuales en profesiones como la climatización, la instalación de placas solares o la electricidad.
(Unsplash)
Este relato choca con la experiencia cotidiana de muchos trabajadores, que rebajan notablemente estas cifras. En redes sociales, electricistas o carpinteros asalariados con más de una década de experiencia hablan de nóminas que rondan los 1.400 o 1.600 euros, mientras que otros sí reconocen llegar hasta los 1.800. No se muestran de acuerdo con la generalización de que estos oficios permitan obtener dos mil euros en un primer empleo, y matizan que estos ingresos más altos se alcanzan a costa de jornada de 12 a 16 horas diarias o trabajando como autónomos.
Los datos que ofrecen los buscadores de talento refuerzan esta falta de consenso. Según Talent.com, el salario medio de un electricista en España ronda los 20.800 euros brutos anuales, aunque con diferencias claras entre empleados y autónomos. Algo similar ocurre con fontaneros o carpinteros: los trabajadores por cuenta ajena suelen situarse entre los 1.300 y 1.800 euros mensuales, mientras que los autónomos —aquellos con cartera de clientes y alta demanda— pueden acercarse con más facilidad o incluso superar los 2.000 euros.
Desde Davante calculan que “los salarios iniciales en perfiles técnicos industriales suelen arrancar entre 20.000 y 26.000 euros, pero lo relevante es la velocidad de crecimiento posterior”.
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Aun así, en algunos entornos técnicos la presión del mercado está empezando a notarse. Jorge explica que en su empresa han tenido que mejorar condiciones porque no encontraban perfiles cualificados y la competencia internacional empuja aún más los salarios: “Cuando llega una compañía de fuera que ofrece hasta el triple de sueldo con casa incluida, mucha gente buena se va. Yo lo he valorado y no lo descarto”.
La clave, coinciden muchos trabajadores, no está tanto en el oficio como en el papel que se ocupa dentro de la empresa donde se desempeña. Darío lo resume de forma clara: “Puedes ganar un buen sueldo si te haces imprescindible en la empresa. Si eres uno más que va a echar sus ocho horas, no vas a ganar más de lo que marque el convenio”.
(Unsplash)
En otras palabras: parece no existir un sueldo tipo en estos oficios. La nómina depende del sector, la especialización, la experiencia, la ubicación y, sobre todo, del grado de escasez y sustitución del perfil. Lo que sí parece evidente es que, en un contexto de falta estructural de mano de obra, quienes logran diferenciarse tienen hoy más margen para negociar mejores condiciones que hace una década.
Lejos de la imagen de “oficios bien pagados” que circula en redes, según los testimonios que ha recogido Xataka, los jóvenes no se acercan a estos trabajos atraídos por el salario. En sectores como la carpintería, el transporte o la mecánica, el sueldo inicial rara vez es el principal gancho: pesa más la estabilidad de un negocio familiar, la posibilidad de empezar a trabajar rápido o, simplemente, el gusto por el oficio. Incluso cuando las empresas suben ofertas por falta de personal, muchos candidatos se echan atrás al conocer las jornadas largas, los turnos o la exigencia física. El dinero puede llegar con el tiempo, pero no suele ser el motivo por el que los jóvenes entran en estos trabajos.
“Los oficios de toda la vida son algo muy humano”
En un mercado laboral cada vez más atravesado por la automatización y la inteligencia artificial, los oficios técnicos y manuales ocupan un lugar que se diferencia del de hace años. No porque sean inmunes a la tecnología, sino porque ofrecen algo difícil de replicar por máquinas.
Darío lo tiene claro. En el día a día de la carpintería, la IA no es una amenaza real. “Los montajes no los va a hacer un ordenador, ni las soluciones a los problemas que te vas encontrando durante el día te las da una IA. Los oficios de toda la vida son algo muy humano”, explica. Para él, la clave está en la escasez creciente de profesionales: “Si tienes un poco de ambición, seguramente te vaya bien. Cada vez hay menos gente y, por tanto, más oportunidades, sobre todo si te atreves a ser autónomo”.
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En sectores industriales el diagnóstico es parecido. Jorge reconoce que la tecnología ha cambiado su trabajo, pero no lo ha sustituido. “La IA puede ayudarte a identificar por dónde puede venir un fallo, pero no siempre son evidentes. Hay cosas que se pueden agilizar, pero no eliminar. Basta con darse una vuelta por la fábrica para ver que hay trabajos que no se pueden automatizar”.
En plena carrera por digitalizar, los empleos más resistentes al cambio son, precisamente, los más antiguos. Oficios que durante años se consideraron poco aspiracionales vuelven ahora a tener un valor estratégico en un mercado laboral que necesita manos, experiencia y presencia física.
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Imagen | Maxime Agnelli
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La noticia
"Los montajes no los va a hacer la IA": hablamos con los chavales que se han hecho carpinteros, camioneros y caldereteros
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Anabel Cuevas Vega
.
Fernando tiene 24 años y conduce camiones en una empresa familiar desde que cumplió los 19. Jorge tiene 26 y trabaja como mecánico en la industria ferroviaria Darío tiene 29 y pasa los días entre madera, herramientas y encargos en una carpintería familiar.
Ninguno de estos tres jóvenes —que han accedido a hablar con Xataka manteniendo parte de su identidad privada— encaja en las profesiones que suelen formar las aspiraciones infantiles. Hoy representan algo poco habitual: jóvenes que han decidido dedicarse a oficios técnicos y manuales en sectores donde el relevo generacional escasea.
En la carretera, en la fábrica o en el taller, la escena se repite. "En cuanto a gente joven, por aquí no hay ni Dios", reconoce Fernando. Jorge vive una situación similar: "En mi sección soy el más pequeño", y Darío lo reafirma: "Es raro ver a gente joven en mi oficio (...) No quita que no haya gente joven por ahí, pero yo no los veo”.
Durante décadas, se ha alimentado la idea de que el éxito solo pasaba por la universidad, condenando a los oficios al rincón de lo “poco aspiracional”. Sin embargo, el mercado laboral los ha puesto de nuevo en foco: mientras la automatización y la inteligencia artificial obliga a repensar los puestos de oficina, los trabajos que requieren manos y técnica se han vuelto indispensables. Esta realidad, unida a la escasez de profesionales dispuestos a desempeñarlos, está otorgando un nuevo valor a los oficios.
Cuando el relevo generacional no llega
La sensación que describen Fernando, Jorge y Darío no es individual, los datos confirman el envejecimiento generalizado de la población ocupada. El informeEl reto de las vacantes en España elaborado por Cepyme, demuestra el incremento de la edad en muchas ocupaciones: “En 2008, la rama de actividad cuyos ocupados tenían la mayor edad media era la agricultura y ganadería, con 43 años. Ahora, en 12 de las 20 ramas de actividad, la edad media de los trabajadores supera los 44 años, con 5 de ellas superando los 46”. Aunque este aumento de la edad media de los ocupados “no es per se un problema”, en ocupaciones que exigen esfuerzo físico sí que se traduce en mayores dificultades para cubrir vacantes.
Los datos oficiales confirman que el mercado laboral español arrastra un problema estructural de “desajuste entre la oferta y la demanda de empleo”, especialmente en oficios técnicos y manuales. El estudio realizado por el Observatorio de las Ocupaciones del SEPE sobre el ajuste entre oferta y demanda de empleo en 2025 señala que esto no solo dificulta que las personas encuentren un empleo decente, sino que también lastran “el crecimiento del empleo, la productividad y el desarrollo económico y social”.
(Unsplash)
Según las Tendencias del mercado de trabajo en España 2025, el número de vacantes en puestos de trabajo ha crecido de forma sostenida en la última década: “Partiendo de 56.000 vacantes en el año 2014, en 2019 se llegó a más de 100.000; y en 2024, son 150.000 vacantes”. Aunque el sector servicios concentra la mayoría (88% en 2024), el problema se ha extendido a la construcción y a la industria, ámbitos donde predominan precisamente los trabajos más manuales.
En él se señalan como profesiones más difíciles de cubrir —provincia tras provincia— oficios como electricistas, carpinteros de metal y aluminio, montadores, caldereteros o conductores (de grúa y de camión). En esta misma línea, el propio SEPE identifica que muchas de las ocupaciones están vinculadas a una escasez de titulados en Formación Profesional –un problema detectado desde hace años y que ha motivado reformas como la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la FP–.
La Formación Profesional ya no es un “plan B”
Mientras que la universidad sigue siendo la vía más frecuente para acceder a la educación superior en España, la Formación Profesional se ha abierto camino y ha dejado de ser una alternativa residual. Según el informe Panorama de la Educación 2025 del Ministerio de Educación, el 47% de los jóvenes que inician estudios superiores en España eligen un Grado Universitario, seguidos por un 39% que opta por ciclos de FP de Grado Superior, una cifra que duplica la media de la Unión Europea (10%).
Michele Menghini, director de Empleabilidad en Davante —compañía española de formación para el empleo—, confirma un “claro” aumento de estudiantes en las FP industriales y técnicas. “El mercado laboral está enviando señales muy claras: hay trabajo, hay estabilidad y hay progresión”, explica, añadiendo que “los ciclos con más salidas laborales son los de electricidad, mantenimiento industrial, climatización, energías renovables, soldadura…”.
Aún así, señala que “todos los cursos de las ramas técnicas” presentan una empleabilidad muy alta. Coincide con él Jesús Vellido, jefe de estudios en el I.E.S Luis Vives en Leganés —instituto reconocido como Centro de Excelencia Europeo en Formación Profesional—, que enumera la fabricación mecánica, la mecatrónica, la automoción o las energías renovables como las opciones educativas (que ofrecen en su centro) con mayor salida profesional.
(Unsplash)
Los propios alumnos destacan la rapidez en el acceso al empleo como uno de los grandes atractivos de la Formación Profesional. Jorge, que ha sido estudiante de FP, cree que con un grado “es un poco más directa” la entrada al mundo laboral. Esa percepción coincide con los datos que manejan los centros y las empresas. Según Menghini, más del 80% de sus alumnos trabaja en los primeros seis meses, y muchos lo hacen incluso antes de terminar los cursos gracias a las (antes llamadas) prácticas o a contactos previos con empresas.
En algunos perfiles técnicos, añade, la inserción laboral “roza el 100%, como en el caso de los Técnicos de Instalaciones Eléctricas o los Técnicos Superiores en Sistemas Electrotécnicos y Automatizados”.
¿Por qué la mayoría de los jóvenes no eligen profesiones manuales?
Aunque la Formación Profesional ha crecido en los últimos años, la tendencia dominante sigue siendo la preferencia por estudios universitarios más teóricos y orientados a profesiones de oficina o liberales. La inserción laboral parece casi asegurada en muchos oficios técnicos, pero eso no se traduce automáticamente en una avalancha de vocaciones. ¿Por qué? La respuesta es una combinación de factores.
Miriam González, experta en RRHH y cofundadora de Maralma, cree que las nuevas generaciones pueden descartar este tipo de oficios “por la percepción que tienen de estos: los horarios, el trabajo físico que conlleva, la falta de conciliación, la imagen social que tienen (están mejor vistos otro tipo de oficios, como es el de oficina), la exposición al clima y en general el gran esfuerzo que conllevan”.
“Los jóvenes”, continúa, “tienen muy claro que su concepto de trabajo no tiene nada que ver con el que tenían generaciones anteriores. Quieren que se cumplan una serie de requisitos indispensables, los cuales no todos los oficios pueden permitirse ofrecer”.
Entre quienes sí trabajan en estos sectores, la sensación es similar. Las jornadas largas que trabajan Darío y Fernando —“Muchas veces sabes la hora a la que empiezas, pero no a la que terminas”, “Una jornada puede ser de siete a siete de lunes a viernes”— no suelen ser muy atractivas para buena parte de su generación. Por su parte, Jorge duda si este rechazo se debe al “miedo a lo desconocido”, a “pensar que es muy difícil…”, aunque supone que “estar en una oficina es más llamativo que irte de pruebas con un tren”.
(Unsplash)
Y añade: “En mi trabajo la gente joven no dura porque no quiere, nosotros tenemos muy buenas condiciones laborales —seguro médico, aporte a jubilación, paga de beneficios— (...) Supongo que también influyen los turnos; yo los findes los tengo libres pero hago muchas noches (las prefiero y gano más), aunque imagino que cuando vas a una entrevista y te dicen que hay que hacer turnos no es atractivo”.
¿Cuánto se cobra en estas profesiones?
Las profesiones técnicas y manuales ya no están necesariamente ligadas a salarios bajos. Hoy, quienes se vuelven imprescindibles en su empresa pueden alcanzar sueldos competitivos, estabilidad y muy buenas condiciones laborales, aunque el camino no siempre sea lineal.
Conseguir una radiografía completa de los salarios que se ofrecen en estos oficios es complicado, ya que entran en juego factores como el sector, la empresa, la comunidad autónoma o la experiencia previa. Sin embargo, la percepción de que los sueldos están subiendo en las profesiones técnicas es común. Desde el I.E.S Luis Vives aseguran que actualmente los salarios que reciben sus alumnos son competitivos. De hecho, apuntan a que la retribución que obtienen tras cinco años trabajando puede llegar a ser superior a la que recibe un titulado universitario.
En algunos sectores, esa mejora salarial está directamente relacionada con la escasez de profesionales. Fernando, conductor de camiones, explica que un salario habitual ronda los 2.000 euros mensuales, con ofertas algo superiores si se trabaja a nivel nacional y cifras que se disparan en rutas internacionales, pudiendo superar los 3.000 euros al mes. “La demanda ha subido bastante y hay muchos problemas para encontrar conductores porque nadie quiere echar las horas que echamos”, resume, señalando que el sueldo está ligado no solo a la cualificación, sino también a la disponibilidad.
La percepción de que se cobran “grandes salarios” en los oficios técnicos está lejos de ser unánime, y en muchas ocasiones está influida por las visiones y estadísticas optimistas procedentes de portales buscadores de empleo, páginas especializadas o perfiles en redes sociales. En estos ámbitos sitúan sueldos de entre 2.000 y 2.800 euros mensuales en profesiones como la climatización, la instalación de placas solares o la electricidad.
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Este relato choca con la experiencia cotidiana de muchos trabajadores, que rebajan notablemente estas cifras. En redes sociales, electricistas o carpinteros asalariados con más de una década de experiencia hablan de nóminas que rondan los 1.400 o 1.600 euros, mientras que otros sí reconocen llegar hasta los 1.800. No se muestran de acuerdo con la generalización de que estos oficios permitan obtener dos mil euros en un primer empleo, y matizan que estos ingresos más altos se alcanzan a costa de jornada de 12 a 16 horas diarias o trabajando como autónomos.
Los datos que ofrecen los buscadores de talento refuerzan esta falta de consenso. Según Talent.com, el salario medio de un electricista en España ronda los 20.800 euros brutos anuales, aunque con diferencias claras entre empleados y autónomos. Algo similar ocurre con fontaneros o carpinteros: los trabajadores por cuenta ajena suelen situarse entre los 1.300 y 1.800 euros mensuales, mientras que los autónomos —aquellos con cartera de clientes y alta demanda— pueden acercarse con más facilidad o incluso superar los 2.000 euros.
Desde Davante calculan que “los salarios iniciales en perfiles técnicos industriales suelen arrancar entre 20.000 y 26.000 euros, pero lo relevante es la velocidad de crecimiento posterior”.
Aun así, en algunos entornos técnicos la presión del mercado está empezando a notarse. Jorge explica que en su empresa han tenido que mejorar condiciones porque no encontraban perfiles cualificados y la competencia internacional empuja aún más los salarios: “Cuando llega una compañía de fuera que ofrece hasta el triple de sueldo con casa incluida, mucha gente buena se va. Yo lo he valorado y no lo descarto”.
La clave, coinciden muchos trabajadores, no está tanto en el oficio como en el papel que se ocupa dentro de la empresa donde se desempeña. Darío lo resume de forma clara: “Puedes ganar un buen sueldo si te haces imprescindible en la empresa. Si eres uno más que va a echar sus ocho horas, no vas a ganar más de lo que marque el convenio”.
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En otras palabras: parece no existir un sueldo tipo en estos oficios. La nómina depende del sector, la especialización, la experiencia, la ubicación y, sobre todo, del grado de escasez y sustitución del perfil. Lo que sí parece evidente es que, en un contexto de falta estructural de mano de obra, quienes logran diferenciarse tienen hoy más margen para negociar mejores condiciones que hace una década.
Lejos de la imagen de “oficios bien pagados” que circula en redes, según los testimonios que ha recogido Xataka, los jóvenes no se acercan a estos trabajos atraídos por el salario. En sectores como la carpintería, el transporte o la mecánica, el sueldo inicial rara vez es el principal gancho: pesa más la estabilidad de un negocio familiar, la posibilidad de empezar a trabajar rápido o, simplemente, el gusto por el oficio. Incluso cuando las empresas suben ofertas por falta de personal, muchos candidatos se echan atrás al conocer las jornadas largas, los turnos o la exigencia física. El dinero puede llegar con el tiempo, pero no suele ser el motivo por el que los jóvenes entran en estos trabajos.
“Los oficios de toda la vida son algo muy humano”
En un mercado laboral cada vez más atravesado por la automatización y la inteligencia artificial, los oficios técnicos y manuales ocupan un lugar que se diferencia del de hace años. No porque sean inmunes a la tecnología, sino porque ofrecen algo difícil de replicar por máquinas.
Darío lo tiene claro. En el día a día de la carpintería, la IA no es una amenaza real. “Los montajes no los va a hacer un ordenador, ni las soluciones a los problemas que te vas encontrando durante el día te las da una IA. Los oficios de toda la vida son algo muy humano”, explica. Para él, la clave está en la escasez creciente de profesionales: “Si tienes un poco de ambición, seguramente te vaya bien. Cada vez hay menos gente y, por tanto, más oportunidades, sobre todo si te atreves a ser autónomo”.
En sectores industriales el diagnóstico es parecido. Jorge reconoce que la tecnología ha cambiado su trabajo, pero no lo ha sustituido. “La IA puede ayudarte a identificar por dónde puede venir un fallo, pero no siempre son evidentes. Hay cosas que se pueden agilizar, pero no eliminar. Basta con darse una vuelta por la fábrica para ver que hay trabajos que no se pueden automatizar”.
En plena carrera por digitalizar, los empleos más resistentes al cambio son, precisamente, los más antiguos. Oficios que durante años se consideraron poco aspiracionales vuelven ahora a tener un valor estratégico en un mercado laboral que necesita manos, experiencia y presencia física.